Blanka es mi colega desde hace más de 20 años. Es una de estas amistadas raras – normal, es un mostrenco eléctrico verde de dos metros – de esas en las que a lo mejor te ves mucho tiempo seguido, a lo mejor un par de veces al año, pero desde hace un par de meses, hemos vuelo a retomar el contacto bastante a menudo. Con él he viajado por todo el mundo, conocido a gente de otros países, y sobre todo, nos hemos peleado, entre nosotros, y sobre todo, con más seres, humanos, y otros de dudosa procedencia.

Gorras y riñoneras

La primera vez que nos vimos fue allá por el 91, en el lugar de moda entre la chavalada de la época, los recreativos. Tras petarlo con Final Fight, Capcom nos tenía preparada una sorpresa aún mayor. Haggar, Guy y Cody dando ostias por Metro City nos parecía lo más. Personajes enormes, enemigos con nombres de bandas de jebi metal y castañas por todos lados, se comían nuestras monedas sin piedad, sin saber nosotros, que este juego era la supuesta continuación de un, no muy famoso por mi ciudad, juego de lucha que habían hecho antes.

¿Cómo que no era famoso el primer Street Fighter? pues sí, el juego era una castaña, tanto que yo no lo jugué cuando salió, lo hice cuando la continuación estaba licuado la paga de la juventud de la época. Tras tener cosas como Yier Ar Kung Fu años antes, este debería de molar la leche, pero no. Los golpes no tenían casi feedback, los oponentes, a partir de china eran infernales, y hacer los movimientos especiales, otra de sus novedades, era pura potra y ver un hadoken – que se comía más de media barra del oponente – era como ver un unicornio; fuera de Europa, sobre todo en los usados, parece que si que tuvo un poco más de fama. El prota, un karateka de blanco gi y su colega rubio – gi rojo – no los ibas a conocer de nada, por otra parte, los oponentes eran una banda curiosa, desde un punk inglés, pasando por un maestro de kenpo chino, o el último, un tailandés de dos metros y medio que tiraba bolas de fuego. Así que sí, el primer intento de Capcom, no salió muy allá, pero sin que ellos lo supieran, sirvió para establecer la base de lo que iba a ser su saga más vendida durante la siguiente década.

Prosigamos con “Cómo conocí a Blanka”. Allí estaba yo, en mi ronda semanal por los recreativos, esos lugares oscuros, con humo, y sobre todo, llenos de gente, algunos majos, otros dispuestos a sacarte hasta las pelusas de los bolsillos. Sí chavales y chavalas, ahora os quejáis de los niños rata, los hatemails, y demás chorradas, pero de aquella, teníamos que evitar que nos pegasen por ganarle a un tío 10 años mayor, peña gritándote en el cogote, o que algún chungo de turno te enseñase a “su amiga” – y no me refiero al obelisco de rock – para quedarse con las cuatro monedas que tenías para pasar toda la tarde. Volviendo al tema que nos ocupa, un día llegué a jugar a mi máquina de turno – alguna movida de Toaplan, Konami o el mismo Final Fight – cuando vi que todo el mundo estaba alrededor de una máquina, y cuando digo todo, es como cincuenta personas o más.

Como aún no tenía la presencia física que tengo ahora, tuve que esperar un rato para ver qué narices era aquello, cuando lo ví, ya entendí la revolución. Si Capcom nos dejó alucinados con las aventuras del alcalde más famoso de los videojuegos, esto iba más allá. Personajes aún más grandes, bolas de fuego, diferentes movimientos, escenarios, y sobre todo, ocho personajes totalmente diferentes con los que jugar; claro, esto para un niño de la época era la releche. Pero claro, con la demanda que tenía la máquina de la narices, tardé casi un mes en poder jugar, y cuando finalmente pude hacer, el gran dilema ¿a quien elijo? Pues a Blanka no, fue Guile, un militar con el pelo de cepillo, y que tiraba círculos de fuego, parecía una buena opción, pero no tardé mucho en ver que no, no lo era.

