Llavero seta mario bross bandera orgullo gay

Hace pocos días hubo cierta polémica con Nintendo y el juego Tomadachi Collection: New Life. Este título permitía que nuestros Miis masculinos pudieran emparejarse y tener descendencia. Era un bug porque, además de que biológicamente esto es imposible, sólo era posible con chicos y no con parejas heterosexuales ni con dos chicas.

Pues bien, conocido el asunto muchos japoneses salieron a hacerse con el título, no en vano lleva siendo número uno desde varias semanas, no solo por el citado bug, pues es un juego muy del estilo japonés.

Nintendo no tardó en pronunciarse y apuntó a que arreglaría el entuerto en una nota de prensa en la que calificaba el bug de chistoso (o cosas peores según la traducción que el japonés como lengua poco precisa que es, puede permitir), por lo que algunos han tachado a la compañía de homófoba.

Dudo mucho que Nintendo hiciera el comentario con connotaciones negativas, pues es una empresa que, en menor o mayor medida, tiene algunos personajes de este colectivo (Birdo sin ir más lejos).

Todo este asunto me lleva a preguntarme por qué hubo tantos japoneses que se entusiasmaron con la posibilidad de que en un juego se les permitiera hacer algo que, en la práctica, además de imposible, puede estar mal visto en determinadas sociedades, llegando a la conclusión de que, en ocasiones, es importante para el individuo sentirse identificado con los personajes cuando nos ponemos ante un juego, película, serie o libro.

Tomodachi Collection New Life

Hace poco un estudio declaró que los juegos con personajes femeninos en el papel protagonista vendían menos y que las productoras siempre preferían un chico. ¿Os imagináis a algún estudio potente apostar por hacer a su personaje principal de un juego AAA gay? Hoy en día eso es impensable, por desgracia.

Y digo por desgracia porque hay muchas personas (sobre todo los niños pequeños) a las que, cuando juegan con su personaje favorito, les gusta imaginar ser ellos (sin tener que jugar a los juegos de Ubisoft, por favor). ¿Quién de nosotros no se ha puesto en la piel de Snake, Nathan, Lara, Sam Fisher, Jefe Maestro, Samus… y se ha sentido identificado con ellos o alguno de sus problemas?

Para un chico joven gay, que ya tiene bastantes problemas en esta sociedad por serlo (admitámosolo, nos guste reconocerlo o no, no todos vivimos en Madrid capital, y aun así no es fácil), sería de gran ayuda ver que personajes que pueden controlar en un juego son como ellos. Esto le daría normalidad al asunto. Una normalidad que a día de hoy no existe ni se le espera.

Quizás sea muy ingenuo esperar que grandes estudios que basan sus estrategias en números vayan a pensar en cambiar esta situación. Porque han habido casos, excepcionales, pero son los que confirman la regla.

Hasta el día que un personaje como Lara o Nathan puedan sentirse atraídos, dentro de una trama, por un personaje de su mismo sexo y esto no sea mal visto ni se piense que por ello el juego venderá menos, cosas como el bug gay del que hemos hablado serán noticia. Y eso es una mala noticia.