La fantasía es un elemento que ha acompañado a los seres humanos desde los albores de la historia. Parece que hay algo en nuestro interior que nos invita a buscar en todo aquello que nos rodea una explicación mágica para todo aquello que no sabemos explicar. Una percepción que a día de hoy todavía persiste pese a que vivimos en un mundo en el que la razón y la ciencia parecen imperar y sin embargo, parece que cada vez adoptamos con más fuerza todo tipo de creencias que se intentan alejar a esa omnisciencia que parece estar alcanzando la humanidad sobre el mundo que nos rodea.

Quizá es por este motivo por el que determinados movimientos surgen y reivindican posturas pseudocientíficas. E incluso se va más allá y parece que vuelven a florecer incluso antiguas religiones del pasado, como el Ásatrú, un movimiento religioso que aboga por retornar a las raíces de teológicas de los pueblos nórdicos. Sea como fuere, nos encanta la fantasía y los videojuegos no se escapan a esta necesidad. Pero existen aquellos que resisten, unos pocos, que como dirían en los cómics de Astérix y Obélix “resisten ahora y siempre al invasor”.

En este sentido podemos destacar el trabajo realizado por Warhorse Studios con Kingdom Come Deliverance y optar por un camino mucho más difícil a la hora de crear su RPG: la historia. Y es que la fantasía, incluso en su vertiente de ciencia ficción, parece que pone ante los creadores un lienzo mucho más amigable sobre el que plasmar su obra. El número de licencias que se pueden tomar y nadie puede cuestionar ciertas decisiones. Además, quien no puede negar el atractivo que posee el poder derrotar a una criatura con tan arraigada tradición en la cultural occidental como un dragón.

En comparación combatir una afrenta o una lucha de poder puede parecer “poca cosa” frente a esos mismos conceptos ensalzados con elementos mágicos y fantásticos. Sin duda este ha sido uno de los motivos por los que la Canción de Hielo y Fuego de George R. R. Martin y su correspondiente serie de televisión, Juego de Tronos, se han convertido en fenómenos de masas. Pero más allá de los dragones y los endriagos, lo que precisamente ha cautivado a todo un planeta han sido las relaciones entre personajes, las corrupciones y la intriga política.

Unos elementos que precisamente son los menos fantásticos y que muchos de ellos los vivimos día a día. Pero lo cierto es que el contexto de la obra de Martin es puramente histórico, basándose en lo acontecido durante La Guerra de las Dos Rosas. Y una vez más vemos como esa máxima de que “la realidad siempre supera a la ficción” se hace real.

A este mismo nivel creativo podemos encontrar el universo creado por el español Ricard Ibáñez con su juego de rol Aquelarre. Un particular universo mixto que vio la luz por primera vez en 1990 y que sumergía a los jugadores en la Edad Media española desde un punto de vista histórico y fantástico. El principal atractivo de este juego era precisamente el trasfondo realista del juego, que se aderezaba de forma sublime con las leyendas y cuentos populares de la época. Una propuesta híbrida con mucho potencial, y que en el mundo de los videojuegos tampoco ha sido muy popular.

Conscientes del poder de la historia y de la realidad, desde Warhorse Studios optaron por el telón histórico para dar vida a Kingdom Come Deliverance y narrarnos una historia que discurre paralela a unos acontecimientos reales como fueron las intrigas y juegos de poder que rodearon al Sacro Imperio Romano Germánico. Sin embargo, esto no quiere decir que aquello que nos narra o cuenta este juego tenga precisión histórica, porque tampoco se intenta eso.

Sí, es cierto que parte del marketing del juego es precisamente el de ofrecer una historia realista, pero quizá la podríamos definir con más precisión si la calificamos de ficción histórica, porque Kingdom Come Deliverance se toma muchas licencias. Y es que no podemos olvidarnos de que estamos ante un juego, y que recrear de forma 1:1 la vida medieval sin lugar a dudas no resultaría divertido, y probablemente tendríamos que abandonar el género de los RPG para abordar el de los simuladores.

Sin embargo, la pátina de realismo histórico es interesante porque se aleja de los convencionalismos de la industria y ha permitido a Warhorse Studios sumergirnos en una trama interesante repleta de villanos y giros en el argumento. En este sentido, es precisamente el realismo lo que hace que este título tenga una fuerza espacial y una entidad propia que quizá hubiese quedado difuminada si su contexto hubiese sido el de la fantasía tradicional.

Desconocemos si Kingdom Come: Deliverance impondrá una tendencia o será una rara avis en lo que se refiere a su ambientación, pero lo de que sí estamos seguros es que supone un punto de inflexión. La historia de la humanidad, y nuestro día a día, está lleno de villanos que harían palidecer al mismísimo Sauron y de héroes anónimos capaces de eclipsar a figuras míticas. Y este es precisamente la fuerza de un juego como el de Warhorse Studios, cuya ficción de realidad supera en muchos casos a las fantasías más elaboradas del mercado y vuelve a confirmarnos que lo realista resulta en muchos casos, más atractivo que lo fantástico.