Los minijuegos siempre han tenido bastante atractivo por su capacidad para ofrecer diversión inmediata y breve. Unas píldoras que concentran la esencia del entretenimiento y que el mundo del videojuego ha aprovechado por este potencial. Nintendo ha sido una de las compañías que con más fuerza ha apostado por este tipo de contenidos creando títulos que se basan exclusivamente en ellos. Mario Party es quizá uno de los máximos exponentes de este particular género, aunque la compañía nipona ha sido capaz de ir un paso más allá.

Si los minijuegos ofrecían emoción y diversión encapsulada, su hermano pequeño multiplica todas esas sensaciones. Como si uno de esos espejos que distorsionan la imagen se tratase, Nintendo aprovechó a Wario para distorsionar lo creado en Mario Party y poder ofrecer la particular visión del antihéroe de este mundillo. De esta forma nacían los “microjuegos” en los que en cuestión de segundos teníamos que resolver, como si de un puzzle se tratase, un desafío. Todo ello rodeado de un ritmo frenético del que es casi imposible escapar y en el que los fallos nos penalizan, pero no lo suficiente como para impedirnos seguir disfrutando. Y WarioWare Gold se ha convertido en su máximo exponente. 

Precisamente uno de los mayores atractivos que ofrece WarioWare Gold son los 300 microjuegos que lo componen y que hacen que sea uno de los más completos de la saga. Toda una batería de pruebas de gran variedad que sacan el máximo provecho de las capacidades de Nintendo 3DS. Este es sin duda uno de las mayores virtudes que nos presenta este título ya que nos permite a los jugadores elegir el tipo de pruebas que más nos gusten. O bien, nos facilita el sumergirnos en la vorágine de de microjuegos y comprobar lo lejos que podemos llegar sin fallar.

La saga WarioWare desde sus orígenes ha buscado ofrecer esa mencionada variedad a la hora resolver los microjuegos. Si en 2003 la forma de interactuar se limitaba básicamente a las flechas y botones de nuestra Game Boy Advance, en WarioWare Gold tenemos que hacer uso de la pantalla táctil, botones, flechas, micrófono y giroscopio. Y aunque pueda parecer que esa mayor complejidad está enfrentada a la esencia básica e inmediata de la saga, lo cierto es que incorpora un toque de locura y tensión que nos fuerza a estar más atentos que nunca para salir airosos de esas pruebas.

En cualquier caso, lo que siempre ha caracterizado a esta franquicia es que ha sabido utilizar todas las capacidades de la plataformas en las que ha sido publicada. Esta característica hace que cada una de las entregas de la saga añada ese toque de locura y variedad. Eso y que los jugadores nunca sabemos a que atenernos una vez que hemos comenzado una partida. Y es que si algo podemos esperar de WarioWare es que nos sorprenderá, no sabemos cuándo, pero en antes o después lo conseguirá.

Eso sí, como suele ocurrir con este tipo de títulos es conveniente señalar que no son juegos para todo el mundo, y WarioWare Gold no es una excepción. El principal motivo, más allá de que nos guste o no la cuestión de los microjuegos, es la naturaleza de algunas de estas pruebas. Algunos de ellos pueden ser considerados como desagradables, ya que sorber mocos o arrancar pelos, pueden no ser temas con los que algunas personas se sientan cómodas. Situaciones que deberían tomarse en tono jocoso pero que es comprensible que no a todos les guste. En este sentido, estamos ante una saga con un fuerte componente de humor japonés, con todo lo que ello supone.

Pero como ya hemos mencionado, en la variedad está el gusto y WarioWare Gold es un exponente de esta máxima. Rápido, ágil, adictivo y muy entretenido que hacen que cualquier aficionado a los minijuegos debería tenerlo en consideración. Y es que tras más de diez años desde la publicación de la primera entrega de la saga, Nintendo parece haber dominado con maestría este peculiar subgénero.