Los juegos de la saga The Elder Scrolls se han caracterizado desde sus inicios por ofrecer enormes mundos que explorar. Más allá de las misiones y otras gestas que podemos realizar en ellos, uno de los aspectos más interesantes que han ofrecido han sido los pequeños secretos y curiosidades que ocultaban. De todas ellas, la más popular de todas ha sido la de poder convertirse en vampiro.

Una pequeña tradición dentro de esta franquicia de RPG que en mayor o menor medida se ha venido respetando y manteniendo en casi todas las entregas de la saga. Ahora, con The Elder Scrolls Online: Greymoor volvemos a encontrarnos con los vampiros, en esta ocasión como foco central del juego. Un papel que no siempre han tenido.

La singular historia de los bebedores de sangre en este mundo comienza con The Elder Scrolls: Arena. Un juego que fue revolucionario en 1994 por ofrecer un mundo gigantesco que los aficionados a los RPG podían recorrer con total libertad. Todo un hito en la historia del videojuego y que hoy sería prácticamente inabarcable con gran parte de su mundo de alrededor de 6 millones de kilómetros cuadrados y que se generaba de forma aleatoria.

Fue en Arena donde por primera vez pudimos enfrentarnos a los vampiros, aunque en esta ocasión solo serían enemigos. Su aspecto era completamente distinto al que son mostrados ahora, pero tenían un elemento característico y que ha permanecido casi inalterado en las sucesivas entregas de la saga The Elder Scrolls: los ojos rojos. Un pequeño detalle que nos advertía de que el peligro estaba cerca. Y no es para menos, ya que los vampiros eran uno de los enemigos más poderosos a los que nos podíamos enfrentar.

A pesar del poder de estos rivales, no sería hasta Daggerfall cuando los jugadores pudieron convertirse por primera vez en estos singulares quirópteros chupadores de sangre. Dentro de las múltiples explicaciones que ha dado la cultura popular para explicar el hecho de que un mortal pueda transformarse en vampiro, desde Bethesda optaron por una explicación relativamente sencilla: una rara enfermedad.

El vampirismo atacaba a nuestro personaje como cualquier otra enfermedad que pudiésemos sufrir en The Elder Scrolls: Daggerfall. Esta circunstancia hacía que normalmente nuestro personaje se librase de esta peculiar maldición sin darse cuenta. Esto se debe a que eliminar este tipo de dolencias no es complicado y se suele hacer de forma rutinaria. Por tanto, la mayor parte de los jugadores nunca contraían el vampirismo.

Esta circunstancia, y el precario internet de la 1996 y de las comunidades de jugadores envolvió en un halo de misterio la posibilidad de convertirse en vampiro. Como hemos señalado, la mayor parte de los jugadores nunca transformarían en uno de estos seres, pero aquellos que dejasen incubar la enfermedad durante tres días se encontraban con una agridulce sorpresa. Su personaje moría irremediablemente para resucitar después como una criatura de la noche. 

Tras el shock inicial, el jugador descubría que su avatar adquiría grandes poderes, pero también debilidades como la de recibir daño por la luz solar. Esta nueva realidad nos aportaba nuevos poderes, pero también nos abría una nueva realidad al permitirnos entrar en la peculiar sociedad de los vampiros, organizada de forma bastante clásica en clanes con sus características únicas y sus intereses y misiones.

Y si convertirse en vampiro puede considerarse como un pequeño secreto, la cura del mismo es la otra cara de la moneda. Normalmente, para sanar esta dolencia en la saga The Elder Scrolls es necesario realizar alguna misión compleja y que una vez realizada impide que podamos ser vampiros de nuevo. Un viaje realmente interesante que en Morrowind alcanzó cotas realmente épicas.

En The Elder Scrolls: Morrowind convertirse tiene el mismo proceso que en el resto de la saga. Para ello basta con ser contagiados por un vampiro o por saquear el cadáver de uno de estos seres y no curarnos. Otra particularidad de este título es que los ojos en lugar del rojo característico se tornan blancos, otorgando un toque todavía más siniestro si cabe. 

Esta entrega es quizá la que más penurias impone al jugador que opta por esta vía. La mayor parte de los NPC se niegan a interactuar con estos seres, los guardias los atacan en cuanto son detectados y el daño sufrido por el sol es prácticamente imposible de soportar. 

Como hemos mencionado, en este caso encontrar la cura era toda una odisea, siendo necesario buscar información por todo Vvanderfell. Encontrar libros prohibidos y pactos con dioses daedricos son algunos de los pasos que tendremos que realizar si queremos librarnos de esta pesada carga.  

Sin embargo, no será hasta Oblivion cuando Bethesda comience a trabajar más esta faceta y ofrecer al jugador más opciones relacionadas con el vampirismo. En esta entrega, el personaje vampiro pasaba por distintas fases en las que esta condición les afectaba de forma distinta acentuando las debilidades y los poderes según el grado de la “enfermedad”. 

Pero será en Skyrim cuando el vampirismo tome una dimensión completamente nueva. Este punto de inflexión se produjo con la publicación del DLC Dawnguard en el que se indagaba más sobre la historia y el legado de estos seres. Además, el jugador accedía a un completo set de habilidades que hacía más viable que nunca el adentrarnos en el mundo de The Elder Scrolls como una de estas criaturas de la noche. Además de mostrarnos su lado más fiero a través de la transformación en el Señor de los Vampiros.

Llegados a este punto, el siguiente paso en la evolución del vampirismo en la saga de Bethesda lo encontramos en The Elder Scrolls Online. La enfermedad puede contraerse por los canales habituales, aunque el juego de Zenimax abría la puerta a adquirir esta condición previo pago. Una decisión de diseño un tanto polémica pero que aceleraba el proceso para aquellos que querían convertirse en uno de estos seres.

De forma parecida a lo que hizo Dawnguard con Skyrim, la publicación de Greymoor ha introducido multitud de cambios en la forma de jugar un vampiro en The Elder Scrolls Online. Como señalamos en nuestro análisis de esta expansión, las modificaciones no han sido del gusto de todos los jugadores. En cualquier caso, ahora resultan más equilibradas y se han introducido nuevas animaciones para que ser un vampiro sea más dinámico y brutal en este título.

Esta ha sido la evolución de los vampiros a lo largo de las más de tres décadas de historia de la saga The Elder Scrolls. Un camino difícil para los jugadores que lo desean recorrer y que cada vez tiene más profundidad. Es cierto que con el paso de los años ha perdido el misterio que lo envolvía, pero a cambio hemos ganado en posibilidades a la hora de tener un personaje con estas características. Queda por ver cómo será esta opción en The Elder Scrolls VI, aunque para ello todavía tendremos que esperar bastante.