Lo cierto es que para bien o para mal, Wolfenstein Youngblood no ha dejado a nadie indiferente. La singular propuesta de este título en el que se ha optado por la experiencia cooperativa alejándose de los estándares de la saga ha resultado ser un experimento interesante. Tal y como suele ocurrir con este tipo de propuestas, hay algunos elementos que han funcionado y otros que no.

Todos estos elementos los detallamos en su día en el análisis de Wolfenstein Youngblood y pudimos destacar que a pesar de los elementos fallidos que presenta, se trata de un título bastante entretenido. Esto último cobra una dimensión mucho mayor si disfrutamos del juego de forma cooperativa, especialmente ahora que se ha publicado un nuevo parche que lima las aristas de este último Wolfenstein.

Wolfenstein Youngblood

Precisamente, encarnar a las hijas Blazkowicz tiene su interés porque nos permite adentrarnos en la saga Wolfenstein desde un punto de vista totalmente nuevo. Si bien es cierto que la trama de esta entrega es un poco simple, nos permite alejarnos del tono sobrio y de pesadumbre que presenta la línea principal de estos juegos. A fin de cuentas, se supone que estamos viviendo esta historia a través de las hijas adolescentes del mayor héroe en la guerra contra los Nazis.

Estos aspectos no son casuales, y era el propio Jerk Gustafsson, productor ejecutivo de Machine Games, el que justificaba este tono más ligero en una entrevista concedida al portal Venturebeat. Gustafsson señalaba las dificultades que puede generar ser poco serio con un tema tan delicado como el de los Nazis. Una cuestión que está bien resuelta y que no llega a resultar frívola pese a que el humor esté presente en una saga como Wolfenstein. Tampoco fue algo improvisado la elección de las protagonistas, que se sitúan en ese punto de inflexión entre la niñez y la edad adulta. Un tema recurrente en cualquier tipo de obra, y que sin embargo, nunca deja de tener atractivo.

Así que todo tiene un tono despreocupado en el que nuestros tiroteos se resuelven con música pop alemana propia de los años 80 como si de un concierto de Nena se tratase. Bromas aparte, Wolfenstein Youngblood si que intenta explorar nuevos territorios para intentar hacer que la experiencia de este shooter se aleje de los cánones establecidos. El cooperativo es un acierto, y el diseño de niveles realizado por Arkane es notable e introduce ese toque de sigilo e infiltración tan característico de este estudio.

Por otro lado, el tener que usar distintas armas para acabar con mayor eficiencia con los enemigos que pueblan los escenarios también es un acierto. Una de las mayores críticas que ha recibido Wolfenstein Youngblood ha sido la ingente cantidad de vida que poseen los rivales, algo completamente cierto y que ya ha sido corregido, pero en muchas ocasiones su negativa a morir es que no estábamos utilizando el arma correcta. Harina de otro costal son los jefes, que sí resultaban desproporcionados incluso en las dificultades más asequibles, aunque como ya hemos señalado, Machine Games lo ha subsanado.

La introducción de niveles y de cierta progresión de nuestro avatar siempre es interesante. Cuando esto se ejecuta correctamente es realmente gratificante porque introduce elementos que nos permiten ver que el personaje avanza y se vuelve más poderoso. Quizá si las mejoras que podemos obtener en Wolfenstein Youngblood hubiesen tenido mayor impacto en la jugabilidad esta hubiese sido una faceta más interesante. Sin embargo, no ha sido así.

Entendemos que este tipo de mejoras en shooter deben ser relativamente discretas de cara a no trivializar el contenido y a que su estructura es lineal en la mayoría de los casos. Sin embargo, dado que desde Machine Games estaban «abriendo el melón» y buscaban nuevas experiencias, quizá hubiese sido el momento de ser más ambiciosos y quién sabe si acercarse un poco más al concepto de  RPG o de «looter shooter».

En definitiva, las hermanas Blazkowicz se pasan mucho tiempo recogiendo monedas y otros objetos para mejorar su arsenal, así que, de haber tenido más trascendencia sin duda hubiese sido más interesante. Aún así, es cierto que es una buena excusa para darnos una vuelta por el París ocupado por los Nazis y disfrutar de los entornos creados por Akarne Studios.

Obviando todas estas cuestiones, resulta interesante aproximarse a Wolfenstein Youngblood como un experimento de juventud. Una forma de explorar nuestras posibilidades y aprender de nuestros errores. Y es que estamos ante un título que es como la propia historia de las adolescentes que lo protagonizan. En ocasiones es descarado y despreocupado y en otras triste a la vez que trascendental, pero siempre emocionante e intenso.