Mi madre me contaba, que cuando se estrenó la primera película de “Tiburón” y fue a verlatodo el cine hizo la ola del susto que se llevaron cuando el escualo apareció en pantalla la primera vez. El pez gigante protagonista, hizo que la gente se pensase dos veces lo de mojarse el pandero al visitar la playa el verano siguiente. Por suerte no vivimos en Australia, y lo más gordo y temible que nos podemos encontrar en nuestros mares y océanos, es a algún turista lleno de paella y cerveza.

La peli también nos metió en la cabeza que los tiburones blancos dominan el mar, y que sus habitantes se cagan cuando ven uno, pero con el tiempo, hemos descubierto que ese lugar lo ocupan las orcas, que son realmente el mal. Aparte de ser tremendamente listas, también tienen una afición culinaria curiosa, y esa es el hígado de los tiburones. No, ¡si al final no van a ser tan malos los pobres!

Pezqueñines, no gracias

La introducción a lo National Geographic me sirve para enlazar con el comienzo de Man Eater el simulador de terror, y risa, marítimo. Este empieza como su fuese un episodio de un programa de televisión. Tenemos de todo, desde un narrador que nos acompañará en todo momento, que es un mar de conocimiento sobre los marrajos y su hábitat. O sus protagonistas: Scaly Pete, un aguerrido cazatiburones a la búsqueda del megalodón que mató a su padre para clamar su venganza. Al que acompaña su hijo Kyle, que no está muy por la labor de seguir los pasos de su padre por lo que parece. Por último, en tercer lugar, la protagonista principal, pero eso será en el próximo capítulo. 

Porque en nuestras primeras andanzas subacuáticas, no controlaremos a nuestra depredadora sino que haremos lo propio con su madre, el tiburón toro. Con ella a modo de tutorial, veremos cómo navegar por el mundo suboceánico y, sobre todo, la forma de comernos todo lo se nos cruce en nuestro camino. Controlar a un pez de tropecientos kilos no es algo fácil, y al principio es un poco raro ya que con el stick derecho movemos a la bicha y con el izquierdo, la cámara, algo parecido a lo que sería controlar un avión, o más acorde con el tema que nos ocupa, un submarino.

A la hora de cazar nuestro sustento tenemos varias opciones: podemos morder a nuestra presa, con las opciones de mordisquearla, o darle un meneo mientras la mantenemos en nuestras fauces, pegarle un coletazo para atontarla, o embestirla como si fuésemos un torpedo.

Somos imparables, una máquina de engullir que nada podrá par……..Vaya, Scaly Pete nos acaba de encontrar, y la cosa pinta muy mal. Tan mal, que hemos nacido mediante cesárea, pero esto no va a quedar así, nuestra venganza llegará, y mientras, nos hemos llevado un recuerdo de este pescador al que volveremos a ver en un futuro no muy lejano.

Comer, comer, para poder crecer, crecer

Huérfanas y desvalidas, hemos acabado en un pantano. Por si lo sucedido previamente fuera poco trauma, medimos medio metro, y esto está lleno de caimanes que están ya hartos de comer jubilados y sobras que les lanzan los turistas. Parece que nuestra única solución por ahora es zamparnos todo lo que podamos.

Porque comer es lo más importante cuando estás en edad de crecimiento, ¿no? Como en la vida real donde una acelga no tiene el mismo alimento que un entrecot, aquí pasa lo mismo, un jurel no es una foca, y sus diferentes nutrientes nos ayudarán a crecer y conseguir diferentes habilidades conforme vayamos avanzando en nuestra aventura. 

Siguiendo una dieta equilibrada, de proteínas, grasas, minerales, y hasta mutágeno proveniente de los animales mutados albinos, haremos que nuestro cuerpo marino crezca grande y fuerte, para así poder dar cuenta de esos feos caimanes. Conforme vayamos haciéndonos adultas, tendremos a nuestra disposición tres diferentes líneas de evolución: podremos ser un proyectil con un caparazón óseo, tener la habilidad eléctrica de las anguilas, o convertirnos en una sombra venenosa. Si ninguna de estas opciones te convence, puedes hacerte tu propio rondador de las profundidades a tu propio gusto combinando las diferentes partes, como un servidor ha hecho creando sus ariete de eléctricos colmillos, pero a lo mejor tu prefieres una aleta venenosa combinada con la cola eléctrica.

