Hacía mucho que no me dejaba caer por esta sección, más que nada porque no encontraba un candidato digno para realizar una entrada. Pero tras mucho pensar y viendo el éxito que ha tenido la fórmula de Demon Souls y Dark Souls, ha sido imposible no poder acordarme de cierto juego patrio. Me estoy refiriendo, nada más y nada menos, que a Blade: The Edge of Darkness.

Quizá sea muy atrevido decir que Blade: The Edge of Darkness sea el precursor de los títulos que lanzado From Software estos años, más que nada porque no lo es. Pero sí que es cierto que comparten mecánicas muy similares. El combate brutal y descarnado en el que el enemigo más débil puede acabar con tu vida, un mundo oscuro y siniestro, toques de rpg y una dificultad tremendamente elevada. Es curioso que este último factor haya engrandecido a los “Souls” y en su momento fuese muy criticado en Blade, pero supongo que son cosas del destino.

En cualquier caso, fue en 2001 cuando un pequeño estudio español lanzó al mercado a esta pequeña maravilla, un proyecto tremendamente ambicioso, que llegó a estar en la cúspide de la potencia gráfica en lo que se refiere a cuestiones como la iluminación de los escenarios. En cualquier caso, lo que se supone que sería un título que encumbraría a sus creadores, Rebel Act Studios, supuso su fin. No por el juego en sí mismo, sino por múltiples factores, entre ellos, la fuerte piratería de Blade: The Edge of Darkness.

De hecho, las andaduras de este juego fuera de nuestras fronteras no comenzaron con buen pie, ya que fue necesario cambiarle el título por problemas de copyright. Fuera de España se comercializó con el nombre de Severance: Blade of Darkness. Pero ese sería el menor de los problemas, ya que también hubo problemas con el distribuidor, que finalmente sería Codemasters, un mal plan de marketing y una recepción no demasiado cálida por parte de los usuarios que hizo que Blade: The Edge of Darkness pasase desapercibido.

Pero eso no quita que Blade no fuese un título innovador. Ya he destacado su potencia gráfica, pero el juego hacía gala de algunos factores muy originales. La historia podía jugarse con 4 personajes distintos, ciertamente la trama era la misma, excepto el nivel inicial, pero el modo de juego era completamente distinto. Esto se debe a que los estilos de lucha estaban muy diferenciados y en un título como este en el que el combate es el eje central, resulta muy importante.

Los combates eran encarnizados, brutales, complejos y sangrientos. Limitarse a machacar las teclas lo único a lo que conducía era a la muerte y a volver a la pantalla de carga para volver a intentarlo de nuevo. Esto suponía que los jugadores tenían que tomárselo con calma, y sobre todo, aprender cómo funcionaba su personaje. Además, la dificultad de Blade: The Edge of Darkness era muy elevada, sobre todo en los enemigos finales, de los que tengo un recuerdo agridulce, pero muy satisfactorio.

Pero como os podéis imaginar, no era oro todo lo que relucía. Además de tener diversos bugs de distinta gravedad, Blade: The Edge of Darkness tenía muchos problemas para poder jugarse en modo multijugador a través de internet. Algo que precisamente en ese momento de auge, supuso un duro varapalo para bastantes jugadores, ya que para muchos era la única forma de poder jugar con otras personas.

En cualquier caso, Blade: The Edge of Darkness pasó bastante desapercibido y Rebel Act Studios se disolvió. La segunda parte de este título estaba en camino, pero será un juego que jamás verá la luz. Una lástima, sin duda, sobre todo ahora en el que este tipo de juegos parece que tienen bastante tirón. Quién sabe si de haber triunfado en lugar de Dark Souls, ahora estaríamos hablando de la tremenda dificultad de un nuevo título de la saga Blade…

Por último, me gustaría recomendar que lo probaseis. Probablemente, a día de hoy sea uno de esos títulos que han envejecido realmente mal, sobre todo en cuestión de gráficos, pero creo que las sensaciones que transmitió en su día sigue pudiendo causarlas también hoy.