¿Cuándo empieza la década? ¿Es 2019 o 2020 el que la cierra? Sea como sea, lo que sí está claro es que somos 10 años más viejos, o sabios si lo vemos desde otra perspectiva, y que a lo largo de todo este periodo la industria del videojuego ha sufrido muchos cambios, aunque quizá no tantos como podíamos haber esperado. Lo que sí es cierto es que ha habido multitud de títulos influyentes que nos han marcado o que incluso han revolucionado el sector a su manera.

En esta entrada señalaré algunos de los juegos que creo que más influencia han tenido a lo largo de esta última década que muy pronto tocará a su fin. Esta es otra lista más y no pretende ser exhaustiva ni definitiva, ya que aunque seguramente haya videojuegos en los que el consenso sea absoluto es posible que haya ausencias y otros tantos que pueden ser elecciones puramente subjetivas. 

Amnesia: The Dark Descent (2010). Creo que no hacen falta muchas presentaciones para este título ya que ha sido uno de los referentes del género de terror en los últimos años. Con este título, Frictional Games volvió a recuperar la esencia del Survival Horror al hacernos encarnar a un protagonista desvalido e incapaz de hacer frente a los horrores que lo acechan. A todo ello hay que añadir un magistral uso del sonido y de la ambientación con los que el jugador quedaba completamente a merced de su impulso de salir corriendo.

Todo ello potenciado por el uso de la primera persona. Y aunque gráficamente nunca fue puntero, el buen hacer de este estudio hizo que nos olvidásemos de las cuestiones técnicas para vivir una auténtica experiencia de terror. Tal ha sido su influencia que ha marcado la senda a seguir incluso para los grandes de este género como Resident Evil 7 y que probablemente no hubiese sido igual si Amnesia: The Dark Descent nunca hubiese existido.

Portal 2 (2011). Valve siempre ha sido una de las compañías que ha marcado el ritmo de la industria y con la segunda entrega de la saga Portal volvieron a poner de manifiesto su dominio sobre ella. Para muchos, Portal 2 ha sido el último gran lanzamiento de un videojuego dentro de la compañía, aunque en ningún caso ha estado ociosa a lo largo de estos 10 años. Esta entrega ampliaba de forma notable todo lo visto en es primer título experimental que sorprendió a toda la comunidad de jugadores en 2007. La trama se desarrollaba más, los puzzles eran mejores e incluso ¡había referencias al universo de Half Life!.

También se introducía el juego cooperativo y que si bien en un principio parecía que Valve iba a apostar por esta faceta, pronto quedó relegada al olvido. Sin embargo, quizá el elemento más importante que ha acompañado a Portal 2 y al resto de juegos fue su integración con Steam Workshop que ha servido para facilitar la creación y el uso de mods en esta plataforma. Por último, y no menos importante, fue uno de los primeros títulos en ofrecer juego cruzado entre PC y consolas, concretamente con PS3. Otra facultad que prometía y que nunca terminó de explotarse aunque puso de manifiesto que la posibilidad del juego cruzado era más una cuestión de voluntad que de índole técnica.

Dark Souls (2011). Pocos juegos han suscitado mayores pasiones que la obra de Miyazaki en esta última década. Y aunque el precursor de todo este movimiento sea Demon Souls y casi nunca sea recordado, lo cierto es que fue su «continuación» Dark Souls la que supo cautivar a toda una legión de jugadores y la obra que inauguró todo un subgénero del RPG. Si bien es cierto que otros juegos ya habían explorado el combate inmisericorde y una elevada dificultad, ha sido este título el que se ha llevado el gato al agua.

Todo ello contra todo pronóstico ya que en el momento de su lanzamiento la industria ofrecía juegos de muy baja dificultad y Dark Souls puso sobre la mesa que los jugadores estaban más que dispuestos a asumir desafíos. Tampoco su pobre apartado gráfico y técnico le supuso un problema, superando ambos aspectos gracias a su jugabilidad y a su excelente apartado artístico. Sin duda uno de los títulos más influyentes de los últimos años y sobre el que se han inspirado multitud de compañías para ofrecer sus propias versiones de la fórmula «Souls».

