Outward ha sido uno de los RPG más singulares que hemos podido disfrutar en los últimos años. Su apuesta de sabor clásico ha recuperado las sensaciones que títulos como Gothic imprimieron en toda una generación de jugadores. Sin duda, toda una vuelta a los orígenes con las que sus creadores, Nine Dots Studios, han sabido aprovechar para ofrecer esas sensaciones añejas, pero adaptadas a nuestros tiempos y de esta forma ofrecer una aventura como hacía tiempo que no recordábamos.

Y es que en un mundo en el que cualquier RPG que se precie lleva un GPS incorporado. La sensación de tener que volver a consultar un mata y buscar todo tipo de referencias en el paisaje para poder ubicarnos se antoja como un soplo de aire fresco. Este es solo uno de los elementos con los que Outward nos traslada a un punto en el que la exploración tenía verdadero sentido en un RPG. Ser exploradores y adentrarnos en un mundo desconocido era una sensación que hasta hace no mucho permanecía aletargada en el recuerdo de los jugadores veteranos.

Unida a la exploración encontramos la faceta de la supervivencia, que se halla en una línea similar a la seguida por otros títulos de este género, aunque quizá resulta un poco más ambiciosa. Sin embargo, desde Nine Dots siempre han querido dejar claro que «Outward es un RPG con elementos de supervivencia, y no un juego de supervivencia con elementos de RPG«. Una distinción que puede parecer obvia, pero que sin embargo es necesaria en un momento en el que las diferencias entre géneros están cada vez más desdibujadas.

En cualquier caso, desde el primer momento en el que nos adentramos en Outward nos damos cuenta de que es un RPG y no un híbrido cualquiera de los que pueblan el mercado. La experiencia de las primeras horas en este título es única y es altamente recomendable porque nos devuelve a esa situación de desconocimiento, en la que la emoción y cierto temor se entremezclan ante la incertidumbre de aquello que nos espera cuando cruzamos la seguridad del umbral de nuestro hogar.

Esta es otra de las sensaciones que sus creadores intentaron replicar y que podemos afirmar que han conseguido lograr con éxito. «Queríamos que el jugador se pusiese en los zapatos de alguien que va a hacer algo peligroso«, afirmaba el CEO de Nine Dots Studios Guillaume Boucher en una entrevista concedida a Venturebeat. Una meta que ha sido alcanzada en Outward, especialmente en los primeros compases del juego, en los que nuestro desconocimiento del entorno nos hace ser especialmente cautos y temerosos de aquello que podemos encontrar.

Dicha sensación se mitiga y se comparte cuando jugamos a Outward acompañados, la que quizá sea la mejor manera de enfrentarnos a este título, aunque no sea la más perfecta. A través de la colaboración, los desafíos se vuelven más accesibles y el mundo menos intimidante. Una sensación que es reconfortante y que nos hace que aventurarnos en lo desconocido sea una tarea más accesible. Sin embargo, esta es una facultad no exenta de profundas sombras que empañan un apartado de este juego que podía haber sido completamente ejemplar.

A pesar de que estamos ante un título concebido para ser disfrutado junto a otro jugador en modo cooperativo, la presencia de nuestro compañero será la de un completo secundario. Esto se debe a que los progresos que haga en nuestra partida no se verán reflejados en la suya. Una idea que transforma al dueño de la partida en el protagonista de la historia y que en ningún caso hace partícipe de sus éxitos a su leal y fiel compañero que lo acompaña en esta gesta. Un feo detalle que ha supuesto para muchos aventureros una verdadera piedra en el camino que se antoja como un desafío más a superar dentro de Outward.

A pesar de esta cuestión, estamos ante un RPG con madera de clásico inspirado en grandes obras como Morrowind a pesar de los esfuerzos de sus creadores por intentar crear algo exento de influencias. Algo fútil,
pues resulta imposible abstraerse de aquello que nos rodea y de nuestras experiencias, pero que ha servido para que haya visto la luz un título imprescindible para los veteranos del género y aquellos que deseen vivir una aventura con mayúsculas.

Vía | Venturebeat