Kinect ha sido un periférico que ha dado muchas alegrías a Microsoft con unas ventas bastante buenas, sobre todo teniendo en cuenta el precio del mismo.

Desde el principio se nos vendió la idea de Natal como una gran innovación que haría que los videojuegos alcanzacen el siguiente nivel.

Pero lo cierto es que, después de varios años desde su salida, Kinect no deja de ser un artilugio usado en juegos casuals y en el que el usuario tradicional o hardcore no ve nada que le haga plantearse su compra.

Casi todos los intentos de llevar Kinect a juegos hardcore ha fracasado o al menos no ha conseguido lo que los desarrolladores prometían. En algunos casos, como el del protagonista de este especial, la experiencia es tan deficiente que uno se plantea si este tipo de tecnologías en las que no hay mando físico aun están demasiado verdes.

Uno de los juegos que mejor usaron Kinect fue Rise of Nightmare, siendo esta una de las pocas propuestas que han conseguido pasar el umbral casual que envuelve el dispositivo.

Podemos debatir si es lo suficientemente preciso, si los juegos son divertidos o no ( los hay muy adictivos pero a la mayoría les falta algo importante) o si cualquiera puede disfrutar con él sin necesidad de que el juego en cuestión sea un AAA o un título para pasar el rato sin más pretensiones que la de divertir…

Mi opinión personal es que no vamos a ver ningún título redondo para Kinect. No está preparado para más de lo que ofrece y ha ofrecido hasta ahora. Puede que con la nueva generación el dispositivo logre avanzar lo suficiente como para que el no jugar con un mando sea algo satisfactorio y no algo traumático en la mayoría de las ocasiones en las que se intenta llevar a un juego complejo.