DOOM Eternal consiguió algo que parecía difícil, superar a su anterior entrega. En esta segunda parte id Software consiguió refinar la fórmula para ofrecer a los jugadores más acción, velocidad y cotas de desafío en cada uno de los combates que nos presentaba.

Conscientes de su éxito, Bethesda e id Software han seguido la senda marcada por DOOM Eternal para desarrollar los DLC de esta entrega. En este sentido, The Ancient Gods sube a la palestra con esas mismas ideas: acción desenfrenada y oleadas sin fin de demonios que debemos combatir a velocidad de vértigo.

Sin embargo, no es difícil comprobar que esta primera parte de DOOM Eternal: The Ancient Gods se ha pasado de frenada en algunos de estos aspectos. Más, no siempre es mejor, y este DLC es un ejemplo de ello. Si bien es cierto que todo lo que hacía destacar a Eternal está presente, también lo es que se ha llevado al extremo.

Desde el primer momento, The Ancient Gods no nos deja ni un segundo de tranquilidad. La estructura que estaba presente en el juego base la encontramos aquí reducida a la mínima expresión. La exploración se ha dejado prácticamente de lado para centrarse en la acción más directa que podamos imaginar.

Esta reducción de la exploración es todavía más acusada debido al diseño de los escenarios que son más lineales y en general más pequeños. Esto por sí mismo no es un problema, pero en The Ancient Gods se traduce en que muchas veces debemos luchar en ratoneras con poco espacio, lo que resulta especialmente incómodo cuando tenemos que luchar hordas de enemigos.

DOOM Eternal: The Ancient Gods ha incrementado la dificultad notablemente respecto al juego base y eso es algo que se percibe en cualquiera de todos los niveles de desafío. Las arenas son más largas y los enemigos a los que nos debemos enfrentar aparecen en ingentes cantidades e id Software no se ha cortado a la hora de lanzarnos a la cara todo su elenco demoníaco incluso en la primera misión. Algo que podemos apreciar en el siguiente gameplay:

Esto, unido a los espacios más pequeños en los que tenemos que combatir hacen que la dificultad se dispare de forma insospechada. A eso hay que añadir los nuevos enemigos, cuyas mecánicas complican todavía más los combates en esta primera parte de DOOM Eternal: The Ancient Gods.

Por fortuna, a nivel técnico DOOM Eternal: The Ancient Gods sigue siendo sobresaliente. A pesar del mayor número de enemigos en pantalla la experiencia de juego no se resiente y los FPS se mantienen estables. Esto es de agradecer, ya que ahora más que nunca la acción no deja ni un recoveco para el error.

En este sentido, el trabajo realizado por id Software sigue siendo sobresaliente y es sin lugar a dudas lo que hace posible que los desafíos que presenta The Ancient Gods en esta primera parte puedan ser superados. En lo que se refiere al diseño artístico y al apartado visual, nos encontramos ante un gran trabajo. Quizá algo menos variado que en el juego base, aunque puede que la segunda parte que está por llegar lo complemente.

Eso sí, sigue siendo un título realmente espectacular en lo que se refiere a efectos visuales y animaciones. Y como mencionábamos, todo ello sin comprometer el rendimiento del juego.

A pesar de que DOOM Eternal: The Ancient Gods es una expansión, se trata de un contenido independiente al juego base. Esto significa que aquellos que quieran empezar por esta aventura pueden hacerlo. Sin embargo, no es lo más indicado por varios motivos.

El primero de ellos es que la trama sigue de forma directa lo sucedido en el juego principal. El otro es que la dificultad es muy elevada, y aunque contamos con todo el arsenal disponible, no hay una introducción pausada. DOOM Eternal: The Ancient Gods nos mete de lleno en la acción sin ningún tipo de prolegómeno, lo que puede suponer una carta de presentación muy negativa para un recién llegado.

En cuanto a la duración, esta primera parte de The Ancient Gods se compone de tres misiones únicamente. Sin embargo, completarlas nos podría llevar entre 6 y 10 horas dependiendo de nuestra habilidad y de la dificultad que hayamos escogido. Un número nada desdeñable para tratarse de la mitad de la expansión.

Por último, la banda sonora mantiene el estilo de DOOM Eternal pese a que su compositor abandonase la franquicia por desavenencias con la compañía. Andrew Hulshult y David Levy han hecho un buen trabajo en el apartado musical intentando guardar la esencia de la saga al tiempo que imprimen su propio estilo.

Conclusión

Esta primera entrega de DOOM Eternal: The Ancient Gods es bastante continuista y las pocas innovaciones que aporta sobre la fórmula no nos ha parecido que hayan funcionado como se esperaba. Sí, esta expansión potencia todos los aspectos que hicieron tan interesante al juego base, pero se han llevado demasiado al límite.

Esto hace que en ocasiones la experiencia de juego resulte frustrante, especialmente en los primeros compases de The Ancient Gods. Las arenas dan la sensación de ser artificialmente largas y algunas incluso parecen estar mal calibradas. Todo esto refuerza esa sensación de “exceso” y de que no resulta todo lo divertido que debería ser el juego.

A pesar de todo, visualmente seguimos estando ante un título impresionante y que es técnicamente impecable. Gracias a ello DOOM Eternal: The Ancient Gods puede ser disfrutado en su plenitud, ya que de no ser así sería imposible superar sus desafíos.

Obviando estas cuestiones, lo cierto es que DOOM Eternal: The Ancient Gods podía haber sido un comienzo de expansión mucho más prometedor si su planteamiento hubiese sido algo más escalonado. Quedamos expectantes respecto al segundo capítulo con el que Bethesda e id cerrarán este arco argumental de las aventuras del Demon Slayer.

DOOM Eternal: The Ancient Gods (Primera parte) ya disponible para PC, Ps4 y Xbox One.