Los quebraderos de cabeza que está consiguiendo Bethesda con Fallout 76 van camino de convertirse en un serio objeto de estudio dentro de la industria del videojuego. Y es que estamos hablando de un título que no ha tenido una gran aceptación por parte de los fans desde el mismo momento en el que se dio a conocer su naturaleza como un juego de supervivencia online.

Por si eso no fuera poco, el lanzamiento de Fallout 76 fue tremendamente accidentado, con problemas de estabilidad y bugs “espectaculares” que enturbiaron la experiencia de juego duramente los primeros compases de este título. El término espectacular no es propio, ya que fue la propia compañía la que advertía con esa palabra de la gravedad de los errores que podían encontrar los jugadores a través de un comunicado en el que admitía prácticamente que Fallout 76 era un juego sin terminar.

A pesar de estas circunstancias adversas, Fallout 76 ha ido creciendo y recibiendo multitud de actualizaciones que han hecho más amena la experiencia de juego. A través de una de ellas se incorporó un “modo supervivencia” realista en el que los enfrentamientos con otros jugadores dejaban de ser consensuados para introducir un modo PvP con todas las de la ley.

De modo paralelo a esta situación de entendimiento entre fans y la compañía, Bethesda ha ido potenciando poco a poco la tienda online que tiene Fallout 76 en la que en un principio iban a poder adquirirse únicamente mejoras estéticas.  Precisamente, este ha sido uno de los caballos de Troya utilizados para ir introduciendo poco a poco pequeñas mejoras que sí tienen efecto en el juego, aunque no llegan a ser determinantes como kits de reparación de objetos. Unas herramientas en las que durante este mes de abril volvieron a alzarse las voces críticas ante los movimientos de Bethesda y su aparentemente imperiosa necesidad de monetizar Fallout 76.

Es en este contexto en el que tenemos que entender la creación del servicio Fallout 1st. Una suscripción “premium” que por 13 dólares al mes, o 100 dólares al año, otorga al jugador una serie de ventajas y añadidos respecto a otros usuarios que no se adhieran a este programa. Quizá la elección de los tiempos no haya sido la correcta, como tampoco retrasar la ambiciosa y esperada actualización «Wastelanders», pero lo cierto es que el anuncio ha vuelto a encolerizar a la comunidad de jugadores.

Y como de costumbre, las reacciones no se han hecho esperar. Una de las primeras fue la compra del dominio Fallout First por parte de un fan molesto para redirigir a aquellos que entraban en dicha web buscando información sobre ese servicio a su particular protesta. Otras están siendo menos sutiles y van camino de convertirse en una peculiar guerra de clases entre usuarios de clase alta y baja. Dentro de la comunidad de jugadores se está señalando y acosando online a aquellos que son suscriptores del polémico servicio.

Una vez más, Bethesda se sitúa en el ojo del huracán por su incesante búsqueda de monetizar sus juegos. Pese a que esta revuelta tiene una menor escala que la ocurrida con el primer intento de la compañía de cobrar por los mods de Skyrim, lo cierto es que con Fallout 76 se ha vuelto a abrir la caja de los truenos. Una cuestión que se debe no solo a las potenciales ventajas que obtienen unos usuarios frente a otros y las divisiones que eso crea en la comunidad de jugadores. Pero también a que se busca capitalizar otros elementos que deberían, o que al menos hasta ahora eran, básicos en un videojuego.

Nos estamos refiriendo a los servidores privados, que en el caso de Fallout 76 era una demanda muy extendida por parte de los jugadores. Desde Bethesda dicha posibilidad se había ido dejando en el tintero alegando distintos problemas para su implementación en el juego. Sin embargo, su aparición como una de los contenidos estrella de Fallout 1st no resulta sorprendente que haya sido tomado como un insulto por gran parte de los seguidores de este título.

Quizá la cuestión para Bethesda consista en encontrar el equilibrio en la monetización de Fallout 76. Una suscripción de 100 dólares por un año quizá resulte demasiado para un título como este del mismo modo que parece que la compañía ha ido demasiado lejos al cobrar por elementos considerados como «básicos» en juegos online. Sin duda este es uno de los problemas que afronta la industria del videojuego en el que las cajas de botín y los pases de temporada son cada vez más comunes.

Fallout 1st puede convertirse en la punta de lanza de una nueva forma de buscar obtener más dinero de los jugadores. Algo similar a lo que ya ocurrió en su día, precisamente, con la propia Bethesda y los primeros DLC y su ya infame armadura de caballo. La guerra nunca cambia, y con Fallout 76 tenemos un nuevo episodio de esta lucha que en el mundo del videojuego enfrenta los intereses de compañías y jugadores. Por ahora, no convence ni a suscriptores, debido a los bugs que presentan estas mejoras premium, ni a sus detractores, pero será el tiempo el que diga si se convierte en un éxito o un fracaso.