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La realidad virtual ya se ha puesto en camino. Y no lo decimos únicamente por la disposición de los sistemas de realidad virtual para el público general, sino porque ya hay videojuegos que simulan experiencias verdaderamente intensas, protagonizadas únicamente por nosotros mismos.

Sentir el miedo, la emoción, la alegría, la acción… Las posibilidades empiezan a extenderse ante nuestros ojos y, por fortuna, ya hay productos que nos enseñan por donde avanzaremos en este inexplorado camino. Desconocemos por completo el punto de partida y, sin referentes exactos, ni siquiera sabemos cuáles son los parámetros que debemos aplicar para poder disfrutar con este aspecto en los videojuegos.

Pero lo que sí tenemos claro es que queremos vivir el videojuego, e ir mucho más allá de lo que hemos alcanzado hasta la fecha. Queremos notar que estamos dentro del videojuego, que nos pertenece todo el mundo y que podemos desplazarnos a través de él como si fuera algo real.

Evidentemente, hay que trazar una línea entre ‘algo real’ y ‘la realidad’. La realidad virtual puede idearse para imitar aspectos de la vida real a los que no podemos acceder (especialmente, aplicaciones en ámbitos como la educación – hablaremos de eso en otro momento) o, por el contrario, para convertir algo irreal en real.

Situarnos en una casa encantada, mantenernos en suspensión en el espacio, enfrentarnos a hordas de demonios o protagonizar un videoclip musical donde todo nuestro apoyo de baile sean zombis auténticos, y eso será sólo el principio. Imaginad ser partes de La Compañía, o unirte a los Capas de la Tormenta como mero testigo de lo que el pueblo nórdico puede hacer. Y, todo ello, utilizando tus propias manos para formar la aventura.

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Hasta el momento, hay juegos muy concretos que realmente cuentan con inmersión total. Dejando de lado los títulos de terror, que te sumergen casi inmediatamente en su infraestructura, apenas se justifica la adquisición de cualquier dispositivo de realidad virtual.

Pero nosotros nos vamos a detener en un título que tiene a los dinosaurios y a la ciencia ficción como absolutos protagonistas. Es el primer paso en serio que se da, y que muestra a la perfección lo que queda por delante en el camino.

Abre las puertas al futuro, a nuevas entregas, pero, ¿más allá de eso, merece la pena?

¡Vamos a verlo!

Bienvenidos al análisis de Robinson: The Journey

El concepto

Iremos con cuidado para no desvelar detalles del argumento, porque una experiencia similar merece ser descubierta por nosotros mismos. Por lo pronto, Robinson: The Journey tiene lugar en un mundo abierto, donde criaturas enormes como los dinosaurios campan a sus anchas en un planeta inexplorado, al que hemos llegado en una cápsula espacial. Nosotros, bajo el nombre de Robin, avanzaremos a través de la desconocida fauna y flora en compañía de una cría de T-Rex, Laika, y una inteligencia artificial en forma de esfera flotante, Higs.

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Junto a ellos, tendremos por delante todo un mundo abierto destinado a nuestra exploración, en el que podremos movernos con total libertad. Encontraremos diferentes puzles por todo el escenario, en los que nos ayudarán tanto Laika como Higs. A pesar de su duración, en torno a las 4-5 horas, tendremos sobre nuestros hombros el peso para explorar y alejarnos un poco de la historia principal.

Jugabilidad

Robinson: The Journey nos deja en brazos de un título cómodo en su aspecto jugable, en el que nosotros manejaremos la cámara con la cabeza (¡bastante obvio, para empezar). Además, podremos adecuarla con el stick derecho del mando.

Para caminar, usaremos el stick izquierdo; para interactuar con los objetos de alrededor, tendremos los botones correspondientes del mando. Al estilo de otras aventuras similares, haremos levitar a los objetos para desplazarlos por el escenario, ya sea moviéndolos o lanzándolos; además, contaremos con un escáner, que nos servirá para aumentar la información disponible de nuestra base de datos.

Las dos últimas tareas mencionadas se auguran bajo el mismo soporte: una multi-herramienta que Robinson utilizará y que tiene un aspecto sospechosamente parecido al de Playstation Move.

Esto, por otra parte, lo hemos visto en algún otro título del soporte PSVR. Hemos tropezado, sin embargo, con uno de los defectos de los que peca Robinson: The Journey.

