La llegada del reboot de la saga DOOM en 2016 supuso el retorno por la puerta grande al mundo de la acción con mayúsculas por parte de la veterana franquicia creada por id Software. Este reinicio recuperaba la acción desenfrenada que cautivó a los aficionados en 1993 con la obra de John Carmack y John Romero al tiempo que actualizaba la fórmula a nuestros días.

DOOM supo recuperar su esencia y al mismo tiempo dejar a los seguidores de la saga con ganas de más. Una promesa que se formulaba a través de un final muy abierto que nos invitaba a proseguir con las peripecias del “DOOM Guy” y su particular matanza de demonios y engendros cibernéticos. Ahora, DOOM Eternal toma el testigo con una nueva entrega que intenta llevar a la saga un paso más allá de lo que pudimos ver en 2016.

En líneas generales, podemos afirmar que Bethesda e id Software han intentado innovar con DOOM Eternal en varios aspectos para no dejarse lastrar por un excesivo celo conservador. Algo que suele ser habitual en las entregas que suceden a un título especialmente exitoso. Los cambios no son rompedores pero sí significativos en algunos aspecto tal y como iremos desgranando en este análisis de DOOM Eternal.

Apartado técnico

Uno de los aspectos más llamativos y sorprendentes de DOOM Eternal es su apartado gráfico. El juego es capaz de poner en pantalla infinidad de enemigos y efectos visuales sin que se vea resentido su rendimiento en casi ningún momento. Sin duda esto es toda una proeza ya que en ocasiones nuestro campo de visión se ve inundado de elementos, y aún así, podemos seguir moviéndonos sin temor a que el juego se pare.

Aunque esto ya ocurría en el anterior DOOM, en esta entrega se ha ido un poco más allá ya que el número de enemigos que podemos llegar a tener delante de nosotros es todavía mayor. Si a eso le añadimos que visualmente estamos ante un título más detallado nos podemos hacer una idea del esfuerzo realizado por Bethesda e id por lograr una estabilidad de frames suficiente para que la experiencia de juego no se vea enturbiada por los problemas de índole técnico.

Como hemos señalado, el nivel de detalle de DOOM Eternal es mayor que el de su predecesor. Esto se puede apreciar en los demonios que combatimos que aunque los modelos son prácticamente iguales, si los comparamos directamente podremos observar multitud de elementos que los hacen ligeramente diferentes gracias a pequeñas modificaciones que los hacen más realistas y “orgánicos” que nunca.

En este sentido, DOOM Eternal es todo un espectáculo a nivel visual en el que el nivel de detalles es abrumador y las animaciones muestran con toda crudeza la brutalidad de este título. Esto es especialmente cierto cuando realizamos las ejecuciones, donde este apartado brilla con más fuerza. 

Lo mismo ocurre con los entornos, mucho más variados. En DOOM Eternal recorremos el infierno, la Tierra y el espacio en nuestra gesta por acabar con los entes demoníacos liberados en Marte. Los escenarios tampoco es que sean muy grandes, lo que contribuye a ofrecer más potencia gráfica, pero aún así no resultan pequeños, pudiendo señalar que su tamaño es el adecuado para ofrecer dosis continuadas de acción y tensión.

A pesar de que DOOM Eternal ofrece un apartado técnico muy sólido y prácticamente impecable, sí es cierto que a lo largo de nuestras sesiones de juego hemos experimentado algún que otro bug. Estos no han sido errores de gran importancia, pero sí es cierto que alguno de ellos puede resultar molesto. En cualquier caso, no hemos tenido problemas para continuar la partida, aunque esperamos que más pronto que tarde se pulan estas pequeñas aristas. 

Jugabilidad

DOOM Eternal hace gala de una jugabilidad directa y desenfrenada, aunque en esta ocasión quizá se haya enrevesado demasiado respecto a la entrega de 2016. En este sentido, nuestro arsenal de armas secundarias se ha ampliado bastante así como el de movimientos que podremos realizar. Todo ello nos da más opciones a la hora de combatir a los demonios, pero puede llegar a ser abrumador en algunos momentos o en el peor de los casos que nunca lleguemos a utilizar determinadas opciones.

