Los arcades en occidente están más muertos que los protagonistas de las pelis de Romero, pero en Japón siguen resistiendo. Allí puedes jugar a Bemani, o juegos musicales, de mil millones de cosas diferentes, como los de bailotear que han evolucionado de “bailar” pisando las flechas en el caso del DDR, a cosas como Dancerush.

También están vivas otras sagas míticas, como The House Of The Dead, que va por su quinta entrega. Y sigue siendo tan estúpido y divertido como sus predecesores, como ejemplo, la aparición estelar de Slash de Guns’n Roses después de haberse pasado con la fiesta. U otras japonesadas que no saldrán nunca de ahí, como una máquina de voltear mesas Chou Chabudei Gaeshi, la mar de divertida, o la mezcla de las batallas de Zone Of The Enders, la customización de los Armored Core, y el asiento de After Burner, que es Starwing Paradox, el cual ni me he atrevido a jugar, porque sólo el tutorial ya da miedo y cuesta 200 yen, sólo el tutorial, sí.

Pero lo que está más “in” ahora mismo es la realidad virtual, el múltiples salas puedes encontrar su apartado de VR. Sega, Capcom y otras tienen sus juegos en realidad virtual, generalmente cosas de terror o de pegar tiros. No, no he jugado a todas, pero si voy a hablar de una de ellas que posiblemente, sea la mejor excusa para enfundarte un casco y ponerte a hacer el canelo por tu casa.

Porque tras descubrir por casualidad el Capcom Plaza de Tokio, en el cual sí, mucho Capcom Cafe con comida del Monster Hunter, pero juegos, casi ninguno. Mi colega y yo nos quedamos mirando un Tyrant tamaño natural que nos invitaba a probar la nueva atracción de Capcom: vistar el mundo de Resident Evil en VR. Obviamente, el Tyrant es muy grande y mejor no tocarle los reales péndulos, así que raudos y veloces, decidimos reservar una partida para probar la primera opción que parecía la mejor.

Biohazard: Valiant Raid te pone en la piel de unos soldados de Umbrella que van a recuperar un vial a un laboratorio, y obviamente, todo se tuerce, teniendo que abrirte paso a tiro limpio con tu recortada o tu ametralladora. Así visto, parece la leche ¿verdad? Sí, pero el problema es que no sabíamos que no te puedes mover, así que básicamente es una galería de tiro en realidad virtual con un par de escenarios, laboratorio y el ascensor que usaremos escapar – dura como 20 minutos – ni interacción, y lo más emocionante es pegarle tiros al Tyrant que aparece al final.

Pues vaya engaño ¿no? Te digo que la cosa mola pepinillo, y ahora esto. Bueno esa fue nuestra reacción, “nano, pensábamos que íbamos a ir corriendo por el laboratorio rodando y pegando tiros como Mila Jovovich, y al final ná, menuda estafa, devolvedme3 mis mill y pico yen”.

Espera y no te vayas todavía, porque aún teníamos otra opción Biohazard: Walkthrough The Fear, y oye, esto iba a cambiar nuestra opinión, y mucho. Mucha gente dice que uno de los mejores juegos para probar tu nuevo casco de abstracción de la realidad es Resident Evil 7, pues bien, lo que nos esperaba era eso, multiplicado por 100.

En esta ocasión, no íbamos a ser un soldado de Umbrella armado hasta los dientes. No, aquí nos tocaría ser una de las víctimas de la familia de catetos sureños de la séptima entrega, e intentaremos escapar de la casa cochambrosa en la que nos han metido. A mi me tocó Ridley Suberia, un amigo de los animales desaparecido, ¿influye esto en el juego? No, pero es lo que ponía en mi ficha de personaje, supongo que para darle más dramatismo al tema y ponerte en situación.

Así que tras una breve introducción de lo que ha pasado y un tutorial, nos enfundan en un casco y un chaleco que nos permitirá movernos por todo el espacio, porque sí, ahora nos podemos mover, y esto cambia mucho la experiencia.

Nosotros no seremos los únicos supervivientes, tendremos que acompañar a otro pobre que ya estaba ahí antes, el cual nos hará de guía por la casa mientras nos cuenta lo malo que es Jack. Esta es la forma que Capcom ha pensado para hacerte creer que estás en una casa enorme, cuando realmente estás restringido a un rectángulo de unos 20 m2 más o menos, y funciona, vaya si funciona realmente parece que estás dentro del hogar de los zombis paletos.

Como he dicho antes, en este no vamos a pegar tiros a troche y moche, es una versión de la séptima entrega, así que pese a que tenemos una pistola, la munición escasea, y tendremos que buscar más por los recovecos de la casa, agachándonos, mirando por encima de los muebles, etc. Se que suena a tópico, pero la sensación de estar ahí dentro, es totalmente real, y sólo se rompe cuando te das un tortazo contra una de las paredes, reales, del espacio pese a saltar un aviso cuando estás cerca de una; si te estás enfrentado a un zombi mohoso, no te fijas en esas minucias.

Por supuesto, aquí también están esos simpáticos, que siguen siendo igual de coñazo, pero no cuentan con una de nuestras nuevas habilidades, el movimiento. Poder esquivar sus ataques moviéndonos abre otra nueva dimensión – ja ja – Ya no tienes que mover el mando, pulsar un botón, no, ahora puedes salir corriendo y ponerte por detrás de ellos para dispararles, agacharte, moverte a un lado, rodar no, que rompes los cacharros.

Obviamente, tras andar un rato por la casa, matar mohosos, y fliparlo durante todo el camino, estamos a punto de escapar indemnes, pero claro, esto sería demasiado bonito, así que Jack nos esperaba en el garaje dispuesto a no morir, pese a estar en llamas e incluso vaciarle unos cuantos cargadores, y acabar con nuestra diversión, y vida, en tres, dos, uno, gafas fuera.

Todo lo bueno se acaba, pero sobra decir que salimos alucinando y más contentos que Umbrella después de desarrollar un nuevo virus mortal. El futuro de los videojuegos no es hacer juegos más grandes, bonitos y cinemáticos, el futuro espero que sea esto.

Cuando jugué la versión de realidad virtual del Duke Nukem 3D en una feria hace más de 20 años, la cosa estaba más verde que Yoshi, pero eso se ha acabado. Si a día de hoy ya han conseguido algo como este Biohazard: Walkthrough The Fear, no me quiero ni imaginar lo que nos puede esperar en próximos años. Así que, ve ahorrando para tener un salón bien grande, o reza para que saquen un chisme que te permita moverte, como el Activator de la Mega Drive, pero bien. Hasta entonces, y si visitas Japón, siempre puedes probar este o alguna de las otras opciones de las que hay en esos santuarios del vicio, sano, llamados recreativos.