El año 2020 pasará a la historia como uno de los más atípicos y singulares debido a la epidemia causada por el Covid-19. El virus ha marcado las vidas de todas las personas del planeta en mayor o menor medida y ha introducido en nuestras rutinas el distanciamiento social y el confinamiento.
Dos conceptos que parecen traídos de otras épocas y que sin embargo han condicionado nuestras rutinas a lo largo de este año, al que le quedan pocos días para tocar a su fin. Durante este tiempo, los videojuegos han sido unos grandes aliados para aliviar la carga de la soledad impuesta junto a otros formatos de ocio reforzados por su faceta online.
A pesar de la excepcionalidad de 2020, la industria del videojuego ha seguido trabajando teniendo que adaptarse a un contexto de realidad cambiante y que ha obligado a implementar el teletrabajo y otras formas para sacar los proyectos adelante. Y de paso también ha servido de excusa perfecta para retrasar videojuegos sin temor a las airadas protestas de los aficionados.
Este año hemos encontrado algunos títulos realmente interesantes que sin duda destacan por encima de los demás. Como de costumbre, esta pequeña lista es totalmente subjetiva y se fundamenta en base a aquellos títulos que he podido probar y aquellos que creo que han tenido una influencia determinante, tanto positiva como negativa, durante el 2020.

Valve nos ha vuelto a demostrar que son capaces de hacer grandes videojuegos pero, sobre todo, que la realidad virtual puede ofrecer verdaderas experiencias jugables. Todo ello gracias a Half-Life: Alyx, un título realmente interesante que rescata la saga de Gordon Freeman del más absoluto ostracismo y que nos recuerda que Gabe Newell tiene una cuenta pendiente con todos los seguidores de la franquicia. Valve sabe hacer juegos, pero la compañía debería acordarse de ello más frecuentemente.
Hollow Knight Silk Song ha sido el gran ausente este año, por fortuna, Ori and the Will of the Wips ha estado presente en 2020 para hacernos más amenos este año a los aficionados a los “metroidvania”. En Moon Studios fueron muy inteligentes a la hora de tomar prestadas varias ideas del título de Team Cherry para crear un juego más complejo y desafiante que su predecesor. Todo ello imbuido de un estilo artístico sobrecogedor que nos ha transportado de nuevo a un mundo mágico.

Pese a que debutó en 2019, ha sido en 2020 cuando los usuarios de PC hemos podido disfrutar de Death Stranding. Una obra de autor firmada por Hideo Kojima que irónicamente trata sobre el aislamiento y la necesidad de conectar con los demás. Puede que sea una burla del destino o sencillamente una coincidencia pero que no nos ha podido llegar en “mejor” momento. Un singular viaje por Estados Unidos y que cuenta con una banda sonora excelente. Un videojuego único e incapaz de dejar indiferente a nadie.
En lo que se refiere a las decepciones, Cyberpunk 2077 tiene el dudoso mérito de encabezar esta lista. CD Projekt ha transmitido a sus usuarios la sensación de haberse visto sobrepasada por un proyecto titánico que se ha alimentado a lo largo de los años de expectativas desmedidas. Solo eso ya supondría una losa difícil de levantar, pero el pésimo port de consolas, los innumerables bugs y una IA deficiente han supuesto un descrédito absoluto para el estudio polaco. Si además le añadimos unas misiones secundarias insulsas tenemos ante nosotros la debacle del año.

Ha sido precisamente gracias a Cyberpunk 2077 que Warcraft III: Reforged no ha conquistado este año el título a la mayor decepción de 2020. Algo que sin duda se merecería por méritos propios ya que con este “remake” Blizzard ha hecho todo lo que estaba en su mano para que fracasase. Recortar contenidos prometidos, bugs e incluso suprimir el juego original. Todo ello llevó a la compañía californiana a ofrecer devoluciones del juego independientemente de las horas jugadas. Un desastre que, a día de hoy parece desapercibido, pero que los aficionados y seguidores de esta “nueva” Blizzard no deberían olvidar.
Cerramos este apartado con un título que ha dejado sensaciones agridulces. Me refiero a DOOM: Eternal. Si bien es cierto que el juego base es excepcional, hay algunos elementos del mismo que no han terminado de encajar bien, como el incremento artificial de su dificultad. Una tendencia que se ha visto acrecentada en su expansión The Ancient Gods que no ha sabido capitalizar lo bueno del juego base y que se ha centrado en ir a lo fácil, acentuando los aspectos más negativos.

Hay muchos juegos que podríamos nombrar en un apartado u otro, pero he preferido centrarme en unos pocos para no extenderme demasiado. El 2020 ha sido un año complejo en el que a pesar de todo hemos podido disfrutar de grandes videojuegos y que nos han ayudado a llevar con un poco más de alegría tiempos difíciles. Esperemos que 2021 ofrezca una cara más amable, pero, sobre todo, que podamos seguir disfrutando con seguridad y salud de esta afición.
