El mundo de Dragon Ball está en ciernes, y todos sabemos lo que eso significa. Con la llegada de Dragon Ball Super a nuestro universo, cuando pensábamos que el cofre en el que estaba encerrado nuestro anime favorito había sido lanzado al mar, volvemos a sentir el calor arropador de la nostalgia atacándonos con furia.

Y es momento de volver la vista atrás, de ver los años que dejamos, de ver en qué punto de toda la historia que hemos creado, abandonamos a su suerte a Goku y compañía. Siendo generalista y sin querer caer en sustratos obvios, todos hemos pasado por ellos. Algunos se quedaron en aquel virgen Bola de Dragón, sin más historia que la sucesión de torneos importantes y el enfrentamiento épico contra el Rey Piccolo. Otros atravesaron el enorme periplo que supuso Dragon Ball Z, y con ello, Freezer, Célula, los Androides C17 y C18 (y C16, evidentemente), Majin Buu. Un pequeño sector, después, cayó en las redes de Dragon Ball GT, tan criticado por la mayoría de seguidores, pues desviaba a los personajes principales por un camino muy distinto del que habían recorrido después de derrotar al Pequeño Buu.

En aquel momento, cuando el grueso de fans se dividía, nació el que, a día de hoy, muchos consideran el peor videojuego de Dragon Ball de toda la historia. Hay otros que compiten con él para arrebatarle el título (como Dragon Ball Z Sagas o el despropósito que fue el juego de Kinect). Sin embargo, GT decepcionó a muchos por bastantes motivos que lo separan del resto de juegos. Luego veremos el por qué.

El Pixel es Bello

Sin embargo, tengo que decir que a mí sí me encandiló. Fue mi primer videojuego en una consola, el primero que consideré una posesión (porque la desidia de compartir consola y juegos con hermanos evita tener posesiones privadas). De ahí, es posible que este pequeño viaje que vamos a hacer por el universo de este juego no sea del todo justo, ni equitativo, ni objetivo. Pero, y si os digo la verdad, no me importa. Al menos, no en este caso en concreto.

Muchas veces, nos esforzamos por ser objetivos cuando buscar la objetividad es un hito realmente baldío. Nunca se puede ser realmente objetivo, pues estamos siempre condicionados por muchas variables. No podemos deshacernos de la subjetividad, sino sólo aplicarla allá donde creamos conveniente, regularla como mejor nos dictaminen la experiencia y el sentido común. Más, ¿ser objetivos? Es, y lo expongo así, un objetivo ridículo.

Sin embargo, a diferencia de otros análisis, Dragon Ball GT Final Bout representa una parte de lo que fue mi infancia, y a él tengo anexados recuerdos tanto positivos como negativos que determinaron, de alguna manera, mi personalidad. Hablaros de él es hablaros de mí.

No puedo ocultar sus fallos, pero sí puedo compartir los motivos que me llevaron a considerarlo uno de mis favoritos de Playstation 1. Están empañados por la nostalgia, pero… ¿quién no tiene, como cierto comunicador y escritor, ‘un placer culposo‘?

Un Dragon Ball único en su especie

Para empezar, y atajando el tema desde el principio, Dragon Ball Final Bout tiene la mejor secuencia de introducción que jamás se trabajó para un videojuego de lucha de la saga. Hay un antes y un después de esta introducción, cuya animación, cuya música, cuyas secuencias, son todas ellas una llamada de atención para los fans. Al final del presento texto, veréis un vídeo mostrando el gameplay de Final Bout. Al principio, podéis echarle un ojo a la secuencia de introduccción. En serio: espectacular.

Dragon Ball Final Bout

Ese Goku adulto con su ropa de GT enfrentando a Freezer, en una lucha completamente desproporcionada para la que el villano favorito de la franquicia no tendría suficiente poder. Recordemos que Goku ha pasado por varias etapas de Super Saiyan, por lo que aquel Super Saiyan básico que abrumó a Freezer queda muy por debajo de un Super Saiyan 3. Ese Vegeta Contra Goku, ese Gohan definitivo aporreando el cuerpo de Super Buu de una manera que ojalá, ojalá, se hubiera visto en la serie.

Es una pena que algunos detalles de la introducción se hayan quedado precisamente en eso, en detalles, pues nos revela algunos datos que luego no tendrían presencia en el videojuego. No tendremos disponible a Vegeta sin estar en estado Super Guerrero, ni a Super Buu. Sin embargo, el plantel es lo suficientemente grande como para resultar interesante, incluso sin contar a los personajes secretos.

