Buenas gentes del internet, el jefe supremo de esta, vuestra web, está tan contento con mi trabajo, que me va a mandar de reportero a Japón para ver que se cuece por ahí. Por mi parte, se me ha ocurrido hacer un pequeño diario de mi día a día, para que os hagáis una idea de lo que se hace por allí, sitios emblemáticos que visitar, o cosas ricas que engullir. Así que dicho esto, Dai Nihon, here I come!

Día 1:

¡Hola! acabo de llegar de vacaciones a Tokio, y voy a visitar uno de sus lugares más populares, Kamurocho, hogar de los host clubs, el barrio chino, los Club Sega, y los rascacielos gigantes, como la Millenium Tower. Hace bastante tiempo que no lo visito, más de 20 años, y por lo que tengo entendido le han dado un lavado de cara para modernizarlo, lo cual es normal a estas alturas del s. XXI, pero siendo Japón, supongo que, en el fondo, todo seguirá igual; así que veamos que nuevas aventuras me tiene el distrito de las luces rojas preparado.

Día 2:

Bueno, por ahora todo se parece bastante a lo que recordaba, sigo teniendo mi combini preferido Poppo, pero ahora puedo entrar directamente sin que la puerta tarde un rato en abrirse, gracias tecnología. Por otra parte, me he fijado que en el Club Sega han traido nuevas recreativas: Virtua Fighter 2 y Virtual-On, y siguen teniendo el módico precio de 100 yen, así que voy a echar una partida, mañana seguiré informando.

Día 3:

Hoy ha sido un día raro, he visto a un montón de fulanos atacando a un tipo con un traje gris, camisa abierta burdeos y unos zapatos de serpiente bastante horteras. El tema es que el tío este, les ha pateado el culo a los otros sin despeinarse, usaba diferentes movimientos para darles de tortas, las cuales me dolían hasta a mi, y después de todo, se ha encendido un pitillo y entrado en el Stardust, uno de los host clubs más importantes del barrio; espero no volver a encontrármelo porque no quiero acabar con mis costillas contra un poste de la luz….

Día 4:

Dije que no quería volver al tío de más arriba ¿no? pues no, por aquí sigue, como si fuese el justiciero de Kamurocho. Hoy estaba en el STIJL, bar de los connossieurs del bebercio, y allí estaba él, bebiéndose hasta el agua de las plantas. Después de ver lo que era capaz de hacer el día anterior, obviamente he mantenido las distancias, e ido directo a por un ramen a Kyushu no. 1 Star, pero resulta que al salir, él, que también iba a algún lado, se ha encontrado con cuatro macarras en chándal, a los cuales les ha puesto los puntos sobre la íes, y los huesos en sus sitio, porque el tipo parecía que estaba on fire, lanzando bicis encima de la peña o golpeando con luminosos; este tío es una bestia.

Día 5:

“¿Qué puedo hacer esta noche?, ¿karaoke en Karaokeken? ¿o batear un rato como un buen japonés?” Mientras me lo pensaba al lado del mítico Don Quijote, ví una batalla campal entre lo que parecían ser dos clanes de ¿yakuza? , porque uno de ellos estaba formado por un montón de currelas de la obra. El líder de este, era un tipo con aspecto de ser bastante peligroso, parche en el ojo, pantalones de cuero, camisa abierta (debe de ser moda por aquí) y el casco de obrero de rigor, será para que no le hagan daño en el tarro, aunque el que inflingía dolor en cuerpos ajenos era él; menuda fauna de locos hay por aquí, debería de pensar ir a otro sitio más civilizado, aunque me intriga el pasado que pueda tener semejante elemento.

Día 6:

Ante los actos de violencia presenciados por servidor en estos últimos días, creo que no es mala idea ir a ver otras partes del gran Nippon, así que he decidido irme a Osaka, que la gente es más agradable, y fijo que hay menos movidas entre clanes de “camisas abiertas horteras” Sotenbori, here i come!