Quizá el aspecto más polémico de DOOM Eternal sea la llegada de zonas al más puro estilo “plataformero” en las que tendremos que efectuar cadenas de saltos para llegar a determinados lugares y poder progresar en la historia. Lo cierto es que tampoco se abusa demasiado de estas áreas, pero en honor a la verdad en ocasiones pueden romper el ritmo de juego. De hecho, casi hemos muerto más en estas secciones que en las confrontaciones directas contra los enemigos. 

En cualquier caso, la tónica general de DOOM Eternal siguen siendo los combates sin pausa frente a infinidad de enemigos. Las “arenas” regresan una vez más aunque en esta ocasión han sido integradas de forma más sutil. Eso sí, la idea sigue siendo la misma: derrotar oleadas de demonios de una dificultad creciente. Una vez superadas, podremos seguir avanzando por el nivel en cuestión y así se desarrollan la práctica totalidad de los niveles de este shooter.

Una fórmula que funciona y que una vez más se ve aderezada con toques de exploración que nos recompensará con secretos y modificaciones de armas en caso de que dediquemos nuestro tiempo a este menester. Esta es una forma de exprimir todavía más este título aunque algunas de las tareas secundarias que podremos afrontar serán de gran dificultad. En ellas podemos destacar unas arenas especiales en las que el nivel de desafío es abrumador incluso en los niveles más bajos y que requerirán de toda nuestra habilidad para ser superadas.   

Podríamos afirmar que en ocasiones son abusivas e incluso mal planteadas, ya que pueden aparecer enemigos que ni siquiera hemos visto en el momento de la campaña en el que nos encontremos. Algo que sin duda arruina ese factor sorpresa de encontrar por primera vez a un demonio en concreto.

Pero obviando lo anterior, DOOM Eternal en líneas generales consigue ofrecer aquello que promete e introduce algunos elementos muy interesantes. Uno de ellos son los puntos débiles de determinados enemigos. Algunos de los demonios que encontraremos a lo largo del juego podrán ser debilitados o eliminados con más facilidad si concentramos nuestro fuego en lugares concretos de su anatomía. Esto añade un toque más táctico a DOOM, aunque en ocasiones sea difícil disparar a estas zonas debido a que tendremos que estar concentrados en sobrevivir.

En relación con lo anterior hay que señalar que DOOM Eternal es un título bastante exigente con el jugador, especialmente en los niveles altos de dificultad. El daño que recibimos es bastante elevado y para alcanzar el éxito tendremos que encadenar ejecuciones, botiquines y esquivar todo el fuego enemigo que podamos. Todo esto hace que la sensación de frenesí sea continua y que los momentos de descanso que tengamos sean pocos.

A pesar de todo, los tiempos están bien medidos para dar momentos de relax a los jugadores. En ocasiones estarán estas situaciones estarán protagonizadas por esas secciones de plataformas anteriormente mencionadas y otras las encontraremos tras superar una arena o nada más llegar a un área nueva. Aunque sin duda estos momentos de paz los encontraremos en un nuestra base orbital.

DOOM Eternal introduce este concepto de base que hemos podido ver en la saga Wolfenstein a través del cual podemos seleccionar la misión que queramos hacer o acceder a determinadas mejoras de nuestro traje. Esta es una concesión a los tiempos modernos y que sin añadir nada especialmente sustancial al juego sí ofrece esos momentos de paz anteriormente mencionados.

En lo que se refiere al arsenal, podemos señalar que es bastante clásico aunque con algunas incorporaciones. La mayor parte de ellas vienen dadas por armas auxiliares como un pequeño lanzallamas o un lanzagranadas que nos proporcionará determinadas bonificaciones si lo usamos sobre los enemigos. Una vez más, no resultan determinantes aunque son bastante útiles si son usados con cabeza y combinados con el resto de armas a nuestra disposición.