Y aquí empieza nuestra historia de amistad, tras volver para jugar múltiples veces, al final siempre acababa mirando más que jugando. Pero eso me sirvió para varias cosas, primero saber cómo hacer los movimientos especiales molongos y segundo, ver que no sólo estaban los ocho personajes del principio, sino que luego salían cuatro más, un boxeador, un ninja ¿español?, un tailandés de más de dos metros que tiraba bolas de fuego – este me suena – y un comandante que parecía tela de difícil. Pero sobre todo, sirvió para fijarme en uno de los personajes que casi nadie usaba, sí, Blanka era un marginado. Ryu, Ken, Chun Li y Guile – a estas alturas y me sabía los nombres – eran los guays de barrio, luego estaban Dhalsim, Zangief, y Blanka, que nadie los quería, Honda era un tipo normal, de esos que se llevan bien con todo el mundo. Así que mi joven yo, amigo de las causas perdidas, pensó “el el grandote y el que se estira no, que son lentos, me quedo con el bicho verde ¡que electrocuta a la peña, salta, y se hace bola!” desde entonces hasta hoy, amigos para siempre.

Mi colega y yo sembrábamos el terror allá por donde pasábamos a base de crossups, oveheads – todo esto no sabía como se llamaba todavía – mientras que el fenómeno seguía creciendo. Con tus colegas sólo hablabas de eso, en clase, pensabas en cuando volverías a pegarte, y no en el patio, sino delante de una pantalla. También se te ocurría qué molaría poder usar a los jefes del final, cosa que Capcom también pensó, y seguiría pensando en los posteriores años, porque las revisiones en esta saga se iban a convertir en lo habitual.

Street Fighter II’ volvía con nuevos personajes, cambios en la jugabilidad, y la posibilidad de enfrentarnos con el mismo personaje dos jugadores distintos ¿qué más podíamos pedir, jugarlo en casa?…..vaya Nintendo tiene una consola nueva. Y así llegó la versión de Street Fighter II de SNES.

World Domination

Si pensáis que GTA vende mucho, este juego vendió más de seis millones de copias en una sola plataforma con un mercado muchísimo menor, y en un periodo de unos 3 años, porque ¿recordáis las revisiones? Capcom no se iba a parar en el “Champion Edition” no.

Para hacer frente a los millones de clones chinos, en los que se podían hacer locuras como Tatsumakis en el aire, que empezaban a inundar las recreativas, ellos sacaron su nueva versión. Más velocidad y movimientos como el mencionado arriba eran las novedades de Street Fighter II Turbo, el cual les sirvió para seguir siendo los reyes de los recreativos y las casas, con las diferentes versiones que fueron sacando.

Bueno, Blanka ya no es verde, sino que puede ser hasta amarillo, pegamos tortas a una velocidad que ni sabemos lo que hacemos, podemos jugar en casa ¿qué más me pueden ofrecer? Nada, es imposible superar esto, el juego vende como churros y hasta tengo muñecos de Gijoe reciclados en personajes del juego, pero claro es la compañía de Osaka de la que hablo, y estaban preparando algo SUPER.

La penúltima revisión que jugaría venía cargada de novedades, sobre todo cuatro nuevos personajes, dos diseñados por Capcom Japón, – los buenos, Cammy y Fei Long – y otros dos, digamos menos carismáticos, creados en la división americana, T.Hawk y Dee Jay. Nuevos gráficos, nueva intro con un Ryu haciendo su hadoken que impresionaba a cualquiera que pasaba por allí, nuevo sonido para seguir tarareando la BSO de Yoko Simomura en el bus, todo muy súper. Y que sería hasta Turbo, en la posterior revisión de turno, con más velocidad, los nuevos super combos, y sobre todo, un nuevo personaje secreto que podía patear tu culo en cinco segundos llamado Akuma.

La fama de juego, que estaba en unos niveles estratosféricos, tanto que los fans – que ya éramos una comunidad – del juego y las pelis de acción de la época, tuvimos una de las películas más locas de la época. En la cual “los músculos de Bruselas” – o sea, Van Damme – en pleno cénit de su carrera encarnaban a Guile, eso cuando no estaba liándola no yendo al rodaje o le estaba enseñando “su” Tailandia Kylie Minogue. Street Fighter II era un fenómeno mundial de proporciones épicas, ríete del Fornite ahora, que no tiene ni peli con The Rock.

Go for Broke!