20.000 leguas de mutilación submarina

Obviamente, si comemos mucho, alcanzaremos un tamaño considerable, y el pantano se nos acabará quedando pequeño, con lo que nos veremos abocados a expandir nuestros horizontes y ver mundo. En nuestro viaje obviamente visitaremos playas, pero también interrumpiremos las partidas de los ricos en sus resorts de golf, iremos de fiesta, o visitaremos famosas ruinas sumergidas, como la casa de Bob Esponja o la barcaza de “Waterworld”. Al acceder a nuevas zonas tendremos acceso a nuevas presas que devorar y misiones que hacer para conseguir encontrar a Scaly Pete. 

Las misiones son multitud en número – el mapa va a acabar lleno de iconos a lo juego de Ubisoft – pero, por desgracia no tienen la variedad de nuestra dieta y en cada zona el procedimiento será siempre el mismo. Para avanzar, pasa por comerte una plaga de alguna especie varias veces, fastidiar – o sea, comerte – a algunos humanos, comerte a algún bicho gordo que ande por ahí y, por último, comerte al habitante más grande de la zona, el Apex Predator, que suele ser un animal ya visto pero con un skin nuevo. Si luego quieres seguir haciendo lo mismo, puedes repetirlo hasta que te aburras, porque la única opción alternativa es buscar los coleccionables de turno, en este caso localizaciones, que son bastante simpáticas y encontrarlas todas tiene premio. También puedes rastrear placas de coche, o los diferentes cofres que contienen nutrientes con los que evolucionar.

Como te ha debido de quedar claro a estas alturas, comer es lo más importante del juego, y el control no es que acompañe mucho. No puedes fijar la cámara en el blanco y ésta se pierde más de una vez cuando intentas seguir a tu objetivo, a lo mejor puede que sea una referencia a la ceguera de los tiburones en su parte frontal, quien sabe.

¿Y los humanos no hacen nada? Hay un pez como un autobús de grande zampándose todo y lo único en lo que piensan es en livin’ la vida loca. Sí y no. Por una parte, están por ahí haciendo el tonto y disfrutando de sus yates y motos de agua, tirando basura al fondo del mar – ya verás como está el pobre, fijo que te apuntas a Greenpeace – y, básicamente, esperando a ser tu próximo aperitivo. Pero por la otra, hay otros que te darán más guerra. Y es que mientras más humanos comas, más infame serás, llegando a un punto en el que hasta la marina irá a por ti. A lomos de sus barquichuelas, barcos o yates, y armados con arpones, cargas de profundidad, y hasta escudos eléctricos, éstos serán tu castigo por meterte en la piscina del chalet sin tener invitación. Pero si consigues vencerlos, podrás conseguir nuevas habilidades con las que sembrar el caos en altamar.

Como adelanto, aquí tienes 2 episodios de la serie de nuestra heroína para que veas sus disparatada, y locas, vivencias acuáticas:

Operación Tragón

Todo el tema del fondo del mar misterioso siempre me ha gustado, y los tiburones blancos son mi animal favorito. De pequeño siempre estaba comparando mi mano con el tamaño de sus dientes, o haciéndome la idea de cómo sería uno a tamaño natural mirando a la canasta donde jugaba al basquet: sí, soy un raro. Así que teniendo esto en cuenta, un juego en el que puedes sembrar el caos con una de sus primas debería de ser uno de mis sueños. Una evolución malota de “Ecco The Dolphin”, en la que en vez de ser amigos de los humanos, nos los comiésemos es una idea la mar de buena, pero de las ideas pueden salir cosas como “Tiburón” u otras como “Deep Blue Sea”.

Man Eater me ha recordado mucho a “Crackdown”. Los dos son juegos que no se toman a sí mismos muy en serio.En ambos controlas a un ser que evoluciona a monstrenco conforme va limpiando un mapa lleno de iconos, y todo esto ocurre bajo la voz de un narrador que pretende ser serio dentro de todo ese sinsentido.

En este caso, en Tripwire, se han quedado a medio camino. Por un lado han conseguido que el mundo por donde nos movemos sea bastante bueno y lleno de detalles, que más de una vez te harán reír – si no te ríes con la tiburona de rave, no tienes alma -. Incluso la idea de hacer la historia como si fuese un documental, con sus hashtags y anuncios es divertida #orcasthebaddestbitches. Pero esto no es excusa para que, tras jugarlo dos horas, sigamos haciendo lo mismo una y otra vez durante las diez siguientes. Ni para tener un control regulero a la hora del combate cuando este es la parte principal del juego.

En definitiva, esto es como ir a la playa en verano, al principio es interesante y divertido, pero al final acabas quemado. Así que para la próxima, esperemos que vengan mejor preparados con protector y manguitos.