En un pub, mientras la peña está de fiesta loca, sentado en un taburete y delante de un crt de 29”, un enano tiene otras cosas más importantes en las que pensar. Frente a él se halla su archienemigo: una gárgola roja que revolotea de una manera errante por la pantalla. Cientos de batallas previas, todas ellas acabadas con derrota, quedan a la espalda del caballero que le hace frente. 

Hemos sobrevivido a zombis, plantas carnívoras, y hasta a ir en gayumbos por un cementerio. Sentimos que esta vez el resultado será diferente y la victoria será nuestra……; pero no, la hemos palmado otra vez y acabamos convertidos en un montón de huesos mientras la puñetera gárgola sigue danzando por ahí toda contenta cachondeándose. Algún día acabaré contigo, porque ahora es momento de irme a la cama a dormir.

Este es el resumen de mi primera memoria jugable y mi primera experiencia con un juego de cierta compañía, que pese a ser ya bastante famosa por Japón, por estos lares era más conocida por haber creado la máquina del caballero, la de los aviones, o la del fulano de la espada.

Dame una moneda, colega

Si aún no has llegado a la veintena, posiblemente no tengas ni idea de lo que era ir a esos tugurios llenos de humo, pantallas de colores y habitantes aún más coloridos. Estos lugares, a veces, eran has ta más peligrosos que los que podías visitar en sus diferentes “maquinitas” y, en algunas ocasiones tendrías que pagar un peaje en el oro del momento por salir de allí con vida.

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No todo era malo. Cuando las fuerzas del mal no rondaban la zona, eran sitios bastante divertidos – para ti seguramente, porque para tus padres no creo que lo fuesen mucho, aparte de costarles un dineral, al menos en mi caso – donde conocer a gente y, lo más importante, descubrir nuevos juegos casi cada semana.

Aquí es donde supongo que se gestó el monstruo que escribe estas líneas, pero también es donde Capcom empezó a ser el gigante que es hoy. Porque no, antes de vender gritones de Monster Hunter, o asustar a medio mundo con Resident Evil, la compañía de Osaka ya se perfilaba como la referencia que es actualmente. Pero en vez de en nuestro hogares, lo hacía en las salas de Japón – y del mundo mundial- .

Empezando por cosas relativamente simples para hoy en día – ya que la tecnología era la que era – como Vulgus o 1942, ya empezaron a crearse un nombre dentro de la industria. Estos no eran muy diferentes de lo que ya había: clones de matamarcianos básicamente con alguna cosa original, como poder esquivar las balas con un looping en 1942. Estos fueron las bases para crear un estilo propio y así llegó lo que sería su primer gran hit internacional: Ghosts N’ Goblins.

Las aventuras del caballero de divertida ropa interior en busca de su princesa fueron la confirmación de algo que ya se veía venir. Poco después llegarían más títulos como el juego de tortas en el que llevabas una espada y un escudo con el que podías cubrirte, Trojan – voy a usar los nombres occidentales porque de aquella no sabía ni dónde estaba Tokio – el juego de naves de los ángeles más conocido como Legendary Wings, o la cosa rara que era Bionic Commando,rara porque era un juego de plataformas ¡y no podías saltar!

A estas alturas, Capcom ya era una compañía más que respetada en los salones recreativos y, posiblemente, con una hucha bastante considerable. ¿Qué podían hacer con tanto dinero?: ¿irse de vacaciones al Caribe?; ¿comprarse un chalet en Benidorm? o por el contrario, ¿crear una de las placas recreativas más importantes de la historia? Por suerte, son japoneses y eso de las vacaciones no se lleva mucho por allí. Así que por el bien del mundo, decidieron tirar por la última opción.

Capcom Power System

Con este rimbombante nombre fue bautizada la placa que iba a suponer un antes y un después para la compañía. Si te da por pensar hits de los 90s en una sala recreativa, Capcom puede que fuese la reina suprema. Y si no te lo crees, simplemente echa un ojo a la lista de títulos que fueron sacando en esa CPS-1 y su importancia en la historia de los videojuegos: Strider, Forgotten Worlds, Ghouls’n Ghost, Mercs, Final Fight – el cual aún recuerdo cómo nos dejo a todo el mundo con los ojos como platos con sus gráficos, música, todo – Captain Commando o, hasta incluso, un juego del que a lo mejor has oído hablar alguna vez: Street Fighter II. Literalmente, no podían parar de molar.

Cualquier cosa que sacasen con su logo iba a ser un éxito casi asegurado. Si llegabas un día a tus recreativos habituales y había llegado algo nuevo de Capcom, ya sabías que posiblemente no ibas a poder jugar ese día y te iba a tocar ir tempranito el finde siguiente para ver si así podías pillar sitio. Ya lo dije en el análisis de Street Fighter Anniversary Collection, las colas que viví para poder jugar a Street Fighter II no las volví a ver nunca más. Tardé un mes, literalmente, para poder jugar con Guile.

