Resistance basa parte de su encanto en la época histórica en la que se ambienta. Usualmente tenemos productos enfrascados en la segunda guerra mundial, en Vietnam o en una especie de época contemporánea. El juego de Sony se encastra en los 50, Burning Skies toma pie el 15 de agosto del 1951. Una fecha que la mayoría de nosotros vislumbra de lejos y que ni de broma roza por edad.

En ese año Ernesto Guevara visita con su amigo Alberto Granados parte de sudamérica, un viaje que supone una cura de humildad y un golpe de realidad. El líder revolucionario comenzó a forjarse en esos años. Imaginad un Resistance que tomase parte de estos hechos con un Guevara en aras de convertirse en la leyenda que fue, pero contra un enemigo diferente: Las Quimeras.

Una distorsión de la realidad que podría ofrecer un punto de vista único en la contienda con la participación de héroes auténticos. Igualmente en ese año comenzó la lucha por la independencia del Tibet después de la anexión de China. Como todos sabemos El Dalai Lama encabezó ese movimiento por la independencia. Volvemos a jugar con Resistance en un ataque orquestado por las Quimeras que obligue a ambos pueblos a olvidar sus diferencias ”gracias” a un enemigo común. Imaginad un producto que funda realidad de caracteres con una ficción en la forma.

Sinceramente creo que este tipo de visiones ayudaría a crear personajes sólidos y carismáticos, los usuarios se sentirían identificados o al menos reconocen de forma directa un punto de realidad con la verdad. Interferencias.

Resistance: Burning Skies ya a la venta para PS Vita.