La relación entre los seres humanos y los animales es ancestral. Como no podía ser de otra forma, ambos mundos han estado conectado durante milenios y nuestra relación con el resto de seres vivos que pueblan el planeta se convierte en protagonista de multitud de obras creativas de los seres humanos. Y los videojuegos no son algo ajeno a dicha relación.

En este sentido, Monster Hunter es una saga que ha explorado la relación más primitiva entre los humanos y el mundo animal: la caza. Una relación tan antigua y estrecha que los primeros miembros de nuestra especie no dudaron en plasmar con sus pinturas rupestres. Un planteamiento completamente distinto, pero que sin duda evoca ese espíritu primigenio que se encuentra en el hombre por sobrevivir, pero también de vivir aventuras.

Sin embargo, la última entrega de esta saga ha explorado un terreno algo distinto, el de la relación entre monstruos y humanos. Algo cercano a la domesticación, pero casi más a una relación simbiótica entre estas especies. La simbiosis supone una asociación íntima de organismos de especies diferentes para beneficiarse mutuamente en su desarrollo vital. Una definición que encaja en lo que podemos ver en Monster Hunter Stories.

En Monster Hunter Stories los monstruos son nuestros compañeros debido a un vínculo creado a través de un objeto místico. En el mundo real, la relación simbiótica entre los seres humanos y los animales es algo complejo y casi extinto. Años de caza continuada y otras actitudes han hecho que la mayor parte de los animales teman al ser humano y rehúyan su presencia a excepción de las especies urbanas o aquellas que están domesticadas.

Ejemplos de simbiosis entre otros animales no son algo extraño, como puede verse en aves como los picabueyes o en otro orden distinto, la relación existente entre hongos y árboles. Sin embargo, con los seres humanos este vínculo es muy extraño. Una de las pocas relaciones simbióticas de colaboración mutua entre el hombre y los animales, si no la única, que existe es la del pájaro de la miel.

Esta relación se da entre algunos pueblos de África y esta singular ave. A través de una serie de sonidos, ambas especies se comunican con un único objetivo: obtener miel. Las aves conducen a las personas hasta el panal, y una vez localizado, los hombres espantan a las abejas con el humo de forma que ellos obtienen la miel y el pájaro cera.

A diferencia de la mayor parte de las relaciones construidas entre humanos y animales, aquí no existe ningún tipo de domesticación ni entrenamiento previo del animal. Es por tanto una relación pura de colaboración entre ambas especies. Esto supone que estos pueblos y aves han evolucionado de forma natural y conjunta para entenderse de forma mutua y poder así sobrevivir con mayor facilidad.

Una relación que a día de hoy nos puede resultar casi mágica, como los vínculos mostrados en Monster Hunter Stories. Si bien es cierto, tal y como hemos remarcado al principio, que lo visto en este juego es más cercano a la domesticación tradicional, hemos querido poner de manifiesto y resaltar este curiosidad de nuestro planeta y destacar que en ocasiones la realidad puede superar a la ficción.

En cualquier caso, Monster Hunter Stories nos acerca a estos vínculos, aunque sea de forma virtual. Algo que ya hizo Pokémon en su día a la hora de establecer una relación entre mundos que pueden parecer muy distintos, pero que están íntimamente relacionados.

Más allá de estas consideraciones, lo cierto es que es interesante ver como en ocasiones algo tan alejado de la naturaleza como un videojuego puede enseñarnos cosas de ella, a entenderla mejor y respetarla. Y este Monster Hunter, pese a lo irónico del nombre, es un ejemplo de ello.