Es de suponer que la escena en las oficinas de Osaka sería parecida a un video de Snopp Dogg en los 90s: billetes volando, Moet a go go y, en vez de jamonas meneando el bullarengue, gente bailando una conga – como vi en un vídeo de Square de esa época tras terminar el Final Fantasy VI -. Pero volvamos a recordar que estamos hablando de Japón y trabajar es lo primero,….pero fijo que alguna fiesta se pegaron.

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¿Cómo narices vas a superar el éxito que te convirtió en un gigante? Pues difícil estaba la cosa, pero por intentarlo no iba a quedar. Así que tras la CPS-1 llegó la CPS-2 – previa revisión de la primera – y más tarde la 3, pero eso aquí no nos toca.

Con ella todo era más y mejor: ¡mejor sonido!, ¡mejores gráficos!, ¡personajes más grandes!, ¡más caos en la pantalla!. Frente a su primera versión, ésta, siguiendo la línea del éxito de los juegos de lucha las salas, se centró sobre todo en ellos. Juegos como Cyberbots , el cual comparte universo con otro beat’em up lanzado para la misma, Powered Gear, son buenos ejemplos de las capacidades antes mencionadas de la nueva placa. Capaz de llevarnos de pegarnos con robotos gigantes a hacerlo contra bichejos del espacio, mientras controlamos a una avestruz mutante, como sucede en Battle Circuit, uno de los grandes desconocidos de esta época.

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Casi tanto como los shoot’em ups creados por Capcom. Al principio comentaba que empezaron con Vulgus y 1942, pero no se detuvieron ahí. Le siguieron las múltiples secuelas del segundo – a cada cual de ellas mejor –, Varth: Operation Thunderstorm, Carrier Air Wing y muchos más. Incluso colaboraron con Takumi para crear otro clásico, Giga Wing. Como tampoco puedo olvidarme de Progear, la colaboración steampunk con Cave, la cual está disponible de manera oficial por primera vez.

Arcade en casa

Si después de esta historia de abuelo cebolleta te ha picado la curiosidad por probar muchos de los títulos previamente mencionados, estás de suerte. Aquí podrás encontrar la enorme mayoría de sus hits desde mediados de los 80s hasta finales de los 90s. Todo ellos junto a los típicos extras de estos recopilatorios: rankings online, marcos, filtros – te aconsejo que sólo uses el de scanlines sin nada más si quieres tener una imagen lo más fiel a los originales – la posibilidad de poder rebobinar, acelerar o ralentizar la velocidad, y hasta crear save states, lo cual hace más llevadero pasarse más de uno de los juegos. 

También tiene detalles simpáticos como poder crear tu propia sala con las diferentes máquinas que Capcom sacó durante esos años – sí, también hacían sus propias recreativas, como la Mini Cute – o la animación de la moneda entrando en la ranura.

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Para un servidor falta un museo donde poder ver más información sobre los juegos como ilustraciones, anuncios, entrevistas, etc. Esto hubiese sido realmente interesante, porque la cantidad de contenido habría sido enorme, y nunca está de más ver las ilustraciones de Akiman bien grandes, ¿no?

Obviamente, también faltan muchos juegos: Willow, Cadillacs & Dinosaurs o Nick Fury & The Punisher probablemente no estén por problemas de licencias. Como otros míticos que sí que han sido incluidos en recopilatorios previamente como Black Tiger o Knights Of The Round y aquí no están. Y eso por no hablar del chorrón de juegos de lucha de la época. Pero Capcom ha prometido expandir la colección con el tiempo, así que no podemos descartar nada por ahora, a lo mejor ni el Three Wonders.

Lo que Capcom Arcade Stadium pretende es un repaso por la época dorada de los arcades y la influencia de una compañía que ha sido – y es – uno de los principales pilares en la historia de los videojuegos.

Así que, si quieres descubrir lo que era pasar mañanas y tardes muertas dentro de esos locales, apaga las luces, sube el volumen – si fumas, puedes darle hasta un toque más de realismo echándote uno – y prepárate para enfrentarte a Red Arremeer.

Criatura que podrás ver en el siguiente vídeo junto a otras hierbas de diferentes juegos del recopilatorio. Algunos clásicos como 1942, Final Fight, Captain Commando o Ghosts’N Goblins, y otros menos conocidos Battle Circuit, Progear o Cyberbots.

Capcom Arcade Stadium está ya disponible en PS4, Switch, Xbox One y PC.