Por último, además de todas las armas que podemos utilizar hay que añadir toda una variedad de movimientos y habilidades que podemos desbloquear. Algunos de ellas son la capacidad para esprintar dos veces o ralentizar el tiempo. Todas nos darán algún tipo de ventaja que tendremos que usar para solventar los combates más difíciles o para superar las zonas de plataformas que hemos mencionado.

Como aspecto negativo podemos señalar que en ocasiones el número de acciones que tenemos que realizar es muy elevado, teniendo que hacer multitud de combinaciones con el teclado para poder esprintar, saltar o ralentizar el tiempo. Nada que por otro lado sea imposible de realizar, pero que sí puede llegar a ser algo farragoso. 

Obviando todo esto, DOOM Eternal es un título muy competente y que sigue la esencia marcada por su predecesor. Todo está a una mayor escala en esta entrega aunque sí es cierto que en determinados momentos esa grandilocuencia se les ha escapado de las manos a Bethesda e id Software. En cualquier caso, el gunplay sigue siendo excelente y la acción desenfrenada es del más alto nivel. 

Por otro lado, DOOM Eternal ha descartado la modalidad multijugador que pudimos ver en la entrega de 2016 por otra más adaptada a los tiempos que corren si hacemos caso a las palabras de Pete Hines estaba “anticuado”. El antiguo “Deathmatch” ha sido sustituido por otro formato en el que dos jugadores encarnamos a un demonio que debe eliminar a un tercer jugador que encarna al DOOM guy. 

Un formato diferente que apuesta por el enfoque asimétrico que resulta interesante y que divide la acción a través de 5 rondas. Una alternativa al modo campaña que puede darnos alguna que otra alegría aunque no deja de ser un añadido al modo historia de DOOM Eternal.

Gameplay

A continuación os dejamos un pequeño gameplay de DOOM Eternal en el que puede se puede observar su acción frenética y desenfrenada.

Apartado sonoro

La banda sonora de DOOM Eternal se mantiene al nivel que podíamos esperar ofreciendo piezas de gran calidad que nos ayudan a mantener la tensión y la acción en todo momento. Entre los secretos que podemos encontrar diseminados por este título destacan algunas piezas musicales con las que enriquecer todavía más este apartado. 

Y en lo que se refiere a los efectos sonoros, la calidad es indiscutible y contribuyen a crear una experiencia de juego todavía más redonda. DOOM Eternal cuenta con un doblaje al español notable que también contribuye a hacer más inmersivo este título, especialmente para aquellos que no pueden disfrutar de las voces en inglés. 

Conclusión

DOOM Eternal es más y en casi todos los aspectos mejor que su antecesor. Si bien es cierto que el anterior DOOM resultaba más contenido en su propuesta, id Software ha intentado innovar y llevar la acción un escalón más arriba con esta entrega. Una meta que ha conseguido aunque no sin ciertas aristas que empañan un poco el resultado final. 

Nos referimos especialmente a las fases de plataformas, que sin llegar a abusar de ellas, sí que parece que están un poco fuera de lugar. Algunas de ellas suponen un anticlimax y otras sencillamente no están integradas de forma natural en DOOM Eternal resultando demasiado evidente que han sido introducidas en una sección determinada simplemente porque era lo que tocaba.

La dificultad también puede resultar bastante elevada en algunas ocasiones, aunque la sensación de triunfo tras superar uno de estos retos es bastante elevada. En general, no percibimos que DOOM Eternal sea un título injusto aunque puede haber momentos que sí lo son. Más allá de estas situaciones puntuales, nos encontramos ante un sucesor más que digno que nos deja con ganas de más y a la espera de lo que sus DLC nos tienen que ofrecer.

DOOM Eternal ya disponible para PC, PS4 y Xbox ONE.