Cities: Skylines

Si os somos sinceros, hace años que no jugamos a los clásicos simuladores urbanos, tan de moda en PC. Sí que le hemos echado un vistazo a multitud de juegos de estrategia, pero está claro que el género que nos atañe en esta ocasión se ha mantenido con vida, aunque con pocos proyectos en su haber. Uno de los últimos videojuegos al que hemos podido echarle el guante (para Xbox One, concretamente) es Cities: Skylines.

Estamos acostumbrados a la saga SimCity, aunque nos hemos atrevido con esta reciente propuesta para la última consola de Microsoft. Que su aspecto sencillo no os eche para atrás. El proyecto ocupa solo 2,11 GB de espacio en disco, aunque ofrece una jugabilidad clásica, endiablada, utilizando las últimas tecnologías gráficas, sonoras y jugables disponibles. Eso, claro, sin dejar atrás los elementos que hicieron famoso el género. Ya seáis de la nueva o la vieja escuela, sois bienvenidos.

En Cities: Skylines el objetivo es el de siempre: construir nuestra propia ciudad, prestando especial atención a todos los elementos que conforman la misma. Se incluyen servicios de urgencias, industria, ciudadanos, sistemas de agua, vandalismo, etc. Nos convertiremos en un alcalde virtual que debe controlar todos y cada uno de los aspectos de su urbe. Y no, no nos olvidamos de las típicas catástrofes naturales, las cuales nos darán sonrisas y dolores de cabeza.

Podríais pensar que estamos ante más de lo mismo. En apariencia, sí. En profundidad, no. Los elementos básicos de Cities: Skylines son los mismos que ya hemos visto en otras entregas, aunque las posibilidades se extienden de diferentes maneras. Por ejemplo, hay más oportunidades de construcción, más objetos, y el apartado gráfico ha sido modificado muy ligeramente respecto de otras ediciones. Está claro que había que aprovechar la potencia disponible en Xbox One.

Cities: Skylines es un simulador urbano diferente gracias a las novedades que implementa. Eso sí, estamos haciendo un análisis detallado del título con el fin de comprobar si la compra merece la pena. Es posible que os llevéis una sorpresa.