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Este sea quizá uno de los análisis más complicados que he tenido que realizar por la cantidad de sensaciones contrapuestas que me ha generado Dragon Age: Inquisition. Creo que BioWare ha perdido el norte con esta saga y no ha sabido que hacer con ella, transformándola de un rpg de corte clásico a un sandbox, pasando entremedias por un Mass Effect medieval.

Todos estos cambios, unidos a las buenas sensaciones que nos dejó Dragon Age: Origins hacen que sea muy difícil juzgar esta nueva entrega, que ha desechado por el camino ser la tercera parte de la saga. Una decisión acertada bajo mi punto de vista y que sin duda ayuda a distanciarse del legado original sin suponer una ruptura directa. En cualquier caso, Dragon Age Inquisition tiene muchísimas virtudes, aunque también defectos.

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Apartado técnico

Puede que una de las mayores pegas que se le podía poner a la saga Dragon Age era su «discreto» apartado gráfico. Estas sensaciones se debieron apoderar de BioWare y decidieron que era el momento de callar algunas bocas creando el título más ambicioso de la saga. No es algo que fuese necesario ni muchísimo menos, pero ya sabemos que lo bonito y espectacular siempre tiene más tirón. Para lograr dicha hazaña, han utilizado el motor gráfico Frostbite 3, que ha proporcionado la vistosidad que pensaban que necesitaba Dragon Age.

Todo esto se traduce en un entorno gráfico muy detallado tanto en escenarios como en personajes. He de decir que el resultado ha sido muy bueno, y no cabe duda de que en este sentido, Dragon Age: Inquisition sobresale enteros sobre sus predecesores. Thedas nunca ha estado tan vivo, lo que crea una gran sensación de realismo, pero al mismo tiempo, de magia y fantasía. Recorrer este mundo es una gran experiencia visual que dejará a más de uno con la boca abierta.

Unido a esto Dragon Age: Inquisition presenta un mayor nivel en las animaciones de los personajes, así como en los combates. Una vez más, se ha impulsado la espectacularidad sobre el realismo, sobre todo en lo que se refiere a las luchas, pero tampoco debería sorprendernos a estas alturas. En cualquier caso, más allá de las coreografías que se marcan los personajes y nuestros enemigos, el resultado es muy vistoso.

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Resulta evidente que toda esta potencia tiene un precio: requisitos técnicos más elevados que hacen que las distintas versiones del juego para cada plataforma sean un mundo. Las mejores paradas son las versiones next gen y la de PC. Esta última es quizá la más exigente, aunque sea la que mejor resultados pueda ofrecer, a costa de tener unos requisitos muy elevados. Si se cumplen, el rendimiento es bastante bueno, aunque hay ocasiones en las que el juego no se comporta como se esperaría de él. Mención aparte merecen las secuencias de vídeo, que en ocasiones «petardean» sin ningún motivo aparente.

Por otro lado, Dragon Age: Inquisition a día de hoy, aun tiene presentes multitud de bugs que pueden entorpecer seriamente la experiencia de juego. Es cierto que se está trabajando en ello para darles solución, pero siguen existiendo. No lo justifica, pero es algo relativamente normal en títulos de estas características. Puede que os encontréis con ellos o puede que no, pero todavía acechan en las sombras.

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Jugabilidad

Quizá este sea uno de los elementos que ha quedado más inalterado respecto a otras entregas. El núcleo de la jugabilidad en Dragon Age: Inquisition sigue siendo el mismo, y se han recuperado algunos elementos clave como la posibilidad de personalizar a nuestro avatar y acompañantes. Algo que tras Dragon Age 2 muchos aficionados consideraban como algo irrenunciable.

Como señalo, podemos una vez más crear nuestro personaje decidiendo diversos aspectos del mismo como su raza o arquetipo. También podemos personalizarlo ampliamente, lo que nos permite crear avatares totalmente únicos. Esto es algo que no afecta a la jugabilidad directamente, pero sí resulta gratificante y sobre todo, nos da la libertad a los jugadores de hacer lo que nos dé la gana con nuestro personaje y no vernos obligados a jugar con el que la compañía ha decidido.

