Como se suele decir popularmente, el jugador de videojuegos tiene cada vez más “el morro fino”. No es extraño ver que los usuarios desdeñan producciones menores a favor de los grandes “hits” del mercado, en ocasiones con argumentos bastante discutibles y que en muchos casos obedecen más a un adoctrinamiento del marketing que a cuestiones reales.

Esto hace que multitud de videojuegos pasen sin pena ni gloria por el mercado y por sus deficiencias, más bien por una falta de visibilidad y oportunidades por parte de los usuarios. En este sentido, podemos encontrar títulos como Legrand Legacy, que podemos afirmar que ha pasado de puntillas pese a ser un JRPG más que competente en sus propuestas.

Como señalamos en su análisis, Legrand Legacy pudo ver la luz gracias a un proceso de financiación en Kickstarter. Una campaña que no fue nada fácil y en la que pudo recaudar poco más de lo que pedían para poder realizar este juego. Una circunstancia bastante frecuente entre todos los estudios pequeños que recurren al micro mecenazgo para poder dar rienda suelta a sus proyectos y hacer realidad sus sueños. Algo que en muchas ocasiones olvidados por los titulares de grandes sagas que recurren a esta u otras plataformas y donde obtienen cantidades desorbitadas de dinero.

Es en este contexto donde tenemos que entender que juegos pequeños no pueden luchar contra los “grandes” en las mismas condiciones y que deben hacerlo en otros campos de batalla. Una lucha que en ocasiones está perdida desde el primer momento ya que para muchos usuarios el apartado gráfico suele ser esencial y es precisamente donde los estudios más pequeños tienen más dificultades para competir.

Legrand Legacy utiliza tres tipos de entorno gráfico para intentar solventar esta cuestión. Y precisamente donde más brilla es en los escenarios que podríamos presuponer menos ambiciosos, los que no usan el 3D, son los que mejor resultado dan al juego. Pero obviando estas cuestiones, lo cierto es que los méritos de estos juegos, y del título que aquí nos ocupa, se encuentran normalmente en su jugabilidad y en su propuesta.

Legrand Legacy es uno de esos juegos que sorprende al jugador, pero solo a aquellos que persisten en él. Volviendo al mundo de los símiles, quedarse en la superficie de este título es como juzgar a un libro por su cubierta. Sí, podemos hacernos una idea de lo que va, pero hasta que no profundicemos en él no podremos juzgar con acierto si merece la pena o no.

Al igual que señalábamos en el análisis, Legrand Legacy tiene muchas capas y llega a sorprender la cantidad de contenido que es capaz de ofrecer. Cuando uno piensa que está jugando un JRPG más, de pronto es sorprendido con una variante estratégica inesperada. Y luego la sorpresa regresa una vez más con multitud de pequeñas tareas y minijuegos que uno no esperaría encontrar en un videojuego humilde como este.

Como no podía ser de otra forma, Legrand Legacy tiene sus carencias y es evidente que es un juego “indie” en muchos elementos del mismo. Sin embargo, posee un cierto toque artesanal al tiempo que humildad e ilusión, algo que en ocasiones se pierde en títulos de grandes productoras que se reducen a una mera suma de elementos y formulas comerciales producto del marketing.

Por eso, merece la pena de vez en cuando dar oportunidades a juegos que no copan grandes titulares ni muchas noticias. En ocasiones nos decepcionarán, pero en otras tantas, podremos encontrar joyas inesperadas capaces de darnos muchas horas de diversión, pero sobre todo serán algo distinto a lo que estamos acostumbrados. Y eso es algo que Legrand Legacy consigue, tanto para lo bueno como para lo malo.