Dragon Ball GT nos presentaba un plantel de diez personajes principales: Goku (GT), Pan, Goku niño (GT), Trunks (GT), Vegeta, Gohan, Célula, Kid Buu, Freezer y Piccolo. De serie, contábamos con estos para dar pie a nuestras primeras partidas. Ocultos, bajo ellos, quedaban siete personajes más, seis de ellos de fácil acceso.

En lo básico, todos los personajes se manejaban de exactamente la misma manera: un botón para puñetazo, otro para patada, un tercero para cubrirse, y el cuarto para lanzar una pequeña esfera de energía. Combinando el botón de cubrirse y el de puñetazo, recargábamos nuestro ki; en general, eso era todo. Si pulsábamos Adelante + L2, ejecutábamos una serie de combos especiales automatizados, similares para todos.

Dragon Ball Final Bout

Donde Final Bout se diferenciaba era en el uso de las técnicas especiales. Todos las conocemos ya, a estas alturas: Kame Hame Ha, Final Flash, Masenko. Varían en cuanto a tamaño, alcance y radio, pero no tanto en cuanto a extensión o a daño. Sin embargo, están bien representadas y veremos pequeñas secuencias si lanzamos las técnicas a distancias largas.

Por último, los personajes serán capaces de ejecutar combos precocinados y, en este caso, cada uno golpeará de acuerdo a sus propias técnicas. Piccolo y Buu usarán las extensiones de sus cuerpos, mientras que Freezer se ayudará de su cola. Estos ataques son los que le dan rapidez al juego y los que marcan la diferencia entre una victoria fácil o una derrota aplastante. Para ejecutarlos, bastaba con utilizar las medias-lunas aprendidas en la saga Street Fighter, pues el sistema de control era bastante similar en ese caso.

El Píxel es bello… pero no en este caso

Dragon Ball Final Bout es simple. Sin embargo, lo que lo hace un ‘mal juego’ a ojos del público es la lentitud de sus movimientos, de su desplazamiento por la pantalla, de su parquedad al levantarse. Es el efecto pasear por la luna. Los saltos gravitacionales, los empujes lánguidos, el volar. Todos y cada uno de los movimientos que realicemos dentro del juego requieren un tiempo demasiado exasperante que, y es cierto, es una barrera que limita la posibilidad de que alguien se encariñe con Final Bout. Yo lo hice, puede que por determinados devenires nostálgicos, pero no es algo que sea para cualquiera.

Puede que encontrara en Dragon Ball GT: Final Bout la satisfacción de reencontrarme con una saga que amaba. A pesar de que nunca comprendí por qué habían relegado a un todopoderoso Trunks a una piltrafa, y tampoco llegar a entender por qué Vegeta tenía bigote y un corte de pelo, Goku en Super Saiyan 4 me conquistó. Y, en este juego, después de horas y horas, podía jugar con él por primera vez. Y es un personaje demoledor.

Dragon Ball Final Bout

Me gustaban las secuencias de las técnicas. Piccolo preparándose para su makankosappo (special beam cannon), Vegeta levantando uno de los brazos para su Big Bang, Célula levantando su shougekiha (barrera perfecta). Para mí, eran la representación perfecta de aquellas técnicas con las que tanto alucinaba en la serie. El tiempo y la nostalgia han ayudado a que los vea de buena manera y, entiendo, muchos no percibieron aquellos modelados en 3D como algo que relacionasen con su serie favorita. Pero yo me vi en ese campo.

Es cierto que Dragon Ball GT no tiene mucho que ofrecer. No tiene apenas modos de juego, salvo el arcade, el versus y un modo build-up (al estilo RPG) que tampoco nos ofrecía algo realmente interesante. Sin embargo, para mí era suficiente con enfrentarme al modo principal y ganar cada batalla para plantarle cara al gran y enorme jefe del final del videojuego.

No es un buen juego, he de darle la razón al público medio. Sin embargo, conecta con aquel niño que se emocionó cuando Goku partía a lomos de Shenron, cuando Pan lloró, cuando Goku y Vegeta alcanzaron la fusión. Super seguirá adelante, y es posible que Dragon Ball se extienda más aún… pero GT marcó un antes y un después en mí. Final Bout es sólo la representación en juego de aquellos sentimientos.

Se han hecho otros títulos mejores. Pero la nostalgia es una amante difícil de dejar.