El Código del Acero, es el conjunto de reglas a las que se tiene que atener un shinobi para servir a su maestro, o señor; y como supuestamente son secretas, te vas a quedar como yo, con la intriga. Esto no quita que tras terminarme la nueva aventura de From Software, la máxima de dicho código me ha quedado bastante clara: si rompes el código, mueres. ¿Y qué tiene que ver esto con la nueva aventura del nuevo mesías de los videojuegos? Pues principalmente todo.

Aprende El Código

En Sekiro: Shadows Die Twice, tu éxito, o la más que probable aplastante derrota, se va a deber a lo fiel que seas a sus mecánicas. Ni se te ocurra experimentar con alguna idea, no, el Código dice que tienes que hacer las cosas de un modo, y así tendrás que hacerlo: intentar hacer un combo molón, estás muerto, una nueva táctica que se te ocurre que puede funcionar pero no implica usar tu arma principal, muerto, saltar desde el te…muerto lo que te llevará a preguntarte “Qué narices estoy haciendo mal? Si yo me paso a Ornstein y Smough a una mano mientras con la otra hago likes en el Instagram”. Pues veamos un poco de las razones que nos han llevado a sufrir más que los que protagonizan los anuncios de Hemoal.

Tras una introducción a la historia de nuestro personaje, y un primer nivel que viene a servir de tutorial para ver más o menos cómo va el tema, descubrimos que somos un ninja – o shinobi en este caso – al servicio del heredero, y que por causas de la vida, es inmortal, inmortalidad que no es en balde, ya que es una maldición, y esta que afectará a la gente que nos rodea, más sobre esto en un rato. Por si estar maldito no fuese suficiente, nos hemos quedado sin el brazo izquierdo, pero no te preocupes, un señor – ¿muy majo? – nos acogerá en su templo y nos regalará una prótesis que nos hará la vida más fácil, pero tampoco demasiado; porque como ya sabes, estamos bajo el yugo del Código.

Básicamente esta es la razón que nos llevará a rondar templos, bosques y montañas mientras nos damos de tortas con hordas de samurais de varios tamaños, monjes, y hasta macacos encabronados armados con espadas durante lo que nos dure la aventura. Esta fauna nos servirán para ir acostumbrándonos al combate, y a morir luchando contra el enemigo más ridículo.

O no tan ridículo, porque otra de las peculiaridades del juego es la enorme cantidad de minibosses, a los que te vas a enfrentar, unos veinte. Los cuales al principio son interesantes, y pueden hasta servir para poner más a punto tus habilidades, pero el problema es que dejan de serlo una vez empiezan a repetirse, algunos de ellos hasta cuatro veces; y tu que pensabas que el pan de ajo era malo…

Respeta El Código

Supongamos que has sido un buen aprendiz, seguido el Código como tu sensei manda, y no has tirado la toalla antes de tiempo. Conseguido esto, llegarás a un duelo contra un jefe final en el que verás claro lo que tienes que hacer. No es ser metódico, no, la mejor opción en la gran mayoría de los combates es asaltar continuamente a tu enemigo sin dejarle respirar, hasta que pare uno de tus golpes, en ese momento, tendrás que prepararte para hacer lo propio desde tu lado y esperar de nuevo tu turno para continuar con la lluvia de golpes. Ahí es cuando te das cuenta de que el combate se basa básicamente en esperar tu turno como cuando vas a a la frutería, cling, cling, cling, clang, dame medio kilo de plátanos, o en este caso, de metal forjado.

Esta es la razón por la cual Sekiro y sus enemigos tienen una barra adicional que mide su resistencia y capacidad para defenderse, y esta es la parte alrededor la cual gravita el juego y todo el desarrollo del mismo. Al pobre que se le llene esta barra, quedará indefenso durante unos segundos, en tu caso, prepárate para recibir un espadazo, o dos, que posiblemente acaben con tu barra de vida – porque aquí casi todo te va a matar de uno o dos golpes – en el caso del enemigo, podrás hacer un ataque final que acabará con toda su barra de un golpe , y si es el caso de un jefe final, probablemente tengas que hacerlo un par de veces.

Dichos jefes finales son dignos de su creador y algunos de ellos conseguirán que quieras meterle la espada por la retaguardia a Miyazaki ante el nivel de dificultad que presentan al principio. Dificultad acentuada por el demencial tracking de sus ataques, unas hitboxes que consiguen que una lanza tenga el alcance de una columna del Parthenon, y que, por si fuera poco, se acentúa por las pocas opciones de las que dispones para atacarles o defenderte.