Día 7:

Sotenbori es muy parecido a Kamurocho, tienen Poppo, Club Sega, un MONTÓN de sitios donde comer y beber al norte del río, y por supuesto, fulanos con camisas abiertas. Hoy he visto a uno de casi 2 metros, teñido de rubio, y más moreno que Julio Iglesias. Parecía alguien importante, porque iba con otro montón de esbirros cuando entraba al Four Shine, el host club más importante de la ciudad, y que lleva ahí desde los 80s, aunque parece que Yuki, la dueña, últimamente está teniendo algún tipo de problema por lo que he escuchado.

Día 8:

Mientras me dedico a andar por el barrio admirando los cangrejos y demás seres gigantes que tienen muchos de los establecimientos, una figura familiar llama mi atención, es mi “amigo” de Tokio, está aquí delante del Gandhara, videoclub de adultos, haciéndose selfies,poniendo diferentes jetos en plan gracioso. Mejor salgo huyendo no vaya a ser que se vuelva a liar, y me salpique la sangre de algún pobre idiota que se le cruce por el camino.

Día 9:

Por lo visto hay una guerra de clanes de narices entre dos clanes de Tokio y Osaka, Tojo y Omi parece que están luchando por algo de un oyabun asesinado, y resulta el tipo más moreno que Toshihiro Nagoshi, es el sucesor del clan Omi, Ryuji Goda, “El Dragón de Kansai”. Por si fuera poco, parece que no es el único dragón que campa por aquí, también hablan de otro dragón, “El Dragón de Dojima”, el cual parece ser una leyenda en Tokio, y que, obviamente, no me apetece cruzarme viendo lo visto últimamente.

Día 10:

Creo que me voy a volver a Tokio, aquí las cosas se están poniendo bastante feas, yakuzas dándose de palos por todos lados, la policia que no sabe que narices pasa, vamos esto parece un guión de una película de Takeshi Kitano, a lo mejor hasta me encuentro algún meñique por la calle…

Día 11:

De vuelta en Tokio, todo parece bastante tranquilo aquí, como si se hubiese arreglado la situación, vuelvo a ver a salarymen borrachos por las calles, me dan los típicos pañuelos promocionando alguna cosa y puedo volver a disfrutar de los neones y la noche del barrio más bullicioso de la ciudad, así que como despedida, creo que es una buena idea ir al Club Sega para jugar una última partida, pero Kamurocho aún me reserva una sorpresa.

Al entrar entrar en los recreativos, me choco con alguien, tras el pertienente “gomen nasai” me fijo, y resulta que es él, mi acompañante durante todo este periplo. Allí está, intentando conseguir un peluche a una niña que está a su lado. Tras conseguirlo, parece que se van a otro sitio, y a mí, en un acto de estupidez suprema, se me ocurre pararlos, y preguntarle por su nombre, ya que llevo cruzándmelo casi a diario “Kiryu, Kazuma Kiryu” responde con su imponente presencia.

La niña, que se llama Haruka, parece que quiere ir a por un helado, así que me despido de él con un “mata”, porque creo que esta no va a ser la última vez que lo vea en mis viajes a Kamurocho, mi barrio favorito de Tokio, y el cual es un fiel reflejo de la sociedad japonesa.

Hace años iba sin gafas y veía todo a mi alrededor más borroso, cosas de ser miope, ahora con mis nueva gafas, es como si me hubiesen quitado un velo por fin puedo ver todos los detalles de las calles de Tokio y Osaka, como sus tugurios donde jugar al Majong, los cientos de restaurantes donde ponerte hasta arriba de comida por cuatro yen, estableciminetos “para mayores” donde hacer “amigas” , o resumiendo, la enorme variedad de cosas que puedes hacer en las dos ciudades durante horas y sin aburrirte.

20 años dan para mucho, y con la renovación que han sufrido, Kamurocho y Sotenbori bien merecen otra visita, camisas abiertas incluidas.