De todos los juegos que vieron la luz en 1998, quizá Half Life haya sido el más trascendente de todos ellos. La obra de la compañía de Gabe Newell supo redefinir un género como el de los shooter y encumbró a Valve como estudio. Todo ello sin olvidarnos de que su abrumador éxito sin duda sentó las bases para lo que luego sería la creación de la plataforma Steam y la consiguiente revolución que esta traería al mundo del videojuego en PC. Pero más allá de esas cuestiones, lo cierto es que el primer episodio de las aventuras de Gordon Freeman es que fue un título realmente interesante que supo cautivar a los jugadores de la época, e incluso es capaz de hacerlo con los de hoy en día.

Mucho se ha hablado de los orígenes de este título y en esta ocasión no vamos a pasar de puntillas sobre dicha cuestión. Lo que sí está claro es que desde siempre Valve ha tenido una obsesión con el secretismo y la perfección en sus juegos y el juego que en un principio iba a ser Half Life terminó dejando paso a lo que finalmente pudimos jugar en 1998. En algunos aspectos esa primera versión era más ambiciosa, pero creo que finalmente salimos ganando con las modificaciones que se introdujeron en el juego, alejándose de “Ivan, el motorista espacial” por el Gordon Freeman que todos conocemos hoy.

Y toda esta aventura comenzó con un viaje en tren. De esta forma Valve nos introducía en el universo de Half Life, a través de una larga introducción en la que el que se presentaba la dinámica de un día cualquiera en las instalaciones científicas de Black Mesa. He de reconocer que en un primer momento, este recorrido podía hacerse un poco pesado, ya que encerrados en el pequeño vagón la impaciencia nos podía consumir, pero tampoco es un mal sistema para introducirnos en la trama del juego. De hecho, la trascendencia de este trayecto en tren es mayor de la que pueda parecer, ya que según PC Gamer, toda la estructura de Half Life se basa en ese primer viaje.

A partir de ese momento, una vez bajamos de la seguridad de ese tren, todo comenzará a ir mal. El reactor Lambda fallará y nuestro silencioso héroe será uno de los pocos supervivientes de este accidente que en última instancia acabaría por suponer la invasión de la tierra. Sin duda, uno de los mejores arcos iniciales del mundo de los videojuegos y que todavía resuena en la memoria de aquellos que jugaron a Half Life en el momento de su lanzamiento. Pero las virtudes de este título van más allá.

Como hemos señalado, a diferencia de los shooters de la época, Half Life ofrecía una trama más allá de salvar el mundo o disparar a cualquier demonio o alinenígena que se pusiese en nuestro punto de mira. La obra de Valve quería narrar una historia, y lo consiguió. Para eso se puso un fuerte empeño en presentarnos un entorno creíble y unos personajes que reaccionaban ante nuestra presencia con diálogos que añadían una importante capa de profundidad al juego. Además, a nuestro alrededor no dejaban de ocurrir sucesos y eventos en apariencia ajenos a nuestras acciones que complementaban nuestra investigación de Black Mesa.

Además, Valve utilizó de forma muy inteligente toda una serie de “scripts” que nos acompañaban de forma constante y añadían un importante componente dramático en Half Life. Científicos devorados por seres venidos de otra dimensión, ascensores que se desprendían… Todos estos elementos predefinidos supusieron una auténtica revolución en su momento y gracias a ellos muchos nos quedamos con la boca abierta cuando veíamos este tipo de situaciones. En definitiva, el juego parecía una película y nosotros eramos sus protagonistas. Es cierto que estas técnicas se han utilizado posteriormente ad nauseam, pero en su momento era algo prácticamente único y digno de ver.

De todos estos episodios predefinidos, sin duda mi favorito es el que tiene que ver con el trío de “gusanos” que debemos incinerar. Su presencia era sin duda aterradora, pero cuando atraviesan el cristal protector para devorar al científico con el que nos encontramos en esa misma habitación sin duda era capaz de ponernos los pelos de punta. De hecho, esta sección en particular es de las más entretenidas al plantearnos un gran desafío para abrir las válvulas de combustible que nos permitirían acabar con esta amenaza y seguir progresando en nuestra aventura por el mundo de Half Life.

Otro de los aspectos a destacar de este título era la IA que utilizó Valve para algunos de los enemigos que debíamos derrotar. La presencia de los soldados en Black Mesa supone un antes y un después en nuestro recorrido por las instalaciones del laboratorio. Hasta su aparición, nos enfrentábamos a distintos alienígenas, que sin duda eran peligrosos, pero no eran especialmente inteligentes. Pero cuando hacen aparición los soldados, las cosas sin duda se complican para nosotros. Y es que eran capaces de coordinarse, flanquearnos y hacernos la vida imposible de una forma que incluso a día de hoy es digna de reseñar.

A pesar de todo, es cierto que Half Life presenta altibajos, siendo uno de ellos la parte final del juego. Xen supone un anticlímax de lo que debería ser la acción en un juego como este. La llegada al planeta alienígena es todo un hito en el planteamiento de esta aventura, pero se trasladaba de forma pobre en lo que se refiere a la jugabilidad. Multitud de plataformas, un entorno pobre y confuso, hacían que los últimos compases se convirtiesen en algo aburrido. Ni siquiera el combate final contra Nihilanth está a la altura de las expectativas. Pero esto no ensombrece el resto de elementos que componen el juego hasta llegar aquí.

Además, Valve se reservaba una sorpresa para todos aquellos que llegaban al final y acaban con la amenaza de Nihilanth, salvando presuntamente el mundo: el mayor cliffhanger de la historia del videojuego hasta ese momento. En ese momento, el enigmático personaje conocido como G-Man, al cual habíamos estado viendo durante todo el juego de forma más o menos sutil, hacía su aparición para desvelar que era algo más de lo que parecía y ofrecernos una singular oferta que nos forzaba a elegir entre la vida y la muerte. Un final que nos dejó en ascuas durante muchos años hasta la llegada de Half Life 2 y cuya conclusión parece que no veremos nunca.

Pero las virtudes de Half Life no se limitan únicamente al juego, ya que a su alrededor se creó una auténtica comunidad de jugadores y creadores de contenidos que también supusieron un antes y un después en la industria. Este título de Valve ha servido para crear nuevos subgéneros gracias a los mods que se crearon entorno a él, y pesos pesados como Counter Strike, no hubiesen sido posibles sin este título. Todo un legado del que todavía se nutre la industria y que supuso uno de los motivos de éxito para este obra maestra del videojuego.

Como señalábamos, 20 años después seguimos sin conocer como acaba la historia de Gordon Freeman. El silencioso científico permanece aletargado a la espera de que Valve decida algún día que sabe contar hasta tres y publique la conclusión de esta peculiar aventura. Hasta entonces, tendremos que conformarnos con volver a disfrutar de Half Life y de todos los buenos momentos que nos dio. Puede que incluso podamos llegar a jugar la versión completa del mod Black Mesa que recrea esta entrega en el motor gráfico Source, aunque al ritmo que va puede que incluso lleguemos a jugar antes Half Life 3.