Vive Por El Código

Y es que el combate está tremendamente limitado, a lo mejor es una sutil referencia a un haiku del Código: “Dos espadas, metal enfrentado, cabeza rodando”, pero es que es una pena. No esperes multitud de combos, ni de movimientos especiales para darle variedad, con lo que empiezas es lo que vas a tener prácticamente todo el juego. Sí, conforme avanzas, consigues nuevas habilidades y movimientos, algunos de ellos ayudan a digerir los enfrentamientos, como el más importante de todos, el contraataque Mikiri, que nos permite no acabar como un pincho moruno cuando alguien nos haga una estocada, y otras más curiosas, como la capacidad de poseer enemigos para que actúen como marionetas a nuestro servicio.

El problema es que muchos otros de ellos o son inútiles, o tienen limitado el número de usos por los emblemas, otra regla más dentro del Código, supongo. Dichos emblemas vienen a ser como tu magia, mientras los tengas, podrás usar habilidades especiales o las armas secundarias, pero como todo en este juego, tendrás a tu disposición solamente unos pocos, y esto si subes la parte de las habilidades que les toca, así que su uso está bastante restringido.

Pero hablemos de esas armas secundarias, porque como buen ninja, Sekiro tiene a su disposición una gran cantidad de dispositivos que puede añadir a su prótesis, pero su principal utensilio será el garfio. Este nos servirá para movernos por los escenarios de una forma más rápida y sigilosa, permitiéndonos hacer ataques críticos a los enemigos que no se den cuenta de que estamos encima de ellos, o por otra parte, en algunos casos, lo podremos usar en combates contra jefes finales para acortar distancias entre ellos.

Por otra parte tendremos las armas con las que podremos mejorar la prótesis añadiéndole cosas como shurikens para interrumpir los ataques de los enemigos, cañones de fuego para quemarle el mostacho a tu rivales, u otras más esotéricas como un dedo rancio – literalmente – por el cual puedes silbar para distraer a tus rivales. La pena es que todo este arsenal podría haber sido mucho más interesante, y útil, si no estuviera tan limitado al igual que las habilidades.

En un momento dijeron que este no iba a tener nada que ver con la saga de los Souls, pero claro, estando quien está detrás, no podía evitar poner su mecánica favorita: el castigo por morir; y aquí es mucho peor. Tu inmortalidad tiene un precio, como he dicho antes, y ese precio es que cada vez que resucites, cosa que podrás hacer una vez antes de morir “de verdad” habrá la posibilidad de que los personajes secundarios del juego caigan enfermos, lo que afectará a algunas misiones secundarias, y sobre todo a la posibilidad de que recibas una ayuda para evitar esto, posibilidad que ira descendiendo por cada personaje enfermo. ¿Qué hace dicha ayuda? Pues evitar el castigo más duro, y es que perderás la mitad de tu dinero y experiencia cada vez que mueras, así, tal cual, y no hay posibilidad de recuperarlo, si mueres, lo pierdes; dale las gracias al de siempre, y su nuevo Código.

Muere Por El Código

Ninjas, esos guerreros mitológicos, con habilidades mágicas, capacidades sobrehumanas, y muy famosos durante la década de los 80s. El Japón medieval, con sus castillos, samurais, jardines con carpas, fantasmas y criaturas de la noche. Y por último Hidetaka Miyazaki, creador de una de las sagas, y estilo de juego, más famosos de la última década. Todo esto unido hacia presagiar un juego que al que suscribe estas líneas debería de haber vuelto loco. Pero el resultado final resulta que ha sido algo muy distinto a lo esperado.

Cuando empecé a jugar a Sekiro: Shadows Die Twice, les comenté a mis compañeros de esta, nuestra web, que él es un tipo muy listo. Si con la saga Souls, lo que hizo fue actualizar el clásico King’s Field, y añadirle su toque personal con las batallas épicas contra jefes finales más duros que una barra de pan con una semana, con Sekiro, al comienzo, parecía que había hecho lo mismo con otro de los clásicos de From, Tenchu. Porque sí, al principio el juego parece un juego de sigilo, acechando desde los tejados del castillo feudal a los samurais despistados de turno, usando tu garfio para volver a esconderte en las sombras, hasta unas barras de vida recuerdan a las aventuras de Rikimaru y Ayane. Pero ahí se acaban los parecidos, porque sigilo y sutiliza en este juego, la justa.

Y esto es algo que tienes que tener muy claro antes de comenzar una partida, porque hará de tu inmortalidad una virtud o una maldición asi que ¿quiéres someterte al Código del Acero?

Sekiro: Shadows Die Twice ya está disponible en PS4, Xbox One y PC.