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Hoy en día resulta extremadamente raro que un videojuego no se comercialice de forma global. A pesar de que todavía persisten unos pocos ejemplos, la tecnología nos ha facilitado mucho la vida y ha puesto a nuestra disposición multitud de vías para hacernos con esos títulos. Pero hubo un tiempo en el que adquirir un juego que únicamente salía en Japón o Estados Unidos Unidos no era tan sencillo. Uno de estos ejemplos fue Dragon Quest VII que en su momento no fue lanzado en Europa.

Ahora Square Enix y Nintendo han aprovechado para resarcir de algún modo a los aficionados de la saga y han creado un remake de esta entrega adaptándolo a nuestros días. Dragon Quest VII: Fragmentos de un Mundo Olvidado permite a muchos jugadores vivir este particular episodio que en su día no pudieron disfrutar. Eso sí, este remake introduce bastantes cambios respecto al original, aunque por fortuna la mayor parte de ellos están encaminados a mejorar la experiencia de juego. Sin más dilación, procedemos al análisis al detalle de Dragon Quest VII: Fragmentos de un Mundo Olvidado.

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Apartado técnico

Uno de las principales novedades que ofrece Dragon Quest VII respecto al juego original es el cambio gráfico que ha experimentado el remake. En esta ocasión se ha prescindido de la estética pixelada en 2D para ofrecer un universo en tres dimensiones. El cambio no está mal, aunque tampoco era del todo necesario, sobre todo para aquellos que se declaran amantes del píxel. En cualquier caso, la calidad gráfica es bastante buena para lo que puede ofrecer una consola como 3DS.

Sin embargo, este salto a las 3D ha tenido algunas consecuencias inesperadas por el camino, que se traducen en momentos en los que el rendimiento baja. No son demasiado frecuentes estas situaciones, pero sí ocurren de vez en cuando. Tampoco suponen un problema a la hora de disfrutar del juego, pero es cierto que para los más puristas pueden llegar a ser molestas. También hay bastante «popping», algo que sí puede resultar molesto.

Lo que sigue fiel a la estética de Dragon Quest es el estilo artístico de Akira Toriyama. Quizá demasiado para mi gusto, aunque para los entusiastas de la obra del mangaka japones es siempre un aliciente. El principal problema que ocasiona es que todos los modelos de personaje son iguales, con muy poca variedad, lo que resta inmersión al juego. Aunque claro, esto es algo habitual en la saga y con Dragon Quest VII tampoco se iban a hacer excepciones en este sentido.

Más allá de estas cuestiones, lo cierto es que obviando la repetición de modelos y algún problemilla ocasional de rendimiento, visualmente estamos ante un título magnifico y que exprime bastante la potencia de nintendo 3DS. Además Dragon Quest VII: Fragmentos de un Mundo Olvidado es fiel al título original más allá de su salto a las tres dimensiones, lo que siempre es algo de agradecer.

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Jugabilidad

Dragon Quest VII: Fragmentos de un mundo olvidado es un título bastante clásico en lo que se refiere a sus mecánicas jugables. Hay que señalar que efectivamente se han modernizado muchos de los elementos respecto a la versión de PSX, pero no es menos cierto que la esencia sigue estando ahí. Por tanto, tenemos entre manos un JRPG relativamente duro entre las manos, aunque Square Enix lo ha dulcificado bastante en esta versión.

Para empezar la dificultad ha sido reducida bastante en casi todos los estadios del juego, aunque es especialmente notable en la primera parte. Se han introducido funciones de ayuda en este Dragon Quest VII que nos facilitarán la vida y nos darán pistas sobre dónde debemos ir o qué debemos hacer. Sin embargo, el juego sigue resultando bastante críptico en ocasiones, y no son pocos los momentos en los que es fácil perderse.