Dishonored (2012). Arkane Studios era uno de esos estudios con un gran potencial pero que llegaba a esta década en horas un tanto bajas. Con Dishonored el estudio se catapultó al particular Olimpo de esta industria gracias a un juego que recuperaba la esencia de Thief modernizándola al tiempo que ofrecía su particular estilo. Gracias aúna trama muy interesante y su jugabilidad exquisita, Disnhonored supo convencer a crítica y público rápidamente. A día de hoy sigue siendo un juego sublime y su secuela mantiene completamente el tipo, e incluso lo supera en algunos apartados. Sin embargo, su influencia no ha sido la misma que esa primera entrega.

Una de sus principales virtudes, y que más repercusión ha tenido posteriormente fue el diseño de sus escenarios al plantear al jugador multitud de rutas y caminos distintos para llegar hasta su objetivo. El diseño de niveles reflejaba esta esencia y nos permitía enfocar nuestra experiencia de juego desde el sigilo absoluto a la aproximación más directa y violenta. Pese a este éxito, Arkane no ha vuelto a conectar con el público de la misma manera pese a que sus obras posteriores han sido alabadas por la crítica lo que ha puesto en una situación algo incómoda al estudio y que no se merece en absoluto.

Dota 2 (2013). Que Valve sabe lo que hace suele ser una afirmación bastante acertada, y salvo Artifact, el resto de sus producciones son éxitos. La apuesta de la compañía de Gabe Newell por los MOBA venía de mano del creador original de este particular subgénero para intentar ofrecer la experiencia de juego más cercana al mod original de Warcraft III. Su lanzamiento se convirtió en todo un fenómeno de masas, potenciado especialmente por el creciente fenómeno de los esports, y eran muchos los aficionados que querían probar la experiencia de Dota 2 a pesar de su gran dificultad respecto a su gran competidor League of Legends.

Y pese a que la batalla de los jugadores la ha ganado League of Legends, el juego de Valve todavía gana en el campo de las competiciones gracias a The International y su premio millonario que sigue captando la atención de todos los aficionados de los esports. Pero otro de los éxitos de Dota 2 ha sido el de permitir a los usuarios crear sus propios contenidos y juegos que ha permitido la creación de otro subgénero que está triunfando, los autobattlers, que se han convertido en el último «hit» de la década.

Hearthstone (2014). Cuando Blizzard anunció Hearthstone fuimos muchos lo recibimos con frialdad y escepticismo. Pero una vez más, la compañía californiana demostró que sabía perfectamente lo que hacía presentando un juego de cartas coleccionable ligero y ambientado en uno de sus universos estrella: el de Warcraft. Blizzard aprovechaba la coyuntura para poner de moda los juegos de cartas y tomar la delantera gracias marcada por una de sus máximas: la accesibilidad. Bajo este mantra, Hearthstone se convirtió en todo un éxito en el momento de su lanzamiento y en los años posteriores aunque actualmente el juego pase por uno de sus momentos más bajos.

A pesar de todo, su influencia y rentabilidad ha sido excepcional obligando a otras compañías del sector a sacar sus propias versiones como The Elder Scrolls Legends, Gwent o el caso más reciente Legends of Runeterra, de Riot Games.

The Witcher 3 (2015). CD Projekt es quizá la empresa del sector de los videojuegos con un crecimiento más exponencial de la última década. Si echamos la vista atrás hasta el primer The Witcher y lo que consiguió la compañía polaca con la tercera entrega de la saga es realmente digno de admiración. Pese a que The Witcher 2 fue la que marcó el camino a seguir, lo cierto es que The Wild Hunt es un título más ambicioso que pone de manifiesto cómo debe crearse un mundo abierto para que este sea experimentado como algo vivo. La profundidad de este título es enorme y cada misión tiene su razón de ser, dejando de lado las tareas anodinas o las típicas misiones de mensajero. The Witcher 3 es un ejemplo a seguir y que ha servido para poner sobre el mapa a una compañía que hasta ese momento era una gran desconocida. Este es el ejemplo de que con trabajo, dedicación y un poco de suerte se puede llegar muy lejos en esta industria.

