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Nioh ha sido una sorpresa que se anticipaba después de probar la alpha y la beta liberadas antes de su comercialización. La soga apretó el cuello del presupuesto de Nioh y esa carencia de efectivo limitó al juego en varios campos que de no haber contado con esa restricción, la obra del Team Ninja habría sido prácticamente perfecta en lo que propone.

Una idealidad que si consigue en su espectacular y profundo sistema de combate. Inalcanzable para cualquier coetáneo en su género y que evidencia que el parecido con Ninja Gaiden es más evidente de lo que parece a simple vista.

Estilismos y guarismos aparte, Nioh se ha ganado su hueco por su personalidad y por realizar pocas concesiones. William, un samurái occidental, viajará a Japón y conocerá la miseria de la guerra y la mística del folklore de la isla en un año convulso como fue el año 1600. Los aficionados al manga y al anime –y por extensión a los videojuegos-, reconocerán a muchos de los personajes y criaturas que pueblan este universo tan variopinto como estimulante para el jugador.

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Nuestra mente ligará acontecimientos con ciertos personajes que conocemos de otras obras. Valga como ejemplo la famosa batalla de Sekihagara en la que tomó parte Miyamoto Musashi, el samurái más famoso que haya conocido esa lejana tierra y que probablemente muchos conozcan por Vagabond o por cientos de obras que recuerdan al mítico guerrero.

Nioh está inundado de esta clase de referencias que marcan con un olor característico a la propuesta de acción y rol de Tecmo. Tan característico de su momento que esbozaremos una sonrisa cuando aparezca algún elemento que conocemos por interferencia con otra obra.

Tan casero es el juego que la mayoría de las conversaciones que tienen lugar se dan en un perfecto japonés cuando la norma habría obligado a doblar al menos en inglés esas conversaciones. Y no se ha hecho porque se ha creído que la visión de mostrar ese mundo alterando mínimamente la localización era lo más acertado. Una medida que ha conseguido añadir cohesión a la ambientación y al momento histórico del producto.

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Una época que se entremezcla con la fantasía de los Yokai y otras criaturas del panteón Japonés. Porque lo fácil habría sido seguir la senda de la fantasía occidental y entremezclarla superficialmente con elementos reconocibles de Japón, pero se ha preferido dar algo más japonés y esa distinción ha sido muy valorada por el público. Público que ha demandado unas mecánicas de juego concretas en un ambiente único y que nos es lejano.

Lo mejor es que queda margen suficiente para cargar un futuro Nioh 2 con más historia de Japón.