Más allá de estas cuestiones, el crear un universo sandbox da al jugador muchísimas posibilidades, que han sido desarrolladas con más o menos acierto en Dragon Age: Inquisition. Más no siempre es mejor, y aunque tenemos por delante un porrón de horas y de misiones, un gran porcentaje de ellas tienen como único objetivo cumplir con un cupo de horas. Son intrascendentes y no dicen gran cosa, aunque es cierto que cumplen con su función. Por otro lado, siguen existiendo gestas interesantes, aunque mucho más diluidas entre tanta maraña.

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Como señalaba al principio, Dragon Age Inquisition se ha convertido en un sandbox en el que la idea es hacernos explorar el mundo. Para ello tendremos que hacer misiones, pero también capturar posiciones, reclamar territorios y otras actividades que nos proporcionarán ventajas y otras formas de personalizar a nuestro personaje.

Por otro lado, se han desarrollado algunos aspectos que en las otras entregas había sido dejados de lado y ahora resultan más atractivos y útiles. El ejemplo más destacado es el de la fabricación de objetos, que nos incentiva a explorar y encontrar materias primas para elaborar no solo pociones, también armaduras y otros elementos que nos resultarán útiles en nuestra aventura.

El combate se ha vuelto más «arcade», a pesar de que podemos seguir definiendo los patrones de actuación de nuestros compañeros o recurrir a la pausa táctica en PC, aunque es evidente que la acción gana cada vez más protagonismo. Una muestra evidente de esto es que en PC tenemos que hacer clic cada vez que queramos asestar un golpe a nuestro enemigo.

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Por otro lado, se mantiene la rueda de diálogos, una tendencia asentada, pero que resta credibilidad y madurez al juego. Una lástima que BioWare no se haya decidido a recuperar el sistema original de diálogos de la saga.

Por otro lado, tenemos un modo multijugador similar al que hemos podido ver en Mass Effect, que ha sido ampliado de forma gratuita recientemente, y que de algún modo ayuda a que la experiencia de juego no decaiga y se prolongue en el tiempo. Hubiese estado bien poder realizar la campaña junto con nuestros amigos embarcándonos en un viaje épico todos juntos, pero no será en Dragon Age: Inquisition.

Respecto a la trama de Dragon Age: Inquisition, solo puedo decir que es una mera cuestión de gustos. Volvemos a la típica historia del salvador del mundo, con el trasfondo de la guerra entre templarios y magos que dejó abierta la segunda parte. A mi me ha resultado poco atractiva, pero también es cierto que dicho conflicto siempre me dejó frío y que no me ha gustado especialmente como se ha desarrollado en esta entrega.

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Apartado sonoro

Dragon Age: Inquisition cuenta con una buena banda sonora, con algunos piezas musicales de gran calidad y bastante memorables. No he encontrado ninguna que me recuerde o evoque los sentimientos que me causó en su momento la «Canción de Leliana», pero aún así se ha realizado un gran trabajo en este apartado, que complementa a la perfección la experiencia de los sentidos.

En cuanto a las voces, una vez más volvemos a tener una selección de voces en inglés muy bien escogidas. Cada una de ellas se adapta a la perfección a cada personaje, lo que crea un marco muy coherente y nos ayuda a meternos dentro del juego. Muchos podrán considerar que cuándo doblarán al español las voces de los juegos de BioWare, pero no tiene pinta de que algo así se realice en el corto plazo.

Conclusión

Dragon Age: Inquisition es un paso adelante en muchos aspectos. Es un título muy ambicioso y que ha evolucionado para adaptarse a los nuevos tiempos. Es cierto que en algunos aspectos es mucho más flojo, como en la importancia de las misiones y su trascendencia, pero en líneas generales es un título redondo, divertido y con infinidad de horas de aventuras que ofrecer.

Puntuación: 8

Dragon Age: Inquisition está disponible desde el 21 de noviembre de 2014 para PC (51,96 euros), PS4 (56,90 euros), Xbox One (56,90 euros), PS3 (68 euros) y Xbox 360 (56,90 euros).

Equipo de Pruebas