Pillars of Eterninty (2015). Siempre ha habido mercado para los RPG de corte tradicional pese a que los magnates de la industria del videojuego se negasen a verlo. La eclosión del micromecenazgo permitió que muchas empresas pudiesen dar rienda suelta a sus sueños y ofrecer productos más cercanos a sus fans. Una de las que aprovechó esta oportunidad fue Obsidian que gracias a Kickstarter y a Pillars of Eternity pudo resurgir de sus cenizas. Es cierto que Divinity Oirignal Sin fue pionero y se adelantó, pero el impacto mediático y recaudación obtenida por Obsidian con este proyecto era algo nunca antes visto.

Con Pillars of Eternity se recuperaba la esencia de Baldur´s Gate ofreciendo un RPG duro y de corte clásico. El apoyo de los fans fue total y el juego se convirtió en un éxito demostrando que este tipo de juegos seguían teniendo mercado. El resultado fue espectacular y Obsidian supo crear un mundo de cero en el que perdernos una vez más. Todo ello con una trama interesante que nos invitaba a reflexionar sobre el alma y la condición del ser humano. La compañía regresó a esta misma fórmula con la segunda parte de la saga, y como le ocurrió a Arkane, obtuvieron buenas notas pero no tanto el apoyo de los jugadores. En cualquier caso, Obsidian supo marcar el camino y abrir de nuevo la industria al RPG más tradicional.

Hollow Knight (2017). El caso de Hollow Knight es quizá uno de los más sorprendentes de los últimos años. Team Cherry recurrió a Kickstarter para financiar este proyecto donde obtuvo un éxito notable aunque moderado dado el pequeño equipo que componía este estudio. Este metroidvania que tomaba influencias de Dark Souls para sumergimos en un mundo de bichos pasó bastante desapercibido para la prensa y el público y su lanzamiento fue bastante discreto. Una situación que suele ser bastante común para los creadores de videojuegos independientes. Sin embargo, todo cambiaría con la llegada de las ofertas de Steam donde el juego comenzó a venderse realmente bien y el boca a boca comenzó a funcionar.

A partir de ese momento, la gente cayó rendida a los pies de Hollow Knight. Un juego que recuperaba la esencia de los metroidvania gracias a su excelente diseño de niveles y su endiablada dificultad que incorporaba elementos de la saga «Souls», Todo ello aderezado con un estilo visual y artístico cautivador que reimaginaba el mundo de los insectos de forma entrañable y misteriosa. En estos últimos dos años, ha pasado de ser un completo desconocido a todo un fenómeno de masas cuyos fans esperan con avidez la segunda entrega de la saga.

NieR: Automata (2017). Pocos esperaban en que la última obra de Yoko Taro se convirtiese en un fenómeno de masas, especialmente si teníamos en cuenta que el resto de obras del autor japonés encajarían a la perfección en lo que podemos definir como «juegos de culto». Sin embargo, NieR: Automata consiguió romper esa barrera para llegar a ser un éxito comercial y una de los títulos más influyentes de los últimos años de esta década. Su combinación de géneros, su puesta en escena y la profundidad de su trama hacen que este sea un juego prácticamente único que presenta múltiples capas en las que el jugador puede adentrarse.

Un juego que encaja perfectamente en lo que podría definir como «obra de autor» y que podrá ser estudiada por la complejidad de la misma. Todo un ejemplo de cómo la industria del videojuego japonesa sigue siendo relevante y que es capaz de ofrecer títulos influyentes y con una gran personalidad a pesar de lo arriesgadas que puedan resultar sus propuestas. En este sentido NieR: Automata se aleja de todos los convencionalismos y por tiempos es un shooter, un hack and slash o un minijuego gigante.