Nintendo tiene una cantidad exacerbada de franquicias que, por un motivo u otro, han terminado calando en la sociedad, muchas de ellas yendo infinitamente más lejos de lo que supusieron sus videojuegos. El mundo ha contemplado como, con el paso de los años, personajes como Mario o Pikachu han iconizado el lado más friki y emblemático de lo que se supondría una afición menor, llegando a recónditos lugares del mundo donde, en un principio, no se supondría que algo relacionado con los videojuegos llegaría.

Es difícil concretar qué pueden tener todos esos elementos extrapolados de Nintendo para alcanzar terrenos que se alejan tanto, tantísimo de los videojuegos. No es algo que tienda a ser único de la compañía nipona, pero estaríamos lejos de la verdad si afirmamos que su presencia en los medios ha distado mucho de otras, al menos, en lo referente a tomar elementos y separarlos de sus vertientes jugables.

Cualquier persona alejada de los videojuegos reconoce fácilmente a Pikachu (más aún desde la aparición, fiebre y muerte de Pokémon GO) y a Mario. Pero, donde ellos han sembrado un campo enorme de reconocimiento, ¿qué queda para otros, menos apreciados entre el público general? ¿En qué posición quedan otras épicas sagas de Nintendo que han trascendido a las generaciones de consolas, como Donkey Kong, Metroid o, el que nos ocupa hoy, Animal Crossing?

Gracias a Héroes de Papel y, por supuesto, de Pablo Algaba, la franquicia de Animal Crossing puede separarse un poco de los videojuegos y mostrar otra cara al exterior. En un enorme recorrido que hace Algaba a través de las páginas, nos encontramos con una profundización metódica, no sólo dentro de universo de Animal Crossing, que es más complejo de lo que uno pudiera imaginar (¡y de qué manera!), sino alrededor de todo el universo que lo rodea. La repercusión que hiciera la franquicia en el mundo actual se nos relata y explica, condensando un sinfín de información que puede resultar algo densa para el que no sea habitual de este tipo de lecturas, no tanto para aquel que no sólo no juegue, sino para todo aquel que no entienda cuál es la función de Algaba tras las páginas.

La Aldea Feliz

El andar se demuestra andando, así que vamos a echarle un vistazo a La Aldea Feliz: un Viaje a Través de Animal Crossing.

¿Libro infantil? Más bien, tesis doctoral

Cuando uno piensa en Animal Crossing, automáticamente relaciona las simientes de su programación con algo endiablamente infantil, puede que por su estética colorida, su nivel coloquial de desarrollo argumental o sus personajes caricaturizados. Tendemos a reducir las apariciones de cualquier elemento de la saga AC a las portátiles de Nintendo, pese a que han publicado en N64, GameCube, Wii o WiiU (además de DS y 3DS), tal vez porque las consideramos propias de infantes y no tanto de jugadores ”serios”. Y, para quien vaya con alguno de estos principios por delante a la hora de enfrentarse a La Aldea Feliz, Algaba guarda sorpresas.

En primer lugar, y ante el mal-entendimiento de muchos, a priori, no, La Aldea Feliz no es una lectura para todos los públicos, ni siquiera para todos los jugadores. A diferencia de otros libros de Héroes de Papel antes reseñados, en donde encontrábamos 90 por ciento de estilo y 10 por ciento de sustancia, en esta publicación de Algaba damos de cara con un producto que no va a entender el jugador medio de videojuegos, sino aquel que quiere entender (o entiende) el medio como medio, y que busca entender algunos conceptos de los videojuegos a través de Animal Crossing. Por supuesto, las páginas son familiares para aquellos que ya hayan pasado por su propia aldea, pero sólo resultarán entendibles si alguna vez nos hemos encontrado con una lectura de carga similar.

Algaba no se queda solamente en la superficie, destripándonos un videojuego desde su concepción hasta su aparición en los medios y su posterior relevancia en el mundo moderno, sino que nos acerca a ese universo antropomórfico con el carisma y el talento propio de alguien que está realizando una exposición de fin de grado ante académicos ilustres. A pesar de utilizar un diálogo coloquial y ameno, con lo que la lectura se hace fluida, recurre a múltiples metáforas, anécdotas entretejidas tanto personales como de personalidades cercanas a Animal Crossing, datos históricos que relacionan diferentes períodos de Japón con el desarrollo tanto de determinados videojuegos como de mecánicas específicas de videojuegos específicos. Habla de Katsuya Eguchi en más de una ocasión y como, desde él, se llegó a la creación del universo de Animal Crossing, extrapolando sus dependencias personales al universo virtual, o puede que nos cite Genji Monogatari, una novela clásica de la literatura japonesa, únicamente para relacionar la pulsión colectiva nostálgica con la reconstrucción del territorio japonés tras una época de cese económico.

La Aldea Feliz

De nuevo, no es un libro para cualquiera. Quien guste de profundizar en Animal Crossing y en el mundo real, a través de los ojos de Algaba, posiblemente resulte un viaje un tanto más entendible.

