rapture

Si hay un protagonista absoluto en la saga Bioshock, ese es la ciudad en la que transcurre la acción. Hasta ahora, la subacuática Rapture había sido el emplazamiento de la saga, pero con Bioshock: Infinite, nos ha transportado hasta Columbia, una urbe que se eleva sobre los cielos. De la profundidad del mar hasta los cielos, en esta entrada analizaremos ambos emplazamientos, que guardan muchas diferencias, pero también similitudes.

Quizá el nexo de unión más importante de ambas sea que su construcción se debe a la visión y el empeño de un hombre, aunque con motivos totalmente diferentes. En el caso de Rapture, el artífice de dicha metrópolis era Andrew Ryan, el cual buscaba crear el entorno ideal para que el hombre pudiese desarrollar su talento sin ningún tipo de cortapisas. Por otro lado, Columbia pertenece, principalmente aunque no es su promotor real, a Comstock, cuyo empeño es el de crear una ciudad más cercana a Dios, alejada del pecado terrenal.

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Como podéis ver, son dos concepciones opuestas, Rapture es la exaltación del hombre mientras que Columbia es la exaltación de Dios. Evidentemente, a medida que uno profundiza en la saga Bioshock, comprende que la esencia de ambas ciudades no es tan diferente, pero el concepto inicial sí. De hecho, este es uno de los principales atractivos que ofrece Bioshock: Infinite, el contemplar un nuevo lugar, tan distinto y con casi tanta personalidad como Rapture.

Además, otro punto interesante de estas dos ciudades casi gemelas es el momento en el cual las visitamos. Rapture está en plena decadencia y prácticamente en ruinas, pero a pesar de todo, muestra su peculiar belleza y es posible atisbar como fue antes de que el sueño de Andrew Ryan fracasase. El trabajo realizado por Irrational Games y Ken Levine fue majestuoso, y es impresionante observar los edificios y escenarios recargados con esa estética “art deco” tan característica. Una corriente estética muy bien utilizada para potenciar el aire de grandeza decadente de Rapture.

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Por otro lado, Columbia se muestra en pleno apogeo y podemos comprobar desde el primer momento la magnitud y la grandeza de la ciudad. Su estilo arquitectónico es mucho más clásico, y recuerda poderosamente al estilo colonial estadounidense, mezclado con elementos de los años 20. Todo ello sazonado con toques de religiosidad, patriotismo exaltado y xenofobia, lo que crea un entorno único y realmente singular.

Aunque si hay algo que ambas ciudades comparten, es la sutil mezcla de tecnología y magia que las hace posibles. Algo cercano al Steampunk, pero evidentemente con muchas diferencias. Este es otro de los pilares básicos de Rapture y Columbia, y otro de los motivos que hacen de dichas urbes algo único. Ambas representan utopías, cuyo nexo común es el esfuerzo del ser humano por llevarlas a cabo, gracias a la ciencia.

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Que nadie se desanime porque Bioshock Infinite no se desarrolle en Rapture. La trama de esta nueva entrega necesitaba un nuevo emplazamiento, pues sin Columbia no hubiese sido posible disfrutar de esta nueva aventura. Evidentemente, las comparaciones son odiosas y la grandeza de Rapture es difícil de superar, pero la ciudad voladora de Columbia es otro mundo que también merece la pena disfrutar.