Últimamente, he estado dedicándole unas cuantas horas al videojuego One Piece: Burning Blood, mientras preparo los análisis de Final Fantasy Dissidia NT y Dragon Ball FighterZ. Tenía muchas opciones reservadas para jugar estos días, mas escogí Burning Blood para alejarme un poco de las vertientes jugabilísticas de los otros dos, distanciarme ligeramente de los entornos tridimensionales del Dissidia NT y enormemente de las bidimensionalidad perenne en FighterZ. Podría haber escogido otros videojuegos de corte similar, como Naruto Shippuden Ultimate Ninja Storm en cualquier etapa de su numerología, o Saint Seiya Soldiers’ Soul, videojuego que aprecio enormemente. Por fortuna o desgracia, escogí Burning Blood por ser uno de los pocos de este género al que aún no le había dedicado suficientes horas.

Este título de One Piece (como hemos dicho, similar en estilo a Ninja Storm y Soldiers’ Soul) intentamos traerlo durante el año pasado, pero por un motivo u otro, no pudo ser. El volumen de trabajo que tenemos es enorme, y nos faltan horas de reloj para poder discutir enormemente de todos los videojuegos que os queremos traer analizados. Puede que en el futuro, cuando nos sintamos liberados del yugo del tiempo, nos animemos y le hagamos un análisis propiamente dicho a esta obra de One Piece. En esta ocasión, sin embargo, sólo voy a comentar un pequeño detalle.

Sólo para que quede por delante y para que vayáis con las manos alzadas: hablaré sobre un detalle muy menor del juego, apenas un capricho mental mío que intentaré exponer de la mejor manera posible, y para el que sólo tengo palabras negativas. Es una lástima, es un rollo, pero es así. El juego tiene muchas cosas positivas, con una mejor valoración si se miran desde el ojo de un fan; sin embargo, este detalle que os voy a contar irritará a más de uno.

One Piece: Burning Blood

En One Piece Burning Blood, como no podía ser de otra manera, viviremos una parte del argumento que ya hemos visto en manga y anime, controlando a diferentes personajes y en diferentes perspectivas. No lo haremos cubriendo arcos tan extensos como en Soldiers’ Soul, donde veíamos la historia de cuatro temporadas diferentes, ni lo haremos con tanta profundidad como lo hiciera Ninja Storm. Burning Blood explora otras modalidades, un tanto más cortas y más rápidas.

En el primer capítulo, que actúa como tutorial del juego y que se centra en la figura de Luffy mientras trata de salvar a Ace, nos enfrentamos a los Pacifistas, enormes androides creados por Vegapunk, a imagen y semejanza de Bartholomew Kuma. Por supuesto, hay más enfrentamientos, pero me quiero enfocar en este.

A pesar de que, en el propio juego, podemos controlar al personaje original, a Kuma, con todo su poder y habilidades (dentro del juego, es uno de los personajes ‘overpowered‘), no podemos decir lo mismo de sus clones, de los Pacifistas, que únicamente hacen aparición en el título como un extracto de la trama.

Son oponentes formidables. Tiene mucha prioridad en sus ataques, aunque no hacen demasiado daño. Si nos enfrentamos a ellos en el combate bonus, donde utilizamos a Boa Hancock, sí que pueden pulverizarnos en pocos segundos; sin embargo, con Luffy, no son nada más que un obstáculo si atacamos con rapidez y nos defendemos a su debido momento.

One Piece: Burning Blood

El enorme problema está en que los Pacifistas, durante el proceso de sus dos combates, NO SE CALLAN.

Es habitual que, en los videojuegos de lucha, los personajes emitan quejidos, improperios y, de vez en cuando, algún insulto contra el oponente, incluso alguna oración pequeña y simple. La mayor parte de personajes deja esas oraciones para las secuencias de ataques especiales, para las ayudas de aliado o para las acometidas en grupo; los Pacifistas, por otra parte, no dejan de hablar durante toda la secuencia de combate, ya sea mientras nos apalean o mientras los apaleamos nosotros. Es imposible proceder a un combate con ellos sin que dejen de hacer comentarios durante los minutos que nos lleve acabarlos. Lo peor es que, cuando se va agotando su barra de vida, hacen aún más comentarios al respecto.

Cada golpe, cada movimiento, ya sea en nuestra contra o en la de ellos, precede a una frase, a una palabra, que, a diferencia del resto de personajes del elenco, queda a la par con los efectos de sonido en lugar de subyacer a ellos. Son un absoluto castigo, y más aún en una lucha que, en ese momento (aprendiendo a jugar, dando los primeros pasos, intentando que los Pacifistas te golpeen con un movimiento en pareja para tu poder contraatacar y completar el tutorial…) es bastante movidita.

Por fortuna, en el juego nosotros sólo podemos controlar a Bartholomew Kuma, que sí se calla y deja espacio para la acción o para, al menos, escuchar las interjecciones del resto de personajes durante los combates. Se rumoreaba la idea de que los Pacifistas se incluyeran en un DLC…

One Piece: Burning Blood

oh, por San Popplio, menos mal que esa idea no prosperó.