¿Qué podía esperar de un desconocido estudio ruso que se llama Sobaka – perro en en el idioma de Laika y coña segura en castellano – y cuya presentación es un recio brazo el cual se pone a hacer sombras chinescas? Algo muy serio desde luego no, aunque el protagonista de Redeemer: Enhanced Edition quiera hacerle la competencia a Kratos como el calvo barbudo más cafre del mundillo.

Angryonius Monk

Y es que nuestro héroe, Vasily – lo original del nombre está a la altura del resto de juego – es un monje que lleva meditando veinte años en un monasterio perdido en un monte de China, va a ver su paz perturbada por su pasado. Porque claro, antes no era un guía turístico de la Plaza Roja, más bien era un super soldado que trabajaba para una super corporación militar super malvada.

Harto de tanta maldad, decidió mandarlo todo al garete, y se marchó, pero no en barco llamado Libertad, sino en un avión que acabaría estrellándose en la montaña donde vivían los monjes que ahora están siendo masacrados por sus antiguos compañeros, cosa que a nuestro barbudo no le ha gustado nada. ¡Así que ahora es hora desempolvar tu viejas habilidades de máquina de matar!

Todo esto suena a argumento de película de los 80s, viene bastante a cuento con lo que te vas a encontrar durante las seis o siete horas que te vas a pasar aporreando cabezas enemigas a vista de pájaro mientras surcas templos, catacumbas o laboratorios. Porque a la hora de jugar Redeemer parece un juego sacado de esa época: avanza, mata, siguiente nivel, y poco más.

Kill’em All

Como buen exmilitar, y tras pasarse los últimos años con monjes duchos en el arte de repartir galletas, Vasily sabe usar su varoniles músculos para defenderse, pudiendo dar puñetazos capaces de romper rocas, coces que acabarán prendiendo en llamas a los que se encuentren con sus All Stars en su cara – sí, llevábamos a un monje ruso que usa All Stars, eso mismo pensé yo – o usar el sigilo para partirle el cuello como si fuese una rama de árbol al pobre guarda de turno. ¿Y si me atacan? Pues siempre podrás contraatacar si pulsas el botón de turno en el momento adecuado. Y no te preocupes por encontrar útiles con los que curar tus heridas, tantos años de meditación han conseguido que nuestro amigo convierta la muerte de sus enemigos en energía con la que revitalizar su fornido cuerpo.

Pero no todo son tortas, en las malvadas organizaciones también te enseñan a disparar y usar otro tipo de útiles para causar dolor, y para ello, tendremos a nuestra disposición desde pistolas, ametralladoras o rifles de plasma con los que descargar lluvias de plomo. U otras herramientas con las que intimar en las distancias cortas – donde un hombre se la juega – ya sea una llave inglesa con la que hacer un arreglo estético al fulano de turno o un barrote con el que sacarle los restos de la merienda de entre los dientes, incluyendo estos.

Lo último es literal, y no es la única forma que tendrás para finalizar el trabajo, siempre puedes acabar con un poco de estilo: tiros en la cara, llaves de lucha libre, y hasta usar el entorno para hacer platos tan interesantes como “soldado enemigo al horno”, o “pincho silvestre de comandante” , el pelón no le hace ascos a nada.

Nuestras habilidades de aniquilación podremos ir mejorándolas subiendo sus respectivas barras, desbloqueando así nuevos movimientos y posibilidades. Pero tampoco esperes mucho cambios como combos o nuevas opciones que acaben influyendo al la hora de jugar. Porque durante casi todo el juego harás básicamente lo mismo por muchas “opciones” que parezca que te den, ya que al final no hay mucha diferencia a la hora de usar una cosa u otra más allá del daño o velocidad.

Esta variedad también se ve reflejada en los enemigos, y es que los pobres son bastante aburridos: desde los militares de turno, hasta los mutantes que parecen sacados de Dying Light, o unos engendros que deben de ser los primos hermanos de los Strogg de Quake, todos ellos con diferentes tamaños y resistencia acorde.

Y si hablamos de los enemigos, tenemos que hablar de los jefes finales, que tampoco es que sean un despiporre, especialmente el último. El cual, tras pasarte todo el juego ostiando a diestro y siniestro, te hace hasta “pensar” ¡¿cómo osan?!

¿Y una vez terminada la masacre qué? Pues no mucho, tienes la opción de jugar el modo arena, y pegarte contra hordas de enemigos, compartir la aventura con alguien en el modo de dos jugadores, lo cual posiblemente haga más divertida la partida, o buscar los pergaminos secretos repartidos por los niveles para desbloquear el arte conceptual.

Como curiosidad, hay una cosa que sí que creo que otros estudios podían tomar ejemplo, y es la posibilidad de tocar todos los parámetros gráficos dentro del mismo. ¿Eres uno de esos que quieren 60 fps a tope? Baja el postprocesado, ¿o por el contrario odias la aberración cromática tan de moda? Sin problema, desactívala y tan feliz. De hecho hasta puedes hacer que el juego pase de ser un juego de PS3 con un apartado técnico resultón, a uno de PS3 de lanzamiento, sí, he dicho PS3.

Hail and Kill

Cuando no esperas mucho tampoco te puedes decepcionar, y con Redeemer no esperaba demasiado más allá de un arcade de tortas similar a cosas como Hunter: The Reckoning o Warhammer 40k: Kill Team, que son dos buenos ejemplos de juegos sin ninguna pretensión, pero que resultaron la mar de divertidos.

Aquí ya teníamos el argumento estúpido como mandan los cánones, pero este ha estado acompañado por una parte jugable, que sin estar mal del todo, acaba siendo un poco aburrida al final, y un apartado técnico, que pese a tener algún problema que otro, cumple más que dignamente.

La base ya está ahí, lo que hay que pulir son los detalles finales, así que esperemos que en Sobaka aprendan de sus errores, y que no se pasen 20 años meditando para sacar algo nuevo.

Redeemer: Enhanced Edition ya está disponible en PS4, Xbox One, Switch y PC.