Pero todo lo que sube debe de bajar, así que mi relación con mi brasileño favorito, se redujo a vernos algunos días por casa mientras yo empezaba una nueva afición, el manga y el anime, los cuales tendrían bastante que ver con lo que la compañía japonesa tenía preparado.

Street Fighter aún seguía dando guerra, pero los nuevos chicos guapos de los recreativos eran X-men: Children Of The Atom y Darkstalkers. No no estaba Blanka, pero sus personajes y diseños, sacados de la sociedad Bengus & Akiman eran alucinantes; ataques que llenaban la pantalla de efectos y animaciones como si estuviesen sacadas de un anime, hacían a estos ser mucho más interesantes que su viejo tío, viejo por poco tiempo….

Porque con Street Fighter Alpha – o Zero, si eres de esos – tendríamos todo eso, pero adaptado a esta saga. Como precuela del II, los sospechosos habituales sufrieron un lifting, y ahora Ryu, Ken y Chun Li son adolescentes, Sagat sigue siendo viejo, eso, o se desarrolló muy pronto. Unidos a ellos llegaron personajes del Final Fight como Guy o Sodom, y otros nuevos como Rose. También se introdujeron nuevos elementos jugables más modernos, como air guards, super combos de diferentes niveles, counters, etc, pero el juego parecía se quedaba corto de personajes, ¿cómo remediarlo?, con una revisión, obviamente.

En Alpha 2 se pulió todo. A nivel jugable una continuación de la base del primero pero con con los custom combos – la posibilidad de hacer tú, tu propio super combo – como novedad más interesante, eso unido a un plantel de personajes expandido y la posibilidad de usar los jefes finales del primero hacen de este mi Alpha favorito – y casi juego de la saga – aunque no esté mi brasileño predilecto, aún.

Pero antes de saltar a la tercera parte de la precuela, tengo que hablar de la nueva placa de Capcom, la CPS-3, para la cual se estaba preparando la secuela real del II, y la cual no iba a ser el éxito que se suponía.

New Generation

Street Fighter III debutó con una colección de personajes totalmente nueva, quitando a Ryu Ken, y esto no fue muy bien recibido. El juego a nivel visual era lo mejor que se había visto nunca en un juego de lucha, pero nadie lo jugaba, el público prefería el Alpha con sus combos locos al los nuevos parries de la tercera entrega. La cosa tampoco cambió mucho con la llegada de su continuación, Second Impact, los nuevos personajes junto a Akuma no ayudaron al juego a volver a recuperar el trono de los juegos de lucha.

¿Qué hicieron entonces en las oficinas de Capsule Computers?, pues si una cosa no te funciona, y tienes otra que si, aparcas la primera, y te centras en la segunda. Y eso fue lo que hicieron con la tercera entrega del Alpha, la cual añadía más personajes, más velocidad, más opciones de customización todavía, y lo más importante, a mi amigo pelirojo, aunque en esta época él vivía en otros sitios y yo tenía otra amiga, Hibiki, así que no nos vimos mucho.

Teniendo ya un Street Fighter con un éxito de narices en los recreativos, ¿para qué quieres otro?, pues porque si Capcom no hubiese hecho Street Fighter III: Third Strike nos hubiésemos quedado sin Chun Li y sus animaciones, sin uno de los juegos de lucha más importantes de la historia, o sin el momento que ha generado millones de visualizaciones en Youtube, y agrandado la leyenda de Daigo Umehara entre la gente que no lo jugamos en la época. Mi excusa es que no estaba Blanka, que los recreativos casi habían desaparecido en mi zona, y que estaba jugando al Last Blade 2, aún así, mea culpa también.

Y así es como pasó todo. Empezamos en lugares oscuros y poco acogedores siendo cuatro frikis que se dejaban un dineral para jugar 5 minutos – más si eras bueno – a un juego basado en el piedra, papel o tijera, y ahora tenemos ligas, llenamos estadios, ganamos miles de dólares – bueno, eso algunos suertudos – e incluso nos emiten en la ESPN con hasta cheerleaders. Esto es Street Fighter para mi y otros muchos; y por todo ello sólo me queda decir, en modo Mr. James Chen, gracias Blanka.

Street Fighter 30th Anniversary Collection ya está disponible en PS4, PC, Switch y Xbox One.