Ser libre es quizá una de las condiciones por las que más ha luchado el ser humano a lo largo de la historia. Poder disfrutar de nuestro libre albedrío es quizá una de las mayores victorias que algunas sociedades han podido conseguir aunque esta sea imperfecta. Se trata de un anhelo que perseguimos con ahínco y que se traslada a multitud de creaciones culturales como los videojuegos. Durante mucho tiempo encontrar un videojuego que nos permitiese hacer lo que quisiésemos ha sido prácticamente un sueño, y aunque algunos lo han conseguido, pocos muestran la crudeza y el precio que tiene la libertad.

La llegada de Kenshi sirve como un punto y aparte en esta búsqueda de ofrecer al jugador un mundo en el que esté libre de cortapisas y en el que pueda hacer aquello que quiera. Pero la libertad tiene sus consecuencias y en muchos casos pueden resultar fatales. En este sentido, la obra de Lo-Fi Games es reveladora ya que a pesar de su aparente sencillez pone sobre la mesa multitud de preguntas que se sustentan en esa lucha por trasladar el mencionado libre albedrío a un mundo digital. ¿Qué quieres ser en la vida? Una cuestión que sin duda nos atenaza a los seres humanos a lo largo de nuestra existencia y que pocos pueden culminar con una afirmación tajante de que efectivamente han conseguido aquello que querían.

Kenshi no nos plantea esta cuestión directamente, ya que es laxo incluso para eso, y es el jugador una vez que se adentra en este mundo desértico y desolado el que debe resolverlo. ¿Seremos comerciantes? ¿mercenarios? ¿vagabundos? o ¿tiranos? Una variedad de opciones que puede resultar inabarcable y que únicamente nos corresponde a nosotros decidir. Y es que a diferencia de otros juegos, apenas hay guías o ayudas con las que podamos adaptarnos de forma eficiente a este mundo. Si en la vida real dependemos de nuestros padres y entorno para entender cómo funciona el mundo, en Kenshi debemos aprenderlo por nuestra cuenta.

Eso significa que dentro de nuestra libertad de acción deberemos explorar aquello que nos rodea y descubrir cómo funciona. Esto suele tener consecuencias fatales en la mayoría de las ocasiones, ya que el mundo de Kenshi es duro y únicamente sobrevivir los más fuertes. Esto no significa que debamos empuñar una espada y abrirnos camino a base de violencia, que podríamos, pero lo más seguro es que nuestra aventura tenga un final sangriento y corto. También descubriremos que los errores se pagan y que en ocasiones, el dicho de que la «curiosidad mató al gato» está de completa vigencia en Kenshi. Pero poco a poco y con algo de suerte, prosperamos en nuestro empeño.

Kenshi nos da la libertad de todo eso y más, lo cual es un regalo y al mismo tiempo una maldición. Un regalo porque nos permite desarrollar nuestro personaje y el concepto que tenemos de él casi sin límite. Y una maldición, porque otorgarnos la libertad puede resultar aterrador debido a que seremos los responsables de nuestras acciones. Y una mala decisión puede tener consecuencias para nuestro avatar de forma permanente. Pero al mismo tiempo, tendremos la posibilidad de sobreponernos a la adversidad e intentar triunfar sobre ellas, tanto solos o acompañados, ya que esto último además de posible es absolutamente recomendable.

«Una vez el guerrero está preparado para el hecho de morir, vive su vida sin la preocupación de morir, y escoge sus acciones basado en un principio, no en el miedo», señala uno de los preceptos del Bushido, el código ético de los guerreros japoneses. Una máxima que puede aplicarse sin restricciones a Kenshi y que sin duda encaja con la estética y filosofía de este título. Gracias a dicha idea podremos disfrutar de este videojuego sin cortapisas. Y es que no hay que temer a la muerte, al menos en este título, ya que coarta nuestra libertad. Levantarnos y volverlo a intentar no solo es un aliciente, es el motor que nos llevará a conseguir nuestros objetivos, sean cuales sean. Así que, alzaos sobre las masas de gente que temen actuar y disfrutad de la libertad de que ofrece Kenshi.