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Al fin y al cabo, lo que cuenta dentro de un título de realidad virtual (y en los videojuegos en general) es la inmersión. Y, si el objeto que sujeta el personaje es un Move, algo indispensable en otros títulos VR, ¿por qué tenemos que utilizar un mando común y silvestre para jugar? Todos los movimientos que realiza el personaje están pensados para adaptarse y hacernos sentir como si lleváramos la multi-herramienta.

Es una lástima, desde luego, y mirándolo con la inmersión como punto de referencia. Sin embargo, hay que decir que el Dualshock responde de maravilla ante los movimientos (al menos, ante los que nos permiten).

Tenemos dos opciones a la hora de controlar la cámara con el stick derecho: suave y rotación angular continua. Ambas funcionan de manera diferente (¿alguien pillará la referencia?).

Escoged directamente el ‘modo suave’

La rotación angular continua es, sin duda, la peor de las dos, pues convierte la cámara en una unión de secciones fijas que van saltando de una a otra cada vez que queremos centrar la cámara. Además de dar sensación de irrealidad, la brusquedad del cambio de imagen puede confundirnos y desorientarnos.

El modo suave hace el cambio de manera visualmente más cómoda, haciendo la transición de manera natural, con la pausa correspondiente que haríamos en la realidad. Si tenéis que elegir, escoged directamente el modo ‘suave’. Vuestro cerebro lo agradecerá.

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Entrando en detalle, con la X interactuaremos con los diferentes objetos del escenario, como botones o puertas. Pulsando el botón R2, levantaremos algunos objetos; si, además, añadimos el L2 a la pulsación, los desplazaremos. El R1 hará de escáner, y la cruceta la emplearemos para darle diferentes órdenes a nuestra mascota Laika, como pedirle que se acerque, enviarla a un punto a nuestra elección u ordenarle que suelte un objeto. Incluso podremos darle piezas de comida.

En algunas situaciones, controlaremos a Higs, con el que resolveremos algunos puzles a cierta altura del suelo (no, no podremos volar libremente). Estos puzles se manejan con el botón de interacción, así que no exigen demasiado en cuestión de jugabilidad, pero sí nos harán pensar un poco.

Realmente, Robinson: The Journey se centra en minitareas sencillas, pequeños objetivos a cumplir y, sobre todo, la exploración. Después de finalizar el escueto tutorial, tendremos libertad para movernos por una sección bastante grande e interesante del escenario. Encontraremos multitud de sorpresas, monstruos gigantes y… bueno, descubridlo vosotros mismos, porque la experiencia se puede resumir con la palabra ‘alucinante’, simplemente.

Apartado Técnico

Tal vez se pensaría que Robinson: The Journey no brillara tanto en su aspecto técnico o que no resulte tan embriagador una vez llegado a cierto punto de la aventura. Pero no es así.

Esta entrega en realidad virtual es sencillamente impactante (las imágenes no representan la calidad de la imagen directa del VR), y puede que la presentación del mundo salvaje sea la principal culpable. Desde que salimos de la pequeña nave nodriza, y vemos por primera vez un paisaje silvestre, tan diferente de la sensación angosta que experimentamos en la mencionada nave, entendemos hasta qué punto lo ha hecho bien el estudio de Robinson: The Journey.

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Es posible que esta entrega sea la más importante visualmente, junto al título de Batman para RV. Su despliegue sensorial es espectacular y, especialmente en las figuras de los dinosaurios más grandes o del paisaje en su conjunto, nos ofrece la más embriagadora de las atmósferas.

Es evidente que no todo es bueno, y en breve lo comentaremos, pero la primera toma de contacto es agradable. Tendremos criaturas para encontrar, incluso insectos entre la hierba; rótulos en la nave para leer o algunos otros detalles que sólo encontraremos si exploramos como lo haría alguien que acaba de descubrir un planeta nuevo.

Hay cierto grado de pixelación

Podemos escalar por diferentes zonas para descubrir nuevos animales (incluso hay un nivel de plataformas). Esto es algo que no lo podemos describir y que hay que sentir: los dinosaurios son colosales. En imágenes o vídeos, no resultan tan amenazadores, pero escuchar el rugido de un T-Rex te atenaza la garganta. Más aún, verlo al lado tuya.

Hay cierto grado de pixelación (no demasiada – una minucia), y el juego tanto de luces como de sombras no está del todo resuelto, pero no importa. Con lo que nos ofrecen, conseguimos engañar a nuestro cerebro y convencernos de que estamos ‘en otro lugar’.

Nuestro dinosaurio se mueve con fluidez y con un aspecto bastante realista, al igual que Higs, que constantemente volará cerca nuestra, mirándonos o mencionando aspectos del entorno.