Pero, ¿no se detiene a hablar de Animal Crossing, como producto?

Donde ocurre la magia

Primero y ante todo, Algaba nos plantea conocer el universo de Animal Crossing. Maneja elementos y personajes del videojuego desde sus primeros lanzamientos hasta New Leaf, incluso comentando la posibilidad de la llegada a Switch. Wild World, Let’s Go to the City, Happy Home Designer, Welcome Amiibo… Cada uno de esos lanzamientos tiene su explicación, su detalle, su entrelazamiento con los elementos citados en el apartado anterior.

La sincronización del tiempo del juego con el mundo real, las actividades estacionales, el salto a las consolas portátiles, así como el consecuente recorte de contenido, la adición de elementos nuevos tras cierto período de sequía para el último lanzamiento oficial de la línea de videojuegos principal de la saga (como, por ejemplo, la capacidad para compartir contenido como nunca antes habíamos visto en la saga) o el ligero repaso a Gekijouban Doubutsu no Mori, hacen de La Aldea Feliz un viaje que enriquece, que entretiene, y que provocará curiosidad al fan de Animal Crossing, pero aún mucha más al que no es habitual de la saga. Es difícil resistirse a la prosa del autor y no querer, en cualquiera de las plataformas disponibles, jugar un poco a Animal Crossing mientras se disfruta de la lectura.

La Aldea Feliz

Muchas veces se piensa que, en este tipo de textos de videojuegos, donde se plantean cuestiones narrativas, lúdico-pedagógicas, históricas o, en definitiva, temáticas de estudio, siempre hay algo que el autor se deja en el tintero, bien porque prefiere pasar de puntillas por determinada sección, bien por partidismo, bien por ignorancia. En este caso, es sorprendente la verosimilitud que Algaba concede a sus letras, quedándonos con la información de que es alguien que ha ido un paso más allá en el estudio del videojuego del que habla, no quedándose únicamente en entablar una opinión formal y extendida sobre un videojuego, saga, franquicia o autor específico de videojuegos, sino proporcionándonos más contenido que queda fuera de los videojuegos y que resulta entretenido, útil y, especialmente, coherente con el proceso de la lectura.

No hay desviaciones del camino, ni desvíos, ni menciones forzadas de otros videojuegos para establecer un paralelismo con Animal Crossing. Todo, pese a alejarse tanto del punto inicial, termina tocando alguno de los postes del videojuego. Y es increíble, de agradecer, como todo regresa al mismo lugar. Además, y pese a que algunos lo consideran algo necesario dentro de un estudio tan exhaustivo, hay pocas imágenes que emponzoñen la lectura. Pocas imágenes de archivo, pocas fotografías arcaicas. Y nada más.

Manual de la Civilización de los Animalitos

Establecer el público objetivo de una obra de este calibre no es demasiado difícil porque, sí, todo el mundo debería leerlo, aunque puede no ser para todos. Animal Crossing, tal y como nos explica el autor, tiene mucho que ver con la psique humana, con el mundo en el que vivimos, y algunas de las situaciones que hemos vivido a lo largo de nuestra vivencia en las aldeas pueden relacionarse directa y abiertamente con nosotros. Muchas de las ejemplificaciones que emplea el autor pueden entenderse por todos y todas, sin importar su procedencia (aunque, posiblemente, con mejor empaque si hablamos de público japonés). Sin embargo, la versatilidad del videojuego queda plasmada a través del libro, y eso es algo innegable para quien decida volcarse entre las páginas.

Si somos fans de los videojuegos y de su impacto en la industria, estamos delante de una de las piezas clave de Nintendo, con protagonismo en algunos de sus sistemas más importantes, innovando con un tipo de videojuego poco explorado por la mayor parte de las compañías y que el propio Algaba desgrana punto por punto. Además, resulta aún más embriagador cuando menciona a personalidades como Kazumi Totaka, Aya Kyogoku o el propio Eguchi, quien ocupa varios pasajes del grueso de la obra. En general, conocer el proceso creativo de una saga tan magnánima debiera ser de lectura obligada para cualquiera interesado en los videojuegos.

Por último, si eres o fuiste un fan de Animal Crossing, no necesitas más motivos: deberías leer La Aldea Feliz. Puede que algunos datos se te escapen, o que algunos juegos no te pertenezcan por generación. Pero, por encima de su labor como escritor, Pablo Algaba hace un análisis del videojuego desde su posición como fan y vecino, mencionando a personajes, situaciones, y sacando a la luz algunos secretos de la saga que, probablemente, hayan pasado desapercibidos incluso para el seguidor medio.

La Aldea Feliz

Puede que Animal Crossing no llegue nunca al nivel de percepción que nos han dejado Mario o Pikachu, pero Algaba aporta todo lo que tiene para que, al menos, sea una aventura digna de recordar y que, por breve que sea, nos apetezca ser un vecino más en una civilización de animalitos.