Los combates siguen siendo por turnos pero la mayor parte de ellos puede eludirse sin problemas. Según exploramos el mapa los monstruos aparecen por el mismo y podremos esquivarlos, de forma que progresar en Dragon Quest VII es algo más sencillo y menos tedioso que en el original. Además, los requisitos de experiencia se han reducido y los combates se han hecho más sencillos de forma que el «grindeo» desaparece prácticamente. Al menos durante la primera parte del juego, ya que a partir de la segunda mitad, el juego sí comienza a ser desafiante y un verdadero reflejo de lo que es la saga Dragon Quest.

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En este sentido, la primera parte del juego se configura como una especie de extensísimo tutorial que puede prolongarse cerca de las 30 horas. Y es que Dragon Quest VII: Fragmentos de un mundo olvidado es un título con un ritmo muy pausado en el que los paseos de un lado a otro son bastante frecuentes. Sinceramente, en ocasiones resultan excesivos, pero también hay que entender que estamos ante un juego que es producto de otra época, aunque sí es cierto que algunos de ellos resultan totalmente intrascendentes y podían haber sido eliminados.

En esta versión se han incluido algunos elementos novedosos destinados a alargar todavía más la vida útil del juego. Se han introducido mazmorras especiales con una temática de un monstruo determinado que si logramos superar nos recompensa con un buen botín y experiencia. En definitiva, muchas novedades destinadas a hacer de Dragon Quest VII: Fragmentos de un Mundo olvidado un juego más completo que el original, aunque mucho más sencillo y amable.

Apartado sonoro

La banda sonora vuelve a repetir melodías y tonos clásicos de la saga Dragon Quest para que ningún seguidor de la misma la extrañe. Las canciones son de una calidad excelente, aunque en ocasiones resultan insuficientes para cubrir musicalmente un título de esta envergadura. Y es que la repetición quizá sea una de las mayores lacras a las que debe hacer frente Dragon Quest VII: Fragmentos de un Mundo olvidado, tanto en el apartado sonoro como en el visual. El juego no cuenta con voces, pero sí está traducido al español, aunque con muchas particularidades que el jugador descubrirá a medida que se adentre en este mundo.

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Conclusión

Dragon Quest VII: Fragmentos de un Mundo Olvidado es un buen JRPG capaz de ofrecer un sin fin de horas de juego y aventuras. A pesar de que ha sido simplificado respecto a la versión original, sigue siendo un título interesante y desafiante, sobre todo a partir de la segunda mitad del juego. Estamos ante un producto para enamorados de la saga, y aunque cualquier aficionado a los JRPG podrá disfrutarlo, sí es cierto que en ocasiones puede resultar bastante tedioso.

Como menciobabamos, el ritmo Dragon Quest VII: Fragmentos de un Mundo Olvidado es muy pausado y en ocasiones, esta lentitud puede llegar a ser ciertamente insoportable. Hay multitud de caminatas intrascendentes que nos hacen recorrer grandes distancia sin más objetivo que ir y volver para intercambiar unas pocas frases. Además, en ocasiones el juego resulta crítico en exceso, lo que dificulta el ritmo de juego.

Obviando estas cuestiones, lo cierto es que cuando el Dragon Quest VII pone en marcha su maquinaria, es un juego que se disfruta bastante y que puede llegar a ser muy desafiante. Es cierto que se progresa más rápido que en el original y que los trabajos se dominan más rápido, pero esto permite al jugador una mayor profundidad táctica y elimina parte de la necesidad de «farmear» experiencia para poder progresar o probar cosas nuevas.

En definitiva, Dragon Quest VII: Fragmentos de un Mundo Olvidado presenta luces y sombras, pero es difícil que estas últimas eclipsen a las primeras. Si «patearte» el mundo de Dragon Quest no es un problema para ti, este es un JRPG muy interesante y completamente recomendable, además de una ocasión única de poder jugar un título que durante tantos años no pudo disfrutarse en Europa.

Dragon Quest VII: Fragmentos de un Mundo Olvidado está disponible desde el 16 de septiembre de 2016 para Nintendo 3DS (32,90 euros).