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No hay división en cuanto a niveles o misiones, pues se trata de un mundo abierto considerablemente grande. La historia principal nos llevará a través de gran parte del terreno, pero podemos desviarnos si queremos. No tendremos todo accesible y desbloqueado desde el inicio, pero, como en otros videojuegos de mundo abierto, cuanto más juguemos, más zonas podemos visitar.

La historia se cuenta de manera vaga

Por otra parte, la historia se cuenta de manera vaga y, aunque tanto Higs como Laika presentan personalidades completamente definidas y diferentes, puede que no lleguen a satisfacer del todo. Laika es adorable y Higs es similar a ese tipo de IA en videojuegos o películas que no cesa de hacer bromas en todo momento, incluso refiriéndose a Laika como la ‘futura criatura que nos va a devorar’ o al bromear sobre la capacidad motora del protagonista. A algunos pueden resultarles personajes bastante molestos, por la dependencia y la insalubre manía de Higs de no callar. Sin embargo, la atmósfera se vuelve aún más profunda cuando ellos están cerca.

Jugar al tres en raya, al baloncesto, e incluso al escondite con Laika, tendremos una multitud de tareas por hacer. Muchas de ellas son anecdóticas; otras, meramente visuales. Sin embargo, Robinson: The Journey está hecho para sentirnos parte del mundo. Y, demonios, eso sí lo consigue sin dudar.

Por último, y no menos importante, tenemos que detenernos para hablar del mareo o, como hemos dicho en otras entradas, la falsa cinetosis (simulator sickness).

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Mientras que otros títulos de realidad virtual no parecen ahondar demasiado en proporcionar a los jugadores una solución para el mareo psicosomático (más allá del ‘descansa cada poco tiempo’), Robinson: The Journey nos da el control del stick derecho para adecuar la posición de la cámara y disminuir la fatiga. Dependiendo del grado de sensibilidad de cada uno, podemos marearnos en menor o mayor medida. Salvo que seas alguien con falsa cinetosis diagnosticada (o con mareos severos), no tendrás demasiados problemas en acostumbrarte a esta entrega.

Si podéis descansar, hacedlo, especialmente si jugáis con auriculares. Las torsiones del cuello y el efecto del peso tanto del propio dispositivo como de los auriculares pueden exacerbar y acelerar la presencia del mareo. Y esto es un consejo tanto para The Journey como para todos los que utilicen la realidad virtual.

Sonido

¿Qué decir de un juego que tiene, casi por completo, los salmos de tantos animales como aliado en esta banda sonora? Es sorprendente, y encaja a la perfección con el espíritu que nos presenta The Journey.

Robinson: The Journey viene completamente doblado al castellano

Podéis disfrutar de esta entrega en cualquier idioma (¡faltaría más!), pero un punto a favor de la desarrolladora es que la recibimos completamente doblada al castellano, con un buen acierto y manejo en cuestión de bromas ‘idiomáticas’. Lo han resuelto favorablemente y se agradece.

Si preferís jugar con altavoces o con el propio sonido de la televisión, es decisión vuestra; sin embargo, creemos que la realidad virtual sumerge más si lo hacéis con auriculares. Los dinosaurios e, incluso, el sonido de la hierba, se perciben con mucho más impacto de esta manera.

Conclusión

Robinson: The Journey puede no ser perfecto, y posee fallas técnicamente. Es bastante corto (en torno a las 4-5 horas, terminaremos el juego), además de presentar modelados con un atisbo de pixelación. No destacables, pero ahí están. Jugablemente, ofrece una gran cantidad de puzles diferenciados y de interactuación, tanto con nuestro amigo robot como con la T-Rex. La historia se presenta modestamente, sin grandes alardes, y de un modo tan sutil que, realmente, queda en un segundo plano si la comparamos con lo demás.

¿Es entretenido? Sí, mucho, pese a lo corto que es. ¿Justifica la adquisición de PSVR? Depende. Lo que sí está claro es que es uno de los mejores títulos presentado para la realidad virtual hasta el momento, con una inmersión bastante profunda y unas mecánicas que se adecuan a todos los públicos. Si nos perdemos por el mundo y nos dedicamos a las tareas secundarias, le alargaremos la vida al título.

Robinson: The Journey puede no ser perfecto, pero es el arquetipo de lo que será la realidad virtual, y el buen camino por el que deben continuar las desarrolladoras para ofrecernos la mejor de las experiencias.

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Robinson: The Journey está disponible en exclusiva para Playstation 4 / Playstation VR (52,94€)