Si hace unos años nos hubiesen dicho que estaríamos jugando a un título que emula a los dibujos animados de los años 30 probablemente no me lo hubiese creído. No porque fuese imposible, sino más bien porque dichos dibujos, aunque con personalidad, resultarían crudos o poco atractivos. Sin embargo, la industria del videojuego es sorprendente en este sentido y es capaz de engendrar creaciones totalmente únicas e inesperadas.

Cuphead es uno de esos proyectos que casi diríamos que son artesanales por el mimo y el trabajo que sus creadores han puesto en ellos. Y eso es algo que se nota desde el primer momento en el que uno se pone a los mandos de este título. Como suele ocurrir con estos títulos, y si no que se lo digan a Owlboy, su desarrollo no ha sido un camino de rosas y los problemas han acompañado a Cuphead desde sus comienzos.

El mejor truco del diablo

Pero como suele ocurrir, las penurias superadas nos hacen más fuertes, y en el caso del título que en este análisis nos ocupa han hecho que nos encontremos ante un título robusto y bien ejecutado. Quizá el secreto de Cuphead, o más bien su engaño, es que es un juego de plataformas sin plataformas. Con esto queremos poner de manifiesto que realmente son pocas las fases “tradicionales” en las que tendremos que desplazarnos por el mapa.

La mayoría de los escenarios de Cuphead consisten en enfrentamientos contra jefes en una única pantalla. Es ahí donde tendremos que saltar, esquivar, rodar multitud de proyectiles y habilidades que constituyen lo que en los juegos clásicos se entendía como plataformas. Una apuesta inteligente que puede resultar chocante para los que esperasen un juego más tradicional.

Más allá de estas cuestiones, lo cierto es que Cuphead logra sorprender desde el primer momento. Su puesta en escena es sublime gracias a su estética de dibujo animado. Sin duda el trabajo de los dos hermanos que forman StudioMDHR Entertainment ha sido arduo. Dibujar, animar y programar todos los elementos de Cuphead resulta sorprendente y que refuerza esa sensación de estar ante un producto artesanal como antes mencionábamos.

Artísticamente es cierto que Cuphead no inventa nada, pero sí es profundamente original al trasladar a un videojuego esos dibujos animados de los años 30. Las fuentes de inspiración son evidentes, siendo la estrella Micky Mouse, pero también podemos encontrar referencias al Pájaro Loco, Popeye y otras muchas series de animación que no vieron la luz necesariamente en 1930. Sin embargo, todos ellos han sido reinventados con la estética de Cuphead, integrándolos a la perfección en este mundo de fantasía.

En este sentido, StudioMDHR nos retrotrae a otra época gracias a la aplicación de filtros que añaden ese toque vintage a Cuphead pese haber visto la luz en 2017. El juego nos permite variar las configuraciones de estos, e incluso hay algunos que pueden desbloquearse si cumplimos ciertos requisitos. En general, estamos ante una experiencia visual que puede que no sea puntera, pero que sí está repleta de personalidad.

Por otro lado, sí es cierto que Cuphead puede presentar algunas aristas en lo que se refiere al desempeño técnico. Por norma general el juego es completamente fluido, algo imprescindible y necesario para un título de estas características. Ahora bien, en algunas ocasiones puede sufrir ralentizaciones puntuales. A lo largo de todas nuestras horas de juego únicamente hemos experimentado este problema en una ocasión.

De dificultad dos tazas, por favor

Más allá de lo anteriormente mencionado, lo cierto es que Cuphead se muestra fluido y ágil. Los controles responden a la perfección y todo encaja como un mecanismo bien engrasado. Esto se traduce en que si por algún casual morimos durante nuestras peripecias será nuestra culpa. Mucho se ha hablado de la dificultad de Cuphead, y aunque es cierto que no es un título fácil, “no es tan fiero el león como lo pintan”.

Los niveles de Cuphead se desarrollan de forma bastante directa y realmente es fácil morir si nos despistamos. A lo largo de nuestras aventuras por las tres islas que componen el juego deberemos aprender de nuestros errores y memorizar los patrones de nuestros enemigos. Todos ellos siguen secuencias definidas, por lo que no deberían sorprendernos y poco a poco se van dominando. De hecho, resulta bastante gratificante superar estos retos hasta que conseguimos superar el desafío final.

Para ello tendremos que saltar, agacharnos y disparar para hacernos con la victoria. Así de sencillo resulta, y es que si algo define la jugabilidad de Cuphead es precisamente eso, la sencillez. Todo resulta directo y bien ejecutado, huyendo de las florituras para poner delante del jugador un reto que debe ser superado con agilidad. Como señalábamos al principio, es cierto que no hay mucha variedad de situaciones en Cuphead ya que la mayoría de los enfrentamientos se producen contra jefes a través de varias fases.

También encontramos algunas pruebas de habilidad y escenarios que recorrer en busca de monedas que nos servirán para adquirir nuevos poderes. Sin embargo, su número es menor aunque eso no significa tengan menos calidad. Simplemente, desde StudioMDHR han preferido centrarse en combates contra grandes enemigos para “deconstruir” las plataformas tradicionales. En cualquier caso, cualquiera de las facetas está bien ejecutada y resultan entretenidas y desafiantes.

Además, Cuphead siempre pone a nuestra disposición dos o tres fases distintas para que no nos bloqueemos y que siempre tengamos alguna opción distinta por la que decantarnos. Esto unido a la rapidez para continuar la partida cuando morimos hace que el ritmo de juego sea muy dinámico y que no tengamos tiempos muertos en los que recrearnos en la frustración de la derrota. En Cuphead no hay tiempo que perder y somos nosotros los que marcamos el ritmo y nuestro camino.

A todo ello hay que sumar la posibilidad de jugar a Cuphead por parejas, lo que transforma el juego y le aporta una dimensión completamente distinta. El desafío se transforma y la acción se vuelve más intensa, con los “piques” con nuestro compañero por ver quién es el que mejor se desenvuelve en este título.

En cuanto a la duración, ciertamente no estamos ante un título muy extenso si únicamente nos limitamos a terminar las fases, claro que también dependerá bastante de nuestra habilidad. En cualquier caso, Cuphead cuenta con bastantes incentivos para intentar mejorar nuestras puntuaciones en cada fase y poder así desbloquear pequeños extras.

Toda esta experiencia está aderezada con una genial banda sonora, que como no podía ser de otra forma, evoca las tonadillas de las secuencias animadas de los años 30. Música de jazz con tintes clásicos que se adaptan como un guante a la estética y a la jugagabilidad de Cuphead. Siendo un poco exagerados, aunque no mucho, si únicamente fuésemos espectadores podríamos llegar a pensar que estamos viendo esos mismos dibujos animados. En lo que se refiere a efectos sonoros, están en sintonía con lo anteriormente mencionado y bien integrados con el resto de elementos.

Más sabe el diablo por viejo que por diablo

Cuphead es sorprendente, simpático, desafiante y todo un soplo de aire fresco en un género que no goza de una gran cantidad de títulos últimamente. Su puesta en escena es sobrecogedora y desde el primer momento engancha. Además, como mencionábamos en el cuerpo del presente análisis, es un título justo en el que son los fallos del jugador los que le conducen a la derrota y no las triquiñuelas de los desarrolladores.

Es cierto que se ha despertado bastante polémica ante la dificultad del juego. Son muchas las voces que aseguran que debería incluir un modo fácil para todos aquellos que únicamente quieran disfrutar del arte de este título. Quizá tengan razón o puede que no. Lo cierto es que como experiencia Cuphead es un cómputo global en el que se incluye esa dificultad. Los enemigos cuando nos derrotan se burlan de nosotros, y volver a intentar superar el nivel para “vengarnos” es una parte más del juego.

Por lo demás, pocas pegas se le pueden sacar a este título que llega con fuerza a la recta final de 2017. Un título único con múltiples virtudes que harán las delicias de los aficionados a las plataformas e incluso, meter el gusanillo a aquellos a los que nunca les hizo mucha gracia este género.

Cuphead ya disponible para PC (19,99 euros) y Xbox One (19,99 euros)